Historia de la Casa de Campo

Y las personas que la hicieron posible.

Por Rafael Pulido Fernández

LOS AUSTRIAS

CARLOS I

Hijo de Juana I de Castilla y Felipe I de Castilla.

Nacido el 24 de febrero de 1500 en Gantes.

Murió el 21 de septiembre de 1558 en el Monasterio de Yuste.

Se casó con Isabel de Portugal (1526–1539).

Y tuvo diez hijos, los más importantes Felipe II, Juan de Austria y Margarita de Parma. 

Algunos historiadores como Jerónimo de la Quintana, nos cuenta, sin buena información, que Carlos I compra la Casa del Campo de los Vargas, este hecho, que jamás se produjo, se fabuló y aún se mantuvo por falta de actualización de algunos historiadores.

Hay que decir, en su defensa, que con la democratización de los archivos y demás documentos reales, hoy se tiene mejor acceso a la información que en su época (1576-1644), además lo que pretende contar Quintana en su obra «A la muy antigua, noble y coronada villa de Madrid: historia de su antigüedad, nobleza y grandeza«, más parece una crónica social que otra cosa.

Pudo servir de error para Quintana el hecho de la relación que Carlos I tuvo con Francisco de Vargas y Megía a cuyos herederos compró Felipe II la finca.

Fueron muchas las veces que Carlos I estuvo alojado en la Casa del Campo de los Vargas. La vez que más lo hizo, fue con motivo de la muerte de Isabel de Portugal su esposa, el 1 de mayo de 1539.

Recién muerta de parto Isabel, no sabemos el motivo por el que Carlo I se desentiende de los actos funerarios, que los delega en su hijo Felipe y desde Toledo, se retira al cercano Monasterio de Santa María de la Sisla hasta el 27 de junio de ese año. Desde allí emprende un viaje hacia Madrid haciendo una escala en Illescas.

Por motivos que podemos atribuir al duelo, no va directamente al Alcázar, sino que se aloja en la Casa del Campo de los Vargas, allí estará desde el sábado 28 de junio, al domingo 13 de julio de 1539, día en el que hará su entrada en Madrid.

Durante este tiempo el Rey siguió despachando desde la Casa de Campo como si lo hiciera desde Madrid.

Así queda reflejado en el trabajo de Manuel de Foronda y Aguilera del año 1914 “Estancias y viajes del Emperador Carlos V”:


– 28 – Junio de 1539 – en la Casa de Campo (Madrid).—Sábado.—S. M. se partió solo para esta villa, y no ha entrado en ella porque está aposentado en la casa del Licenciado Vargas”.
Carta de D. Martín de Salinas al rey D. Fernando, fechada en Madrid a 11 de julio de 1539. Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo XLVI, pág. 200.
– 29 – 30 – Junio – en la Casa de Campo (Madrid).—Domingo 29 y lunes 30.—S. M. en la Casa de Campo hasta el 13 de Julio.
D’Herbays: «Description des voyagesfaiets et victoires de Charles Quint.»—Real Academia de la Historia, 11-1-6. Legajo 4.
– 1 -12 – Julio – en la Casa de Campo (Madrid).-Del martes 1 al sábado 12.—El Emperador en la Casa de Campo.
Archivo general de Indias. -139-1-9.-Tomo XIX, fol. 45.
– 13 – 31 – Julio – en Madrid.—Del domingo 13 al jueves 31.—El 13 de julio S. M. entró en la villa…
D’Herbays: «Description des voyagesfaiets et victoires de Charles Quint.»—Real Academia de la Historia, 11-1-6. Legajo 4.


En este diario se pone de manifiesto la confusión que todos los historiadores tuvieron, tanto con Carlos I como después con Felipe II, se dice que Carlos I estuvo durante ese tiempo cazando en la Casa de Campo y lo más llamativo es que ponen el trabajo de Manuel Foronda como fuente. No hay ninguna referencia a ello en los escritos de su diario. No era la Casa de los Vargas un lugar idóneo para la caza, ni lo fue, cuando unos años después la adquirió Felipe II. A poca distancia estaba El Pardo, cuya finalidad era esa, y a pesar de que en esas fechas 1539 aún no se había construido el Palacio de El Pardo, ya existía un castillo para alojamiento real.

El Palacio de El Pardo se comenzó a construir en 1547 con Carlos I y lo terminó Felipe II.

Cuando se profundiza en los documentos de la época, no queda claro esa exagerada afición a la caza de los monarcas y menos que se realizara en un lugar tan inadecuado como la Casa de Campo.

FELIPE II

Nació el 21 de mayo de 1527 en Valladolid.

Murió el 13 de septiembre de 1598, en El Escorial

Se casó cuatro veces y de su cuarto matrimonio nació Felipe III.

Sus padres fueron Carlos I e Isabel de Portugal.

“Don Felipe Segundo (este gran Rey) fue el que plantó en Madrid de asiento su Corte año de 1561. Y quien ordenó, y ennobleció todas las Casas Reales, y Bosques de su contorno para las Reales Recreaciones y especialmente los del Pardo, Aranjuez, el Escorial, y Balsaín; el que al Alcázar de Madrid añadió la Casa del Campo, el Parque y Bosque de Sagra”.
Recopilación de Reales Ordenanzas, página 1, Parte Primera. (1687)

Aquí se vuelve a confirmar lo que más adelante se dirá sobre la pretendida compra de la Casa de Campo para sitio de caza. Vemos en el documento que la Casa de Campo fue adquirida para servir de Jardín Real al Alcázar, como lo fue el Bosque de Sagra, hoy Campo del Moro. Eso no quita que se cazara en estos lugares un tanto asilvestrados.

