La Casa de Campo ¿Cazadero Real?

Alfonso XIII el rey que cazaba en la Casa de Campo

Al principio, la caza y los buenos cazadores eran los que aseguraban la supervivencia del grupo, por lo que ostentaban la máxima consideración y respeto dentro del clan.

Y aún cuando los reyes tenía el sustento asegurado y no necesitaban de la caza para sobrevivir, esta siguió siendo una actividad de prestigio que la mayoría de los reyes españoles y algunos aristócratas practicaban y a la que se le añadió un concepto nuevo, se la consideró como un ejercicio o entrenamiento para la supervivencia como si se tratara de una batalla.

El gran esfuerzo y peligro que suponía la igualaba a un adiestramiento militar. Alfonso X el Sabio en el libro de Las Partidas dice que:

«la Caza es el arte e sabiduría de guerrear e de vencer, de lo que deben los reyes ser mucho sabedores».

Psicológicamente servía también de liberación a las florituras que le exigía el protocolo a la realeza, pudiendo así mostrar el instinto primitivo y salvaje del ser humano. En algunos casos servía de terapia a las depresiones que padecían ciertos reyes.

“El Rey puede reservar para sí y para su salud y recreación y divertir el ánimo cansado con la fatiga de los cuidados públicos, sin pedir consentimiento del pueblo, algún número de montes, bosques y sitios amenos para cazar él solo en ellos, vedando su uso y entrada a los demás.” (Pedro Salazar de Mendoza)

LA CASA DE CAMPO ¿Fue en realidad un CAZADERO REAL?

Por mucho que hemos investigado en el Archivo General de Palacio las célebres JORNADAS de caza reales que están recogidas en los archivos, no reflejan que se celebraran alguna vez en la Casa de Campo. Es natural ya que estas Jornadas se dedicaban a la caza mayor y en la Casa de Campo solo habitaba caza menor.

VIAJEMOS A LOS ORIGENES DE ESTE TERRITORIO

Si nuestra capacidad de suponer la trasladamos a la época del paleolítico inferior, Guillermo Muñoz Goyanes nos habla sobre la existencia de cazadores cercanos a la Villa de Madrid, ocupando terrenos que hoy pertenecen a la Casa de Campo, estos cazadores solían aposentarse en las orillas de ríos y lagos. Sus instrumentos de caza eran hondas, hachas de sílex talladas toscamente y venablos de hueso, un arma arrojadiza que se utilizaba a modo de dardo o de pequeña lanza. Alguno de estos objetos, han sido descubiertos en yacimientos del paleolítico en la Casa de Campo.

Pero si queremos acercarnos más en el tiempo podemos saltar hasta la Edad Media donde nace realmente la caza como la entendemos ahora, no de supervivencia. Fueron los monarcas del medievo, al igual que la alta nobleza, grandes aficionados a la caza.

Una montería, podía ser una perfecta iniciación a la batalla, para aquellos jóvenes, que estaban en etapa de adiestramiento, al igual que un entrenamiento para los más veteranos.

Datos concretos sobre la caza en la Casa de Campo, durante la Edad Media, no tenemos ninguno, sin embargo, sí hay continuas referencias al ejercicio de la caza en los alrededores de la Villa de Madrid donde tenemos la certeza, que están incluidos estos territorios.

Según Miguel Morán Turina, los monarcas medievales, desde fechas muy tempranas, sintieron una especial predilección por los alrededores de Madrid y Segovia, las dos vertientes de la Sierra de Guadarrama, donde ya abundaban los osos, que constituían la pieza de caza mayor más apreciada.

Durante todas las épocas del año, en los bosques que rodeaban Madrid, era fácil encontrar otras especies de caza mayor, como jabalíes y venados.

Según Gregorio de Andrés, en su interpretación del Libro de la Montería de Alfonso XI, y más concretamente en la del capítulo V de dicha obra.

