Un Batán para la Casa de Campo

PROYECTO DE RECUPERACIÓN
DE UN BATÁN EN LA CASA DE CAMPO DE MADRID
Según modelo de los “veintiún libros de los ingenios y máquinas”.

Batán horizontal de un mazo en el Arroyo de los Meaques, maqueta diseñada por Rafael Pulido Fernández

La propuesta de recuperar un batán en la Casa de Campo no es una idea descabellada, viene respaldada por el hecho de que en la antigüedad, antes de que estos terrenos que hoy ocupa la Casa de Campo, en el Arroyo de los Meaques hubo varios molinos harineros y batanes (ver al final documentos que los prueban).

La existencia de estos ingenios hidráulicos en la Casa de Campo, que tanta importancia tuvieron en su época, nos indican una actividad desconocida en el Madrid actual, ya que, a diferencia de otras partes de España, en Madrid los batanes desaparecieron antes que en otras zonas.

Estos batanes estaban unidos a otra actividad que en la Casa de Campo fue muy importante, la trashumancia. La lana producida por la cabaña ovina que recorría España por cañadas, veredas y cordeles producía telas y mantas que se llevaban a los batanes para darles un mejor acabado.

Es de gran interés que en uno de los pocos arroyos que aún conservan caudal en Madrid, el Arroyo de los Meaques, se escenifique esta actividad artesanal tan peculiar como fue el bataneo de paños, pieles y gamuzas.

Actividad que se desarrollaba en el batán, nombre por el que se conoce uno de los lugares más emblemáticos de Madrid: El Batán. Cuyo nombre lo tomó del topónimo que recibía esta zona por encontrarse en ella los batanes más importantes de Madrid (ver plano de Tomás López de Vargas Machuca 1773).

Algunas Citas históricas de los batanes de la Casa de Campo

La primera cita, a tener en cuenta, es la de esta escritura de junio 1565, cuatro años después de comprar la Casa de Campo Felipe II:

«Una huerta que linda con el batán que dicen del vadillo y un pedazo de tierra que dicen de Alameda que linda con la dicha huerta y otra tierra que alinda con el camino de Pozuelo...» Archivo General de Palacio, Registro de Células Reales, tomo III. pág. 207. 2 de junio de 1565. Reinado de Felipe II.

De 1575 tenemos este proyecto de tres molinos nuevos que se proyectan hacer también en el arroyo del Vadillo en el trecho que va del canal en donde está el molino viejo encima de los estanques de la Casa de Campo hasta la presa de dicho molino por Francisco de Contreras.

Rasguño de los tres molinos nuevos que se proyectan hacer en el arroyo del Vadillo en el trecho que va del canal en donde está el molino viejo encima de los estanques de la Casa de Campo hasta la presa de dicho molino por Francisco de Contreras. Año 1575.

Una vez que leemos el proyecto, se trata de un molino harinero, por eso la primera cita de 1565 nos parece más interesante ya que se nombra un batán y el lugar donde estaba: el Arroyo del Vadillo, arroyo que no es otro que el de los Meaques que en tiempos de Felipe II y dentro de la Casa de Campo se le llamaba del Vadillo, como se llamaba el lugar por donde transcurría el arroyo.

Hay que decir que la parte del Arroyo de los Meaques que correspondía con el del Vadillo desapareció en 1582, cuando Felipe II da las órdenes de desviar el arroyo del Vadillo para que sus aguas no desemboquen directamente a los Lagos, ya que ensuciaban sus aguas con los detritus que arrastraba.  Esta desviación se produce a la altura del Puente de Cachadizas o Agachadiza, y el nuevo curso se hace paralelo al Paseo de los Castaños y al sur de los lagos.

En noviembre de 1616 se compran unos terrenos en el término de Carabanchel de Abajo ya llamado El Batán, para montar allí la Real Fábrica de Ante y Gamuzas.

Otro documento fechado el 15 de diciembre de 1669, descubrimos el interés de la corona por los batanes de la Casa de Campo. Leemos:

“para efecto de hacerse la Real Fábrica de Antes y Gamuzas es sitio que llaman de El Batán”. 