En el año de 1556 en el que dio comienzo el reinado de Felipe II sus credenciales eran la de uno de los reyes más poderosos del mundo, tomo nota del encabezado del juro (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid Signatura 96173/6). que firmó para hacerse con la Casa del Campo de los Vargas:


“Yo Don Felipe II por la gracia de Dios Rey de Castilla de León de Aragón de las dos Sicilias de Jerusalén de Portugal de Navarra de Granada de Toledo de Valencia de Galicia de Mallorca de Sevilla de Cerdeña de Córdoba de Córcega de Murcia de Jaén de los Algarves de Algeciras de Gibraltar de las Islas Canarias de las Indias Orientales y Occidentales islas y tierra firme del mar océano archiduque de Austria duque de Borgoña y de Barcelona señor de Vizcaya y de Molina etc.”

Todo este poder territorial contrastaba con el poder económico, ya que en estos años las arcas reales estaban vacías. Por eso tuvo que emplear estrategias y mucha diplomacia para poder hacerse con la Casa del Campo y el Bosque de Sagra:

“quiero hacer saber que ante de mandar el traslado de la Corte a Madrid, tengo en intención más preciada, dotar de jardines a mi muy austero Alcázar de Madrid, para lo que he comenzado compras en sus aledaños”.

No optante, la historia de estas compras no se hubiera precipitado sin los acontecimientos que ahora os contaré:
En 1558 muere María Tudor la segunda esposa del monarca, con la que mantiene una relación desigual, ya que él no llega a quererla con la intensidad que ella lo hizo, muere en la distancia y desde ella, en París, el 22 de junio del año siguiente, contrae matrimonio con Isabel de Valois en Notre-Dame.

Isabel de Valois

La niña Isabel que hasta ese momento había sido la prometida de su hijo Carlos, sin que ella pudiera hacer nada, se vio casada con un hombre ya maduro que la elevaba a la categoría de reina.

Cuando Isabel llega a Toledo, lugar en donde estaba la Corte, es recibida con un gran ceremonial. Sucede sin embargo un hecho que hará cambiar los planes de Felipe II, si no estaban ya en su mente; Isabel enferma de viruelas en Toledo y por su juventud y los cuidados que recibe, sobrevive.

Durante la enfermedad la pequeña Isabel, ahora con quince años, le pedirá al Rey que la saque de esta ciudad aburrida que es Toledo y sobre todo de su Alcázar, una especie de fortaleza sin jardines, y ella venida de Francia echa de menos los espacios abiertos. Quiere un jardín donde pasear y sentir el aire en su rostro.

Así lo leemos en la correspondencia con su madre Catalina de Médici:

“Toledo, a pesar de lo mucho que festeja la Corte, me aburre” y continua “Desde mi ventana sólo veo tejados y paredes, y a lo lejos tierras áridas y descoloridas”


Los deseos de un Rey son a veces los de su Reina y más cuando se dice que Felipe II estaba locamente enamorada de Isabel.

Y para ello vino Felipe II a confirmar y ampliar las adquisiciones que estaba realizando en Madrid, con el fin de dotar de espacio verde a su vetusto Alcázar. Y no le pareció suficiente, para agradar a Isabel, con la compra del Bosque de Sagra. Reanudó entonces las negociaciones para hacerse con una parcela de terreno a las afueras pasado el río Manzanares en la que había una Casa del Campo, que pertenecía al fallecido Fadrique de Vargas, justo enfrente del Alcázar. Y digo reanudo porque tenemos noticias de que en 1559, desde Bruselas, ya había intentado la compra:

«En lo de la compra de La Casa de Vargas bien será que deis cuenta a Joan Vázquez, de la que vos y Luys de Vega habeis platicado, para que conforme a lo que les paresciese se entiende luego en tratarlo y concertarlo, porque holgávamos de verlo efectuado, antes de mi ida a los Reynos, y luego … (15 de febrero de 1559, Bruselas).
«Gaspar de Vega me ha escrito, que Luys de Vega y él, havían platicado en la forma que se terna, para tratar lo de la compra de La Casa de Vargas del Campo, sin que pareciese que era por Comisión mia, porque ese huviese en mejor precio yo les mando responder que os den cuenta dello, y conforme a los que os paresciese, se entienda luego en concertarlo, ordenarles eys, lo que viéredes que más convenga, y dándola precio onesto, conclúyase con la brevedad que se pueda porque holgaría que se efectuase antes de mi ida de los Reynos de Bruselas. 15 de abril 1559».

…la compra de La Casa de Vargas querría hallar efectuada, o a lo menos concertada antes de mi llegada a esos reynos, dareis en ello la mejor orden que os paresciere y avisad a Luys de Vega de las diligencias que ha de hazer que para ésto poco inconbiniente puede traer estas acá de su hijo D. Fadrique de Vargas, por ser menor de edad, que sus tutores lo podrán concertar, empleando el dinero que por ellos se le diere en otra casa que él le sea más útil. Julio 1559″. Archivo General de Palacio.


En principio se pensará que no le debió de ser difícil cumplir sus deseos de monarca. Pero hay dos cosas que impidieron esa facilidad; primero, que las tierras que tanto deseaba, no las poseía un humilde labriego, ¡no! los propietarios eran gente de alto linaje a los que el Rey debía favores y con los que no quería litigios. Y segundo, que en su fuero interno le costaba pagar lo que aquellos le pedían. No era tiempo de derroche y no estaba dispuesto a dar más de aquello que él consideraba justo.


No obstante, se trataba de un asunto, el de la compra, impropio de ser tratado directamente por el Rey, como le dijo Juan Vázquez de Molina su secretario. Fue entonces cuando este tomó las riendas de la compra. Debía de hacerlo con precaución, para no levantar sospechas del gran interés que despertaba en el Rey la finca. Actuaba así porque era sabido que la especulación desde siempre ciega a los propietarios que no encuentran límite a los precios.


Dice Juan Vázquez de Molina “que el Rey en su reserva, mantenía oculto otro secreto… sólo traería la Corte a Madrid si prosperaban aquellas compras”.

Son tiempos difíciles, desde el año 1557 los problemas son muchos, los enfrentamientos con Francia en la batalla de San Quintín, aunque había terminado en victoria, habían dejado al país en la ruina, hasta el extremo de que se tuvo que declarar la bancarrota.