De los montes de tierra de Maydrit et del Al-Hamin, nos habla de la descripción que el Montero Mayor del monarca hace de cinco monterías, en cinco Dehesas del Alfoz o territorio jurisdiccional de Madrid, en donde se criaba el jabalí, no así el oso, que era abundante, pero en las zonas de la sierra del norte y poniente de Madrid.

Veamos a continuación, la descripción del lance que más interesa al espacio que ocupa la Casa de Campo.

«La dehesilla, que es entre Alcobiella et del río de Beacos es buen monte de puercos en tiempos de uvas. Et no ha vocería, salvo algunos homes, quel fablen de allende del río en derecho de los molinos, et otros, en las cabezas que son entre estas dehesa et fuente Corral. Et son las armadas en el arroyo de Beacos«.

Traducción:

«No hay vocería. Basta con que algunos hombres hablen alto al otro lado del Manzanares, y otros monteros, hagan lo mismo en las cabezas o colinas que se alzan, entre esta dehesa y Fuencarral, a fin de encaminarlos hacia el Arroyo Beacos, donde estaban emplazadas las armadas».

Elegimos este pasaje del libro de la Montería de Alfonso XI, por creer que en parte, puede estar describiendo la zona de la actual Casa de Campo, en primer lugar, el Arroyo Beacos, citado en el texto, corresponde al topónimo antiguo que algunos le daban al actual Arroyo de los Meaques, aunque Gregorio de Andrés no identifica dicho topónimo de la misma forma.

Sin embargo, este autor, en la interpretación de dicho lance, sitúa la dehesilla en la zona norte y poniente de Madrid, a unos 10 km. de la Puerta del Sol.

Carlos Duart Gaitero, en su estudio sobre «La Villa de Madrid en época de los primeros Trastámaras» (1366-1406) nos remite a las Ordenanzas que el Concejo redacta en marzo de 1380, donde en varios epígrafes, se refieren a la caza, actividad señalada en el apartado dedicado a los oficios desempeñados por habitantes de la Villa, preferentemente, nos habla de la caza con perros, con hurón y con redes.

Avanzamos, hasta el reinado de los Reyes Católicos, monarcas, que promulgaron unas disposiciones, referida a la Villa de Madrid. Se trata de un documento expedido en Sevilla el 9 de mayo de 1490. transcribimos un pequeño extracto del mismo.

«…E por cuanto nuestra merced e voluntad, no fué, ni es, que la caza de la dicha villa de Madrid e su tierra se haya de guardar, e guarde, salvo dos leguas alrededor de la dicha villa de Madrid, fasta el Real de Manzanares…»

Llegamos así, al momento en que la Casa de Campo, adquirida por Felipe II, pasa a formar parte de los Reales Sitios pertenecientes a la Corona, y por lo tanto, también se convierte de oficio en Cazadero Real. 

Fernando Cos y Gayón, nos define los Cazaderos Reales, de la siguiente forma.

«Alrededor del Sitio Real, había una zona en que los monarcas, habían reservado para sí, la caza y la pesca…».

Decir que en la Casa de Campo había caza y pesca, viene a significar que en ella había animales y peces, no que se cazara o pescara expresamente. Lo comprobamos al leer el Reglamentos y Ordenanzas de Régimen Interior “sobre la guarda de la Casa de Campo y estanques” de fecha en Madrid, a 15 de mayo de 1567 donde la Casa de Campo está presente solo en algunos apartados:

«Por cuanto nos tenemos para nuestra recreación y servicio la Casa del Campo y otros jardines y huertas, Bosque de Sagra, y tierras y heredamientos que habernos comprado cerca de esta villa de Madrid, en contorno de nuestra Casa Real, y para conservación de ello, y de lo que está plantado, hecho y edificado, y se plante, y edifique de aquí adelante conviene que se provea y de orden para que sea guardado y que los que en ello excediesen sean castigados conforme a justicia. Por ende, ordenamos y mandamos que en lo que toca a caza y pesca y corta de árboles…»

Esta es la única referencia a la caza y pesca en la Casa de Campo y donde más se incide es en los castigos por robo o desvío de agua “que ninguna persona quite el agua que va al dicho heredamiento”.