Recuperar un batán

Batán o molino de trapos de los Veintiún Libros de los Ingenios y Máquinas.


La idea de recuperar un batán en la Casa de Campo serviría para rendir un homenaje a Pedro Juan de Lastanosa y a Juanelo Turriano, ya que por época y relación con Felipe II, los batanes de la Casa de Campo debieron ser parecidos a los diseños que ilustran los “Veintiún libros de los ingenios y máquinas” Libro cuyo autor es Pedro Juan de Lastanosa.

La zona donde podría instalarse (ver mapa) sería muy próxima a la que tuvo en origen el primer batán y además contaría con la presa ya construida que le proporcionaría la cantidad y presión suficiente de agua.

Presentación del batán 2016

CONTACTO CON LA FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO

Estimado amigo,
Tras leer el informe que nos remitió, le comunicamos que la Fundación Juanelo Turriano estaría dispuesta a avalar científicamente el proyecto de recuperación de un batán en la Casa de Campo de Madrid. Del mismo modo, transmitirle nuestra felicitación por tan interesante iniciativa y nuestro contacto y el interés por la misma de la Asociación para la Conservación y Estudio de los Molinos (ACEM), con amplia experiencia en la difusión y puesta en marcha de proyectos relacionados con la ingeniería hidráulica de la Edad Moderna.
Atentamente:
Esther Carmona Ayuso
FUNDACIÓN JUANELO TURRIANO
C/ Zurbano, 41 · 28010 Madrid (Spain)
Tel.: (+34) 91 531 30 05 · Fax: (+34) 91 531 30 03
fundacion@juaneloturriano.com · www.juaneloturriano.com

Para asesorarme, tube una mala idea, me fui a un batán particular que aún funciona por el norte y allí Domingo me recibió de mala gana, la cosas sucedieron más o menos así: El batán sacude al impulso del agua un mazo. El ruido lo amortigua una pieza engrasada de piel.
Sin apagarse el golpeo anterior, como si de un eco se tratara, otro mazazo.
Así uno de tras de otro, con la precisión de las estaciones.
Domingo el “arriero” abatana una piel de cabra, para que aprenda.
La luz escasa de la atardecida no es motivo para detener este repetir constante. Aunque no me deja hacer nítidas fotografías.
Los mazos oscilan. Las paletas se hunden en un extremo empujadas por el fluir desde lo alto del agua. 
La vida no para.

Dice que uno de Madrid no puede saber lo que es un batán, que se lleva en la tradición venida del pasado.
Domingo cree eso y está equivocado.
Le digo que vengo de un lugar que desde antiguo se llama El Batán.
¿En Madrid?
Exclama extrañado.
¡Sí!
Lleva algo de razón. Es difícil entenderse y entenderme, mientras al fondo el batán sigue traqueteando con su zarpazo la piel. Él habla con el ritmo de los mazos, es su costumbre.
Una cacera o canalillo rebaja con su frescor las sensaciones.
El viejo es un sensato artesano, un constructor que conoce su oficio:
¡los hombres de hoy son unos ignorantes! 

¿Y dices que quieres construir un batán en Madrid? 
¡Sí!
Realmente, este hombre tiene una mala impresión y muchos prejuicios de los que vienen en busca de sus conocimientos.

Las técnicas las llevan en su cerebro y tienen mucha dificultad para explicarla.
Cómo decirle… que existe muy poca diferencia entre él y yo, aunque él parezca de la edad de piedra, la estrecha separación interior no se percibe, me gustaría ser él por un instante para justificarle.
Miro atento todo lo que se mueve, tengo que recordar con la mayor precisión posible cada pieza del batán.
Estoy aturdido. Perdido…
Domingo tienen poca paciencia. Le he contradicho en un pequeño detalle. 

Y… casi a empujones me pone de patitas en la vereda que lleva al pueblo.
«Mal halla en corazón noble que de los malos se fía…»
Tendré que buscar un maestro zen con más paciencia.