Pero no cejó en su empeño, y con la diplomacia de Juan Vázquez de Molina, y algunas promesas que este hizo, quedó apalabrada la compra de la Casa del Campo de los Vargas.

Casa de Campo de los Vargas 1561
Cédula real dirigida a las autoridades madrileñas 1561 Archivo General de Simancas

Unos días después, el 8 de mayo de ese año de 1561, Felipe II emitió desde Toledo una cédula real dirigida a las autoridades madrileñas diciendo:

“Concejo, justicia, regidores, caballeros escuderos, oficiales y hombres buenos de la Villa de Madrid. Habiendo determinado de ir con nuestra Corte a esa villa, hemos mandado a Luis Venegas de Figueroa, nuestro marichal de logis, y a don Juan Portocarrero, aposentador mayor de la reina. Que vayan a hacer en ella el aposento de nuestra casa y corte…”.

Tres días después llegaba el correo a Madrid.


Aún se tardaría varios meses en llevar todos los fardos de la familia Real a la Corte, se dice que la Reina Isabel de Valois no utilizaba dos veces un mismo vestido, por lo que su ajuar debía ser abultado. En defensa de esta actitud se sabe que la Reina, que se trajo de Paris a sus modistos, vendía a las damas de la Corte los vestidos que ella ya se había puesto.


No habían pasado los tres meses después de que se pusiera en certeza a Madrid como lugar estable de la Corte. Dicen que este hecho fue determinante para que los Vargas, con múltiples bienes en Madrid, vieran como un buen negocio la venta de su Casa del Campo, si ello contribuía a mantener la Corte en Madrid, a la espera de la revalorización de sus otros bienes.

Juro para la compra de la Casa de Campo 1561 Archivo Regional de la Comunidad de Madrid

Al final los Vargas, en 1561 aceptaron un Juro -una especie de pagaré- y le ceden a Felipe II su Casa del Campo. (Archivo Regional de la Comunidad de Madrid Signatura 96173/6).
Once mil ducados le costó, de los de “a trecientos y setenta y cinco maravedíes cada uno”, “como reza en el documento que se le entregó a Francisco de Vargas Manrique, hijo de Antonia Manrique y del fallecido Fadrique de Vargas.

Era el día primero de agosto de 1561.

Un ducado valía 11 reales y un maravedí o trescien setenta y cinco maravedís. “Breve Colejo y Valance de pesas y monedas, por D. José García CavnlIero. Madrid , 1731, pág. 219”. 136 maravedíes eran una peseta.

Haciendo un alarde matemático, la Casa de Campo de los Vargas costó 30.330,89 pesetas o sea 182,30 Euros.

“No quería la Casa de Campo para la caza que ello le sobra y basta con otros lugares, y no es esta una de sus aficiones principales. La quiere para el paseo y la meditación que tanto bien hace a su mente ocupada”.


Cuentan y es cierto, que Felipe II en su primera visita a la Casa de Campo con Isabel de Valois, llevó a su hijo Carlos para que conociera en profundidad la posesión. Carlos tenía dieciséis años y una enfermedad mental que le hacía violento y malvado. En un descuido Carlos mató a todas las gallinas y aves que había en un corral cercano a la casa, dicen que lo hizo por celos de la que fue su prometida y ahora su madrastra Isabel de Valois.

El Príncipe Don Carlos

El Rey entro en cólera y mandó que le llevaran a Alcalá de Henares, con la excusa de que los aires de Madrid no le eran convenientes.

Ya se sabe que un año después cayó por una escalera y tuvo que sufrir una trepanación que aumentó sus deficiencias.

Carlos el hijo que tanto deseó Felipe II, fue su más cruel preocupación y su muerte en julio de 1568 con tan sólo 23 años, marcaría para siempre el carácter del monarca y aumentaría su leyenda negra y más cuando en este año trágico, unos meses después, murió también su único amor conocido, Isabel de Valois por la que dicen lloró desconsoladamente.

Al respecto de estos acontecimientos, existe una versión muy diferente de los aquí expuesto, sin embargo, todo hace suponer que se debía a esa leyenda negra que los ingleses y franceses crearon entorno a Felipe II.

La ópera Don Carlos de Giuseppe Verdi recoge los acontecimientos tal como los contó Schiller en el drama Don Carlos, infante de España, que a su vez el dramaturgo alemán recogió de la novela histórica del francés César Vichard de Saint-Réal.


El monarca siguió comprando pequeños terrenos para incorporarlos a la Casa del Campo y sobre todo para crear caminos que sustituyeran a los que quedaron dentro de la finca.

En 1583 hace las últimas compras, aunque haya escrituras hasta 1598.

Muchas de estas escrituras se firmaron para regular terrenos que ya estaban incorporados a la Casa del Campo, pero sin escriturar, y otros ocupados irregularmente, lo que lleva al monarca a tener que indemnizar a los propietarios.

Este proceso se reproduciría años después con Fernando VI.

Todos estos terrenos y los que más adelante incorporaría Fernando VI se unen a El Pardo para protegerlos con sus mismas leyes:

“por que aviendo comprado el señor Rey Felipe II la Casa del Campo, y tierras de su heredamiento, las incorporó, y agrego al Bosque del Pardo, por la Cédula 54 de doce de Mayo de 1567, sugetándolas al Alcalde Juez de Bosques, para que juzgase sus causas, por las leyes y Ordenanzas hechas para el Pardo”.

FELIPE III

Nació el 14 de abril de 1578 en Madrid. Murió el 31 de marzo de 1621, Madrid.

Se casó con Margarita de Austria-Estiria (m. 1599–1611)

Y uno de sus hijos fue Felipe IV. Sus padres fueron: Felipe II y Ana de Austria.