Aunque Felipe II compró la Casa de Campo para Jardín de Palacio, el “amojonamiento” que comprendía un radio de terreno (de ciertas leguas variables normalmente cinco) alrededor, le confería autoridad para cazar fuera de la zanja de la Real Casa del Campo. Esto no indica que hiciera uso de esta prerrogativa ni que sepamos cazara en la Casa de Campo. Ya que su empeño iba en dirección contraria.

Todos los reglamentos hablan más de prohibir la caza que de cazar y siempre se habla de caza menor, es decir: perdices, conejos, liebres, faisanes, patos etc.

Como ya dijimos, podemos asegurar que en la Casa de Campo ningún monarca organizó unas “Jornadas”, jornadas cinegéticas que están recogidas en el Archivo General de Palacio, frente a lugares como El Pardo, Valsaín o Aranjuez, donde eran habitual.

Todo intento de enmarcar la Casa de Campo de los Austrias como cazadero, choca con la realidad de los documentos y la realidad del espacio, la Casa de Campo era muy pequeña y en su mayoría estaba dedicada a Jardín Real del Alcázar. La confusión de algunos autores viene dada por la incorporación, documental, por parte de Felipe II de la finca a El Pardo, con la intención de que estuviera sometida a las mismas leyes que regían en este lugar. También incorporó a El Pardo: El Bosque de Sagra, el Buen Retiro, y otros lugares que nada tenían que ver con la caza.

Esto no quiere decir que no se cazara dentro y en sus inmediaciones, tenemos testimonios de caza de los monarcas.

¿Qué animales se cazaban en la Casa de Campo?

Para saberlo lo mejor es consultar las Relaciones Topográficas de Felipe II en donde los vecinos de los pueblos cercanos a la Casa de Campo cuentan la caza que hay en ese lugar, “caza menor (liebres, conejos y perdices) y caza mayor (venados, gamos, corzos y jabalíes); también hay lobos y zorras; palomas, grajas”.

De ese trabajo se desprende que sólo Aravaca tenía caza que pudiéramos decir “mayor” incluyendo lobos, puntualizando sus habitantes que se trataba de caza salida de El Pardo. En Pozuelo, Húmera, Somosaguas y Carabanchel sólo se habla de liebre, perdices etc.

En las “Instrucciones para el gobierno de la Casa de Campo” Dadas el 1 de abril del año 1597 se dice: “quienes hallaren alguna caza mayor o menor, cisne o pescado muerta o heridas dará luego razón de ello al dicho alcaide o teniente para que se vea y procure saber quién lo mató o de que murió y de la dicha caza o pesca se haga lo que está ordenado y no se ha de dar a la persona que la hubiere hallado muerta o herida”.

Felipe IV

De la época de Felipe II no tenemos ninguna referencia a que el monarca cazara alguna vez en la Casa de Campo, nos tenemos que ir al «Diario de Cassiano dal Pozzo” de 1625 para hablar de caza en ella y dice:

“Era domingo, y por la mañana, en traje corto campestre, salió el Cardenal con el Conde en carroza para la Casa de Campo, donde a poco de llegar se encontraron al Rey, que estaba cazando conejos”. y continua: “Desmontaron para saludarle y emprendieron la marcha con él, yendo delante el Conde-Duque, el Cardenal al lado del Rey y detrás Panfili. Junto al Monarca iban dos criados, uno con un arcabuz cargado y otro con una ballesta de flecha mocha. Según iban andando y sin detenerse, el Rey tiró cinco veces, tres con la ballesta y dos con el arcabuz, acertando siempre”. Y añaden: “Vieron correr gamos y ciervos”.

En 1610 en las disposiciones interiores de la Casa de Campo se dice: Que nadie pueda cazar con arcabuz ni ballesta en el heredamiento de la Casa de Campo ni en su contorno.

