La Casa de Campo de Madrid contiene elementos naturales y arquitectónicos únicos. Un conjunto patrimonial y cultural lleno de rarezas insólitas y excepcionales como el Puente de la Culebra y la actividad que sobre él ejercían los pastores de la Mesta.
Si hay un elemento arquitectónico que no solo irradia belleza, sino que propone recordar una actividad importante ya olvidada que se clasificaría como un bien inmaterial de la humanidad.
Ese es:
El Puente de la Culebra un puente de conteo
¿Qué eran los puentes de conteo?
Eran puentes situados en las vías pecuarias (cañadas, cordeles y veredas) para cruzar, arroyos y ríos. Tenían una forma arquitectónica determinada, ser estrechos, para la función de contar el ganado trashumante que debía de cruzar en fila y poder ser contado fácilmente.

El Puente de la Culebra
Después de la incorporación a la Casa de Campo del terreno que ocupaba el Puente de la Culebra. Su actividad cesó y así el puente perdió la función que había desempeñado desde la Edad Media. Esto hizo que pocos años después se perdiera en la memoria su antiguo uso.
El puente se convirtió en un referente para que la imaginación le pusiera; autor y usos que no le correspondían.
Por eso ahora, en este año 2026, después de un interesante ensayo con alumnos de 6° curso de Educación Primaria del Colegio Público Bolivia de Madrid. He decidido contaros la experiencia.
Los escolares pronto aprendieron las artes del conteo, pues ni falta hacía saber de matemáticas, se utilizaban piedras, para contar las ovejas, «cálculo» del latín calculus, que significa «piedrecita» o «guijarro».



Voy no obstante, antes de contaros como fue la actividad, a introduciros en la estricta jerarquía que gobernaba el cuidado del rebaño durante los largos meses de viaje del ganado:
El mayoral era el jefe del grupo. Dirigía la ruta, tomaba las decisiones sobre el pastoreo, gestionaba el presupuesto y supervisaba el trabajo del resto de los pastores.
El rabadán era el segundo al mando. Sustituía al mayoral y se encargaba de organizar el trabajo diario de los zagales. También había pastores encargados de guiar tramos específicos del rebaño.
Los zagales eran los pastores más jóvenes o aprendices. Se encargaban de las tareas más duras, como recoger leña, montar los corrales móviles y vigilar.
Sin olvidar a los perros; como los mastines que protegían al ganado de los lobos y otros de razas más ágiles y rápidos que guiaban a las ovejas.
EL CONTEO
Este comenzaba en un lado del puente, en este caso el camino que viene de Madrid, en su embocadura, allí donde unas paredes de ladrillo llamadas aletas hacen de primer embudo para que las reses no se dispersen o caigan al agua.

Una vez reunidas por el rabadán, este las hacía pasar en pequeños grupos por el puente de conteo de manera que los dos zagales, normalmente niños, colocados en las primeras curvas del puente, uno frente a otro, pudieran estrechar el paso y hacer caminar a las ovejas de una en una, a un ritmo para que pudieran contarse.

Entonces venía la operación más importante, la de contar las reses, pues todas debían de pagar por el portazgo. Para esto estaban los dos últimos zagales, que trabajaban para los dueños del pasto. Estos valiéndose de piedras pequeñas, cálculos, calculaban el número de ovejas que cruzaban. Es lógico que el mayoral o el rabadán que trae el rebaño ya supieran las ovejas que iban a cruzar, pero los dueños del prado no se fiaban, sino de sus contadores.

De un talego los zagales iban sacando piedrecitas que echaban en una lata, así sin dejar de mirar al ganado, oían el sonido que las piedras producían en la chapa metálica de la lata.
Parece una tarea fácil, quizá por eso se le daba a los pequeños zagales, que en muchos casos eran hijos de los pastores que cuidaban de los pastos de Guadaña y que a la vez tenían su propio rebaño que cuidar.
Una vez terminado el conteo, las piedras de ambos zagales tenían que coincidir y si esto no sucedía se aplicaba el menor número, siempre que el rabadán encargado del rebaño no terciara por una u otra cantidad que solo él conocía. De no haber acuerdo el asunto se redimía en otro escalafón.
Una vez contadas las cabezas el mayoral pagaba el portazgo y se dirigía al prado que le habían asignado. Aquí no hay discursión, los zagales que van con el pastor se proveían de unas guadañas que le suministraban los zagales de prado y juntos si el pastor y el rabadán convenían en ello, iban a cortar el pasto para alimentar el ganado. Lógicamente la cantidad estaba estipulada por unas marcas, hechas con piedras, que limitaban el tamaño de prado a cortar según el número de ovejas contadas.
LA JORNADA CONTINÚA
Después de la experiencia, profesores y alumnado fuimos a ver más cosas únicas:


Las Rejas, un ingenioso recurso que sólo podemos ver en la Casa de Campo

Cruzar un portillo auténtico, como la Portillera del Batán. En Madrid había 14 portillos para entrar en la ciudad pero en 1868 ya habían desaparecido todos.

Ver una Cacera y su importancia en otros tiempos.

Aunque en ruinas. Ver lo que es un horno y la relación con la retama.

Luego jugamos a ser zahories.
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