Cuando Felipe III fue proclamado Rey de España en 1598, y solo unos días después, el 16 de septiembre y aprovechando el buen tiempo de Madrid, dio en reunirse con gentes venidas de otros lugares, para una informal cacería. Ese era su deseo que había contenido por los protocolos. Dicho y hecho, la proximidad de la Casa del Campo hacía posible que en unos instantes se pasara del Palacio a la caza ligera. Fue una experiencia que nunca olvidará y que retornaría a su mente cuando estuvo lejos de Madrid.
El primer Rey madrileño, reconoce que se equivocó al trasladar la corte a Valladolid durante cinco años de 1601 a 1606. Su decisión de volver estuvo muy ligada a su afición cinegética, comentaba el Duque de Lerma, precisamente fue él quien aconsejó el traslado de la Corte a Valladolid; “No había día que no echara en falta los momentos de caza que Madrid le proporcionaba”. Se refiere a El Pardo y a la Casa del Campo.
A su regreso, tomó en valor la finca y la embelleció con grandes inversiones y su mayor logro fue en 1616, cuando mandó colocar una estatua ecuestre suya en los Jardines del entonces Palacete (estatua que hoy se encuentra en la Plaza Mayor).

No amplió con importancia las trescientas setenta y ocho fanegas de la Casa del Campo que le legó su padre, solo hay un registro de compra de una huerta que no se sabe si sirvió de aumento a la Casa del Campo.

Lo que sí sabemos por los documentos, es que disfrutó de la finca más que su padre.


Conviene reproducir la descripción que en esta época hace Lope de Vega en su obra “la Gallarda toledana” de la Casa de Campo (1601-1603).


Aunque en verso, aquí lo pongo unido el texto:
“la hermosa Casa del Campo, que este es su propio apellido, donde llegando a las tres, que quería entrar nos dijo de noche por excusar visitas de sus amigos. Y despidiendo las postas, entró en el verde edificio a esperar, en sus alhombras de la noche, el manto frío. Entramos por un jardín, a quien el agua de un risco a cada flor daba un caño entre arrayanes y mirtos, a una casa, aunque pequeña, lustrosa, que no han querido hacerla mayor los reyes, porque está en frente de un rico y suntuoso palacio, que siendo capaz en sitio de aposentar a su dueño, parece a la vista un brinco. Luego, los hermosos cuadros de la primavera, vimos: dechados de sus labores, sobre la tierra extendidos, cebando los libres ojos en violetas, en narcisos, rosas, azucenas, salvias, retamas, claveles, lirios: todos con hermosas fuentes, y de labores vestidos, de afeitadas ajedreas, de romeros y tomillos. Vimos unas salas de agua cuyos techos, guarnecidos de mil piedras, daban luces como rubíes y jacintos. Viste las paredes yedra con sus hojas y racimos, donde está la cueva antigua y el dios del agua marino, que sobre juncos y helechos, eternamente tendido, hace sudar a las piedras agua por dos mil resquicios, y cuya puerta acompañan dos ninfas, en sus dos nichos de mármol blanco, y de quien luciera historias Ovidio. En medio deste jardín se ve de alabastro liso, la gran fuente que de Italia trujeron a Carlos Quinto, con ocho marinos dioses y cuatro desnudos niños, las águilas del Imperio, tres tazas, mil artificios, que si alcanzara esta edad enmudeciera Lisipo de ver diversos trofeos tan altamente esculpidos. Después de otros cenadores a diferentes caminos, vimos en medio de un mar, sobre una peña, un castillo a quien en torno asestados disparaban dos mil tiros. En vez de sus fuegos, agua, y en vez de balas, granizos. Por otras fuentes, después, a cuatro cuadros subimos, donde sabrosos frutales forman otro paraíso que parece que en cualquiera del manzano más propincuo se han de ver Eva y Adán en aquel engaño mismo. No digo por no cansarte lo que en esta casa he visto. No de sus estanques hablo, por cuyos cristales limpios los cándidos cisnes nadan, y por cuyos fondos fríos, habitan carpas y tencas, como el ganado en apriscos…”

FELIPE IV

Nació el 8 de abril de 1605 en Valladolid.

Murió el 17 de septiembre de 1665 en Madrid.

Uno de sus hijos fue Carlos II que o tuvo con María Teresa de Austria.

 Casado con Mariana de Austria (1649–1665) e Isabel de Francia (1615–1644)

Sus padres fueron Felipe III y Margarita de Austria-Estiria.

A Felipe III le sucedió su hijo, que reinaría como Felipe IV entre (1621-1665). Con gustos más refinados, al monarca le gustaban las grandes y notables fiestas. Incluso los autores de oro le escribieron comedias para ser representadas en la Casa de Campo. El gran Calderón escribió “Los tres mayores prodigios” que tanto satisficieron a su majestad. Y aunque repartió sus preferencias con el nuevo Buen Retiro, donde la fastuosidad era más evidente, nunca se olvidó de la Casa de Campo, donde su infidelidad con Isabel de Borbón y Mariana de Austria le era más propicia y reservada.
Felipe IV el mujeriego que tuvo más hijos varones de sus amoríos que con las dos reinas, no supo ni pudo legar la corona a quien él quería. Mariana no estaba dispuesta a que el nuevo Rey fuera Juan José de Austria como dejó dicho Felipe IV. Fue el hijo más enfermizo y desvalido de cuantos tuvo, Carlos el hechizado, el que le sucedió.
A la Casa de Campo este reinado nada le sacó de provecho, pues el Buen Retiro colmaba las inversiones. Por eso legó la misma tierra a su descendiente con bastante abandono y despreocupación.

CARLOS II

Nació el 6 de noviembre de 1661 en Madrid.

Murió 1 de noviembre de 1700 en Madrid. Se casó con Mariana de Neoburgo (1690–1700) y María Luisa de Orleans (1679–1689)

Hijo de Felipe IV y Mariana de Austria.