Con la llegada de los Borbones en 1700 en principio todo siguió igual en cuanto a la utilización de la Casa de Campo, hasta que se produce la abdicación y posterior retorno de Felipe V en 1724.  Antes de morir el Rey Luis I regala la Casa de Campo a su hermano Fernando. El entonces infante se convertiría en el Príncipe de Asturias y él sí va a cambiar el uso de la Casa de Campo al convertirla en un Bosque Real en 1746, aunque el decreto lo firme Felipe V, la iniciativa corresponde a su hijo. En esos momentos se pretende que la caza se convierte en el principal destino de los nuevos terrenos adquiridos para el agrande de la Casa de Campo, aunque se conservan tierras con uso agrícola y jardines.

Si con Felipe II se perseguía que la caza no entrara en la Casa de Campo para que no perjudicara a campos y jardines, con Fernando VI lo que se pretende es que la caza no salga de la finca ya que la mayoría de las piezas son introducidas.

Antonio Ponz Piquer en su viaje de España en 1772 dice de la Casa de Campo:

«con jardín y arboledas amenísimas, aunque no muy grandes, y un bosque para caza menor de cosa de dos leguas (casi diez kilómetros cuadrados) en circunferencia, que con el tiempo será excelente y de mucho ornato a aquella parte de Madrid si se continúan los plantíos que se han empezado a hacer».

Carlos III

Dicen que Carlos III no pasaba ningún día sin cazar, porque para él era un día perdido, caza que debió de producirse en El Pardo, ya que según los documentos el Rey apenas estuvo en la Casa de Campo y nunca, que se sepa, para cazar.

Sin embargo en este tiempo se amplía la zona reservada de caza al Rey en una ancha franja alrededor de la Casa de Campo, a la vez que se amplían ciertas labores agrícolas.

Carlos IV

Carlos IV también disfrutaba de la caza y es posible que alguna vez cazara en la finca, pero la llegada de José I y los acontecimientos posteriores donde Fernando VII se siente inseguro en la Casa de Campo así como la posterior regencia de María Cristina de Borbón y el gusto de esta por la explotaciones agrícolas hacen que posteriormente su hija Isabel II, Amadeo de Saboya y Alfonso XII utilicen ocasionalmente la Casa de Campo como cazadero.

Alfonso XII

Durante el corto reinado de José I hay referencias a aspectos de caza como; Guardas de Caza, puestos de Caza. En las “Atribuciones de los jefes de la Casa de Campo” se dice:

Artículo 4º.- Estando destinado a la caza el Parque de la Casa del Campo, permanecerá en adelante a las atribuciones del primer Montero”

Pero es con la llegada de Alfonso XIII cuando se establece la tradición de cazar como un agasajo a los aristócratas y altos dignatarios que venían a Madrid. La caza que en ese momento se podía cobrar era menor y por las anotaciones que tenemos de esas cacerías sabemos que se cazaba: Faisanes, perdices, conejos, liebres, chochas y en el concepto de varios; podía entrar cualquier ave que estuviera en el lugar.

Tarjeta de capturas
Alfonso XIII y sus cacerías

Nos cuenta Alejandro Peris Barrio:

La Casa de Campo madrileña: el cazadero cercano.

Acompañaban al rey en el puesto de caza dos hábiles cargadores que le facilitaban las armas y le permitían disparar a gran velocidad. Desde que empezó a cazar con 14 años y durante mucho tiempo, le acompañó en todas las cacerías en España y en el extranjero su fiel escopetero Manolito Martín.

Alfonso XIII

Hubo años en los que Alfonso XIII llegó a abatir miles de piezas. En la temporada 1908-1909, por ejemplo, cazó cerca de 8.000, entre ellas 1.398 conejos, 1.540 liebres y 749 faisanes. En esa temporada la familia real gastó 54.600 cartuchos. En la de 1909-1910 fueron 63.750.

Muchas de las piezas de caza menor fueron conseguidas por Alfonso XIII en la Casa de Campo donde eran muy abundantes, sobre todo los conejos. En 1909 se cazaron en ese lugar no solo por el rey, sino por otros miembros de su familia, personas con licencia, etc. más de 56.000 conejos y como causaban tantos destrozos se decidió sustituirlos por perdices y faisanes.