A la muerte de Felipe IV se estableció una Junta de Gobierno para asesorar a Mariana de Austria en la regencia. Esta debía quedar disuelta en 1675, año en que Carlos II sería declarado mayor de edad, pero cuya actividad se prolongó hasta los primeros días de noviembre de 1676. Estos años fueron de abandono y deterioro de la Casa de Campo, pero aún estaba por venir lo peor.
Carlos II el Hechizado (1665-1700), el débil y retrasado, que para montar a caballo en la Casa de Campo precisaba de varios ayudantes, estos siempre prestos para que no hubiera una desgracia. Carlos el último de los Austrias escenificaba la decadencia de la monarquía, arrastrando en su caída el interés por aquellos lugares donde la vida era un deleite que merecía la pena disfrutar.
Con Carlo II la Casa de Campo siguió en un olvido y decadencia que duraría más de medio siglo. En el año 1669 el príncipe florentino Cosme III después de viajar por España y visitar la finca, dijo que “era impropia de un rey”.
Este fue su informe: Al volver a casa S. A. se apeó del coche para ver la Casa de Campo, antigua casa de recreo de los reyes de España, hasta que construido el Retiro por el Conde Duque, empeorando de condición, se convirtió en lugar dedicado a los placeres menos inocentes de Felipe IV. Por un portón, que nada tiene de regio, situado en el camino que bordea el Manzanares, se entra en un pradillo. A mano izquierda se encuentra una especie de taberna; en frente el terreno se levanta hacia unos montecillos poco amenos, y a mano derecha se angosta en un paseo muy corto que conduce a la Casa del Rey, la cual en Toscana no sería en nada impropia de un particular acomodado. Podría decirse que es un pedazo de casa construida toda ella de ladrillo, excepto las columnas de una mísera galería que está en medio de las dos alas del edificio. La anchura de la indicada galería es la de toda la casa, pues por la puerta contraría a aquella donde está la entrada se sale al jardín, que aparece como un cuadro circundado de muros. Tal como es resulta muy bello, si para rey tan grande puede decirse bella cosa tan estrecha, reducida al entrecruce de dos paseos con una plaza en medio circundada de árboles altísimos que encierran en el centro una fuente de mármol blanco compuesta de tres tazas, una sobre la otra, sin agua.
Dijeron que el agua existe, y que es conducida por ocultos canales más arriba de los árboles, volviendo a caer en forma de lluvia; estos canales deben de estar casi todos estropeados por abandono. Entre la fuente y la casa está, sobre un pedestal muy gracioso de mármoles de Carrara, un caballo de bronce, dado por un Gran Duque de la serenísima Casa de Médícis, con la estatua de Felipe III, armado, estatua que disuena delante de un edificio tan desdichado.
Nada hizo ni aumentó para tener en cuenta, el monarca compró una finca de dos fanegas y una viña un año antes de su muerte sin localizar, pudiera ser que estuvieran fuera de la cerca de la Casa de Campo.

LOS BORBONES

FELIPE V

Nació el 19 de diciembre de 1683 en Versalles, Francia. Murió el 9 de julio de 1746 en El Escorial.

Fue padre de tres reyes; Fernando VI, Luis I y Carlos III. Se casó con María Luisa Gabriela de Saboya (1701–1714) e Isabel Farnesio (1714–1746).

Hijo de Luis de Francia y María Ana Victoria de Baviera.

A la llegada de los Borbones desde Francia, con Felipe V que reinó de (1700 a 1746) los malos augurios siguieron planeando sobre la Casa de Campo. El reinado había empezado con mal pie; los conflictos dinásticos se multiplicaron y su triunfo sobre el archiduque Carlos de Austria le costó demasiado a su salud y su interés. Desde el principio de su reinado, tuvo pocos gestos con la finca, y se volcó más en cambiar las preferencias arquitectónicas y llevarlas al gusto francés, empezando por otros lugares más refinados que la Casa de Campo. No era extraño que después del incendio del Alcázar, corriera el rumor de que este incendio fue ayudado. Demasiadas cosas por hacer; así que la Casa de Campo, que nada importaba al nuevo Rey, quedó relegada hasta el extremo de que durante cinco años se le privó de la asignación para pagar al personal.
Felipe V que padecía de continuas depresiones, buscó obsesivamente que le procuraran la distracción. Isabel de Farnesio -su segunda mujer- conoció de las virtudes melódicas de Carlos Broschi Farinelo, el célebre cantante conocido como Farinelli. Y lo contrató para mejorar a Felipe V, aquejado de continuas melancolías. Cuentan que una vez que le oyera cantar en la Granja “le volviera a la razón”, era un 25 de agosto del año 1737. Farinelli a partir de entonces se encargó de buscar las diversiones que complacieran al Rey y que continuarían con el reinado de su hijo Fernando VI. Farinelli era el encargado de montar los espectáculos en los Sitios Reales. En los relatos de Farinelli, donde en su detallado diario -anota incluso las propinas que da el Rey- nunca nombra la Casa de Campo como lugar de diversión para los Reyes. De todas maneras no fue el único en despreciar la Casa de Campo como lugar regio o digno de ser mostrado. Ninguno de los monarcas que habían sido, pasaron unas “Jornadas” en la Casa de Campo, frente a lugares como El Pardo, Valsaín o Aranjuez. Pero esto tiene una explicación, la Casa de Campo tenía una utilización cotidiana, no necesitaba de grandes desplazamientos de personal al servicio del Rey, por lo que su estancia en ella pasaba por simples paseos por los jardines de palacio.

LUIS I

Nació el 25 de agosto de 1707 en Madrid Murió el 31 de agosto de 1724 en Madrid.

Se casó con Luisa Isabel de Orleans (1722–1724), no tuvo hijos.

Sus padres fueron Felipe V de España y María Luisa Gabriela de Saboya.

Antes de que Farinelli adornara las falúas que han de surcar el Tajo para homenajear al nuevo monarca, ocurren ciertos hechos que por el bien de la Casa de Campo merecen contarse: Los acontecimientos empiezan el diez de enero de 1724, cuando Felipe V en un arrebato de locura o de ambición, abdica en su hijo Luis el trono de España. Poco duró su renuncia, porque el 31 de agosto del mismo año, Luis I muere de viruela. Otras versiones de la época dicen: “De resultas de un enfriamiento en la Casa de Campo, el novel monarca contrajo unas intermitentes que no pudieron ser atajadas, y murió á los pocos meses de haber subido á aquel trono tan codiciado”.
Durante este corto reinado, sucede algo transcendental para la suerte de la Casa de Campo. Luis y Fernando, únicos sobrevivientes del matrimonio de Felipe V con su primera mujer María Luisa Gabriela de Saboya, y por ello marginados por Isabel de Farnesio, la nueva esposa del monarca que buscaba prosperidad para sus descendientes. Muchas veces en ese destierro desesperado que sufrió el Príncipe a gestos de la Reina, que le impedía ver al Rey y asistir a celebraciones, en esos momentos Luis se perdía en las arboledas cerradas de la Casa de Campo junto a su hermano Fernando, allí mientras cazaban, hablaban de sus preocupaciones y sus melancolías, Luis siempre fue consciente del significado que para su hermano tenía la Casa de Campo, lugar que Felipe V apenas visitaba. Por eso y una vez que subiera al trono Luis, lo primero que hizo fue regalar la Casa de Campo a su hermano Fernando, como prueba de su aprecio mutuo. Este acontecimiento se recoge en un informe de Cayetano Juan de Obregón a Ricardo Wall y Devereux del 20 de diciembre de 1759 donde se dice: “El Real Bosque de la Casa del Campo al principio del Reynado de la Magestad del Sr. Rey Don Luis primero que está en gloria lo cedió para su diversión a su Hermano D. Fernando Príncipe de Asturias, y después nuestro Rey y Señor que falleció y está en gloria… Aquel sitio hera entonces de Corta extensión, y luego se fue ampliando poco a poco, y cercándolo, a costa de dicho señor Príncipe del aorro que hizo de sus Reales alimentos, que de uno, y otro, he sido Contador… Con el cuidado de conservación, y aumento del expresado Real Bosque, y reales Alimentos, corrió en su governación don Carlos de Areizaga, quien le dio la amplitud, y ser que oy tiene, comprando infinitas tierras, y posesiones que contiene su Cotería, y costaron muchos reales, cuyas escripturas originales existen en la Contaduría de mi cargo con otros documentos dimanados de su referencia”.
El anterior documento viene a fechar correctamente el que sigue que erróneamente se tiene por 1746, año de la coronación de Fernando VI, siendo de 1724:
“Cesión que hizo su Majestad al Infante Don Fernando del sitio y bosque de la Torrecilla en la Casa del Campo”.
«Habiendo dado S.M. (q.d.g) al serenísimo Sr. Infante D. Fernando (Fernando VI solo fue infante hasta 1724 que pasó a ser Príncipe de Asturias y después Rey) para su diversión el Real Sitio y Bosque de la Torrecilla con todo lo que incluye de tapias afuera de la Casa del Campo que viene a ser, Torrecilla, Bosques y estanques, con orden de que para este efecto se quiten, las vacas, cabras, y demás ganado que en dicho bosque pastase. Esta orden se ha de dirigir al Duque del Arco (el Duque de Arcos, Caballerizo Mayor de Rey desde 1721, era Alonso Manrique de Lara y Silva, y había fallecido el 27 de marzo de 1737) previniéndole haga acomodar luego la Torrecilla y los estanques, y que se corten los caminos y sendas nuevamente abiertas para que de las perdices, liebres y conejos que allí se echen de orden del Sr. Infante puedan los dos guardas que pondrá S.A. tener el cuidado necesario para su mejor conservación.
Y para que estos Guardas puedan así mismo cumplir con su encargo es preciso informarles que los términos señalados a su cuidado son desde el Ángel camino arriba de Alcorcón, aguas vertientes, al Arroyo del bosque hasta igualar con el peso de Casablanca subiendo y atravesando camino de Rodajos; Ytos de Umena bajando y atravesando su senda tomando los altos sobre la derecha a la Casa que llaman de Cobatilla, y bajando el camino de Arabaca a la casa del Zerero y desde ella en derechura al Ángel para que puestos los mojones convenientes en los parajes y confines expresados a qta del sr Ynfante se hagan capaces de los términos y límites del Bosque y desempeñen con acierto su obligación. Que se ordene a los Guardas que no consientan que persona alguna Cace en su jurisdicción ni pesque en los estanques sin licencia de S.A.
Que todo ganado de pasto se ahuyente del expresado sitio desde luego, menos las vacas de la Reyna que deben pacer en el hasta fin de septiembre de este año y no más.
Se mandará a los Guardas que de todas las denuncias que hicieren en su distrito den cuenta inmediatamente al Ballestero principal de los dos que están destinados para el Real Servicio de S.A. y que esta pase a ponerlo en noticia del Duque del Arco para que dé las providencias más convenientes a su remedio. Que los Guardas hayan de obedecer indispensablemente cuanto se les mandase por los Ballesteros y que estos reciban los órdenes para todo lo que se deba efectuar en dicho sitio solamente del Montero mayor o de Su Teniente y no de otro alguno”.
Fecha: 1746 (errónea). Archivo General de Palacio.
Luis I cuando era Príncipe de Asturias demuestra un deseo por cazar en los terrenos que aún no eran de la Casa de Campo, concretamente los que ahora pertenecen a la Venta de la Rubia, y que en más de una vez y posiblemente con su hermano Fernando, les costó las quejas de los dueños de los campos donde cazaban. Quizá este deseo por los terrenos que estaban al oeste de la Casa de Campo llevó a su hermano menor a las posteriores compras y expropiaciones
Copio un retrato hecho del Príncipe de Asturias Luis I, se observa que la descripción en nada desdice del carácter de su hermano Fernando:
“Él heredero de la corona no era un joven ni un príncipe como los demás. Estaba en la edad de las expansiones y era reservado. Su buena salud, alta posición y juveniles alientos disculpaban en él ciertas incorrecciones, y sin embargo parecía indiferente á todo: á mujeres, á distracciones, á anhelos de triunfos de amor propio; á todo absolutamente. Representaba un papel de príncipe con corrección, pero sin gusto y sin estímulo, tratando de ocultar el despego que le producían las fiestas y ceremonias palatinas. Su única diversión era la caza, que más que diversión parecía en él deseo de retraimiento. Pasábase la mayor parte de los días cazando en la Casa de Campo ó en la Moncloa, en compañía del marqués de Cogolludo (Duque de Medinaceli), primogénito de la casa de Medinaceli, hacia el cual demostraba alguna predilección. Mostrábase con sus padres respetuoso y cortés, pero nunca expansivo, y en resolución presentaba un aspecto desusado en un ¡oven de su edad y de su rango… El Príncipe de Asturias era además un buen naturalista, especialmente en lo que se refiere á la parte ornitológica. Tenía una soberbia colección de aves de todos los países, vivas ó disecadas, consignando acerca de ellas datos científicos y curiosos.
Proclamado rey de España D. Luis I, pareció salir de su apatía. Dedicóse á organizar el ejército, del que antes no se había ocupado. Amplió la guardia real y creó diez y nueve regimientos de línea; lo cual hacía suponer que tenía ideas belicosas. Pero fué enbalde su actividad”.
Una vez muerto Luis, a partir de ese instante, año 1724, el que sería un año después Príncipe de Asturias Fernando se hará cargo de todo lo que concierne a la finca y unos meses después del regalo, hace su primera compra de tierras para ampliar la finca. Este acontecimiento configurará el contorno, y seguramente el futuro de la Casa de Campo y las previsiones que sobre ella se pronosticaban.