Cuando decidía el rey practicar la actividad cinegética en la Casa de Campo salía de palacio con uno de los 15 coches que destinaba a esa diversión, por el Campo del Moro seguido de sus invitados y a los diez minutos ya estaban dando el primer ojeo de la cacería que habían organizado sus monteros mayores, el marqués de Viana, durante mucho tiempo, y el conde de Maceda en los últimos años.

Cuando se cazaba durante todo el día en la Casa de Campo, el rey y sus invitados, entre ellos y con bastante frecuencia el príncipe Rainiero de Mónaco, almorzaban en una tienda de campaña que se tenía con esa finalidad o bien en la Casa de Vacas, donde había un comedor.

Casa de Vacas
Plano que se entregaba a los cazadores año 1909

Según Ortiz de Pinedo, la caza en la Casa de Campo, ha sido siempre un poderoso elemento de distracción en aquel criadero de primer orden, siempre más cuidado y atendido que El Monte del Pardo. Este autor, refiere además, que fue precisamente en la Casa de Campo, donde se probó por primera vez en España, el método de caza de perdiz, mediante el artificio de los reclamos enjaulados. Se basa, en pruebas documentales, procedentes del Archivo del Palacio Real, que datan de 1625, las cuales refieren, que fueron dos griegos los que la ponen en práctica en los bosques de la Casa de Campo. Rompe así, con el mítico origen ancestral de dicha práctica en nuestro país.

Disposiciones referidas a la caza en la Casa de Campo.

Fernando VI, va a encargarse de la repoblación de caza menor en el Real Sitio de la Casa de Campo, más concretamente, liebres y perdices. Estas se remitían desde distintos pueblos y cotos del reino.

Carlos IV, también insiste en seguir esta política de repoblación, refiriéndose en este caso a las perdices en el año 1790. Bajo este reinado, también será común la caza de conejo con hurón.

Isabel II, dicta también varias disposiciones, con las que procura la protección de la caza en los Reales Sitios, incluida la Casa de Campo. Abunda en este tiempo, la caza menor, sobre todo, las especies de conejos, liebres y perdices. Así por ejemplo, por Real Orden, manda que se ejecuten en la Casa de Campo 150 bocas para los conejos.

A pesar de ello, hay momentos en que dicha soberana, toma medidas extremas, como es el caso de la orden de 1836, del descaste de conejos, aconsejado por su tutor Agustín Argüelles, para salvaguardar así los cultivos que pone en funcionamiento en este Real Sitio.

Así en 1849, se subasta una entresaca de 15.000 conejos de la Casa de Campo, y en 1852 vuelve a realizarse un nuevo descaste.

Por otro lado, llega a restringir la caza completamente, en determinados momentos. Ya en 1833, una Real Orden sólo permite tirar en las cacerías de la Casa de Campo, a sus Altezas Reales, e incluso, por otra de 1835, concede permiso a los Infantes D. Francisco de Paula y Luisa Carlota, para cazar en la Casa de Campo, sólo hasta marzo de 1836, y señalándoles sitio.

En 1859, agosto, prohíbe la caza en la Casa de Campo, hasta el 20 de septiembre, para evitar incendios.

Amadeo de Saboya, también se ocupará de la repoblación, y cuidado de la caza menor de esta Real Posesión. Así, en 1871, se intenta evitar la destrucción de los nidos de las perdices, y así mismo, dispone zonas de siembra de trigo, para alimentar a dicha especie.

Alfonso XII. Durante su reinado, en el año 1878, se produce una completa extinción y descaste de conejos, en este mismo año, el monarca adquiere codornices vivas, para soltarlas en la Casa de Campo. Vuelve a repetir esta operación en el año 1881.

En 1881, vuelve a disponer este monarca, el descaste de conejos, en el terreno comprendido entre el Arroyo de Antequina y el de Medianil, en este caso, para favorecer la reproducción de liebres. En esta época se habla de las liebres como verdadera especialidad, sobre todo en el Cuartel de la Puerta del Angel.