La desgraciada muerte de Luis I indicaba que Fernando, su hermano, sería el próximo monarca, así estaba estipulado. Pero Felipe V en contra de la opinión general retoma el poder y se limita a nombrar como heredero o sea como Príncipe de Asturias a su hijo Fernando, del que todos hablaban ya como futuro Rey, a pesar de sus once años de edad. Para calmar a los que ya veían a Fernando como Rey y al propio Fernando, hace que Felipe V se gane su afecto animándole a través de su ayo Carlos de Areizaga a que amplie para su disfrute la Casa de Campo, procurándole los dineros suficientes dentro de su asignación alimentaria..
Nos interesa entonces, saber quién era Carlos de Areizaga Corral, ya que todo indica, dada la juventud del Príncipe Fernando, que fue él el asesor del Príncipe y encargado de gestionar las compras.
Carlos de Areizagaen había nacido en Villarreal de Urrechua (Guipúzcoa), en noviembre de 1681. Hijo de Matías Arizaga Basauri y Juana Corral Idiáquez. El conflicto generado en torno a la sucesión de Carlos II posibilitó un ascenso rápido para el joven Arizaga, constando ya en febrero de 1707 como coronel del regimiento de infantería de Guipúzcoa. En marzo de 1711 obtuvo el grado de Brigadier de infantería.
Una vez finalizado el conflicto sucesorio, el 5 de junio de 1719, sería promocionado a mariscal de campo. En 1734 se le nombra teniente general de los ejércitos. En diciembre de 1754, obtendría el grado de capitán general.
Durante los años de servicio en palacio, Areizaga mantendría una estrecha amistad con el Príncipe de Asturias, futuro Fernando VI. El desarrollo de este vínculo se dio gracias a que el de Urrechu formó parte de su servicio. Servir al entonces infante desde los inicios se convertiría en uno de los principales argumentos que le posibilitarían ascender.
Para 1721 ya ocuparía el puesto de teniente de ayo del entonces infante Fernando. Poco a poco fue ascendiendo, en 1721 pasó a ser primer gentilhombre del cuarto del infante y en 1724, con la muerte de Luis I, se convirtió en ayo del príncipe. En 1725 fue nombrado primer gentilhombre de Cámara y caballerizo primero de Fernando, cargos que ostentó hasta 1746.
Además, a finales de diciembre de 1728, tomo posesión como gentilhombre de Cámara del futuro Fernando VI. Tras la coronación de Fernando VI, en 1746, fue nombrado primer gentilhombre de Cámara y caballerizo primero del rey y gobernador de la Casa de Campo.
Cuando hablamos de Carlos de Areizaga Corral como encargado de las compras no podemos olvidar a Pedro Lorenzo de Astrearena e Iturralde, heredero del marquesado de Murillo, Contador de los Alimentos del Príncipe Fernando y después como Rey, y encargado de los pagos y control de las nuevas adquisiciones. Hasta el extremo de que es a él a quien se dirige Carlos de Areizaga en 1754 para que le diga cuales son las adquisiciones realizadas por el Rey en su etapa de Príncipe.

FERNANDO VI

Nació el 23 de septiembre de 1713 en Madrid.

Murió el 10 de agosto de 1759 en Villaviciosa de Odón

Se casó con Bárbara de Braganza (1729–1758)

Era hijo de Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya.

Era hermano de Luis I y Carlos III.