En cuanto a la caza mayor, Alfonso XII, no deja de incentivarla, con la suelta en 1880 de jabalinas, criadas en cautividad, regulando su adaptación a la vida silvestre.

Fue también Alfonso XII, el creador en La Casa de Campo, de un tiro de pichón, constituyendo además una sociedad, entre la aristocracia, que concursaba frecuentemente en el mismo.

El último monarca que disfrutará esta Real Posesión, Alfonso XIII, será uno de los más grandes cazadores de su dinastía. Aunque este monarca practica tanto la caza mayor como la menor, será esta última, su auténtica pasión.

Y no fue hasta la mayoría de edad de este monarca, cuando se abrirá la Casa de Campo como cazadero que llevaba años cerrada.

Puso Alfonso XIII especial empeño en la cría de faisanes en la Casa de Campo, llegando a ser muy abundante el número de esta especie. Se establecen así viveros de plantas, para cobijo de los faisanes

También se ocupará de la repoblación de perdices, siendo la Casa de Campo, escenario de importantes cacerías de perdiz a ojeo.

Continuamente este monarca, cuida este cazadero, de las posibles alimañas, que puedan perjudicar a otras especies de caza. Así por ejemplo, son continuos sus intentos de exterminio de las urracas.

Termina así, la historia de este «Cazadero Real«, como tal. Tras la II República, y posterior Guerra Civil, perteneciendo ya esta propiedad al Ayuntamiento de Madrid, algunos escarceos cinegéticos han intentado mantenerse, aunque con unos fines totalmente diferentes.

Así, en 1953, se anuncia por subasta pública, el contrato de aprovechamiento de caza de conejos y liebres, en la parte delimitada del monte de la Casa de Campo, acotadas unas 300 Ha con la finalidad de conseguir el descaste de dichas especies, para proceder a continuación a la repoblación por el Patrimonio Forestal del Estado. De este modo, se publica en el Boletín Oficial de la Provincia de Madrid del 10 de noviembre de 1953.

Curiosamente, durante el plazo vigente, no fue presentado ningún pliego de licitación, quedando por tanto desierta la subasta. Finalmente, fueron descastados 260 conejos, los cuales fueron entregados en la Administración de dicha Casa de Campo.

El último episodio cinegético de esta posesión, quedó únicamente en intento, porque nunca llegó a realizarse. Se conserva en el Archivo de la Villa una instancia de D. Félix Rodriguez de la Fuente, donde solicitaba un terreno, para la instalación del Centro de la Federación Nacional de Cetrería, en la Casa de Campo. El Ayuntamiento, denegó dicho proyecto.

A continuación, hemos entresacado extractos y comentarios de algunas de esas Reales Cédulas referidas a la Casa de Campo. Los datos son extraídos de la recopilación realizada por Pedro de Cervantes en el año 1.687.

«… y si pescase en nuestros estanques o en cualquiera de ellos, por la primera vez, que sean dados cien acotes públicamente, y sea desterrado… y pague diez maravedíes, y por la segunda, la doblada.

«… y así mismo, está prohibido absolutamente a toda suerte de personas, el entrar en dicha Casa de Real de Campo, y en sus jardines, y huertas, sin llevar para ello, especial licencia por escrito de la junta de obras y bosques, pena de las impuestas por estas ordenanzas y demás cédulas; a los que entraren a cazar en el heredamiento de esta Real Casa. Y por carta acordada (que es la 52, entre las cédulas), se manda a los guardas, denuncien de los que entrasen en ella, como si hubiesen ido a cazar».

«Por esta carta acordada (51 entre las cédulas), su fecha 26 de septiembre de 1637, fueron exceptuados de esta prohibición, los señores y ministros de esta Real, junto los del Consejo Real de Castilla, grandes de España, gentiles hombres de la cámara, mayordomos de los reyes, sus caballerizos mayores, y sus mugeres».

Fueron muchas las cédulas y pragmáticas que dió Felipe II, para cuidado y conservación de la caza mayor en todos los parques del Real Patrimonio, entre las cuales, también las hay específicamente, sobre El Real Sitio de la Casa de Campo.

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