La Casa de Campo que regala Luis I a su hermano el Príncipe Fernando, se reduce a los que en su tiempo adquiriera Felipe II. Y es en esta parcela, más allá de los lagos, donde en 1725 manda construir un reservado, entre los centenarios olmos. Una plazoleta cerrada con una celosía y provista de puerta que defiende su intimidad, en su centro coloca una fuente; allí va a menudo y por ello se la conocerá en el futuro, como la Fuente del Príncipe. Es uno de los lugares más apartados y solitarios a los que puede ir. Allí el personal que le atiende, le dice: “se parece su Excelencia a su Señora Madre María Luisa Gabriela de Saboya, ella gustaba de pasear por estas olmedas mientras la princesa de los Ursinos le enseñaba francés”, ella refería que estos parajes le recordaban su infancia en la Saboya.
Fernando tiene una predilección con su madre y estos comentarios le llevan a pasar largos momentos en el jardín. Allí decide aconsejado por su ayo Carlos de Areizaga, el cual es un experto en las compras de tierras, de que agrande la finca. Busca recursos en “los caudales de los alimentos” y comienza a comprar nuevas tierras y convertir la Casa de Campo en un Bosque Real. No cesa en sus compras hasta llegar a las 3.600 fanegas, y multiplica la extensión que tenía la finca desde dos siglos atrás. Su decisión se convierte a veces en obsesión y si no puede comprar o alquilar un terreno, se vale de la expropiación y otras argucias para conseguirlo, por ello su padre Felipe V recibirá multitud de quejas. Solo le frenan dos impedimentos; las Cañadas Reales y algunos personajes de renombre. La Cañada Conquense darán forma a la parte sur de la Casa de Campo y la Segoviana a la parte oeste.
En 1744 con motivo de las denuncias que los perjudicados elevaban al Rey Felipe V, Carlos de Areizaga proclama el siguiente edicto:
«Por el presente, usando de mi cargo, hago saber a todas las personas de cualquier estado y calidad que sean, a quien toque o pertenezca alguna porción o suertes de tierra, huertas o caseríos, que estuviesen dentro del cordón de la Real Casa de Campo, que deseando el Príncipe nuestro Señor, la gran diversión y recreo de la caza, sin que se le exija el más mínimo perjuicio a sus dueños. Ha resuelto, que sin embargo de lo reducido que es el límite de su Real Bosque, se restringa éste haciendo una nueva Cotería que le sirva de raya, empezando ésta desde la esquina de la tapia que está frente de la casa y huerta de Hoyos, río arriba a la boca del Arroyo de Andrequina; y desde ésta el Coto de tierras de la granja de los PP. Gerónimos, que lindan con las de S. A. hasta llegar a la vereda y valle, que sube al camino de Castilla y atravesando éste a la esquina de la tapia de la Viña y Venta de Aravaca, y desde allá a la Cuerda y Casa del Portillo, que llamamos La Nueva; y desde ésta a las cabeceras del Prado de Pantoja y Arroyo de Andrequina; y desde él al Cerro del Cuervo y desde éste a la Cuerda y vereda antigua de Somosaguas; y desde ésta a la esquina del Prado de Alboroz; y desde ésta a la Casa de Rodajo y desde ella por el Camino que sale al de Alcorcón, línea recta al frente de la esquina de la tapia del Real Bosque; siguiéndose ésta hasta el fin de ella, que está al frente de la dicha Casa y Huerta de Hoyos, donde empezó la cotería.» Y para que noticiosos los interesados de esta disposición puedan pasar al reconocimiento de las posesiones que tengan dentro de cotos, y exhiban los títulos y demás recados que califiquen la legitimación, o en su defecto prueben con la inmemorial su pertenencia en el oficio del infrascrito escribano del número de Madrid, para que se haga luego la medida y tasación de ellas por dos personas prácticas, nombradas una, por la parte de S. A. y la otra por la del dueño, con asistencia de éste o de su apoderado y del Guarda Mayor del referido Real Bosque, como también del infrascrito escribano. Y hecha que sea esta fundamental diligencia se otorgarán las respectivas escrituras de venta y sin demora ni perjuicio se le dará al interesado por la tesorería de S. A. el efectivo valor de su Alhaja, que si ésta no fuese libre sino es de mayorazgo, cargará su alteza con la costa, que tenga el sacar la facultad real, para que ni aún en esto se les siga extorsión ni menoscabo alguno. En cuyo supuesto no queda razón que sea legítima, para dejar de acudir todos, con la posible brevedad, a celebrar este tan justificado ajuste, ni para quejarse en lo sucesivo de los perjuicios que puedan originarse, y, por consiguiente, siendo por propia omisión suya, no deberá ser S. A. responsable de ellos. Todo lo cual se hace notorio para que en todo tiempo no se alegue ignorancia. «Asimismo, se hace saber a las personas que tuvieren algunas tierras fuera de la Cotería arriba nominada y en su inmediación, que no se les pondrá embarazo en que usen de ellas como les convenga, antes bien se les pagará por la tesorería de S. A. cualquier daño que se reconozca les haya hecho la caza menor en sus haciendas; bien entendido que para ello ha de preceder su tasación hecha por dos personas inteligentes, concurriendo con ellas el Guarda Mayor del Real Bosque, a quien acudirán los interesados, cuando estén en berza las semillas y antes que se alcen y recojan los frutos, en cuyas ocasiones y no en otras deberá practicarse esta diligencia. Y para que llegue a noticia de todos, mando se fijen copias de este edicto, firmadas del infrascrito, en los públicos parajes de la Villa de Madrid y los de Aravaca, Pozuelo de Alarcón, lugares de los dos Carabancheles y en las demás partes donde se tuviere por conveniente. — Hecho en el Pardo a seis de marzo de mil setecientos cuarenta y cuatro. »—Legitimado con sello de cuarto de Felipe V, año de 1744. Archivo General de Palacio
No duró mucho el reinado de este silencioso monarca, aunque desde el principio deja bien claras sus intenciones de reivindicar a aquellas personas a las que ama. Y así Fernando VI ya como Rey, recluye a su madrastra -Isabel de Farnesio- en el Palacio de La Granja de la que no la dejará salir. Y en su reunión con fray Martín Sarmiento para comentar opciones sobre la decoración de las fachadas del Palacio Real, le manifiesta su deseo de que la estatua de su madre María Luisa Gabriela de Saboya, que había muerto unos meses después de nacer él, presidirá la entrada principal del medio día del Palacio Real. Junto a su madre pone a su padre Felipe V, después a su esposa Bárbara de Braganza y a su derecha él mismo, en un claro desdoro a Isabel de Farnesio la reina madre que aún vivía. Por eso, nada más empezar su reinado Carlos III, quita las estatuas y no vuelven a reponerse hasta 1970. Dicen que lo hizo por un sueño que tuvo Isabel de Farnesio, en el cual las estatuas se caían de sus pedestales, matando al monarca, la realidad fue que Isabel de Farnesio hizo lo que estuvo a su alcance para deshacer el agravio que Fernando VI le había infringido.
En la Casa de Campo hace lo mismo con las dos mujeres que ama: su madre y su esposa, a la primera al llamar Plaza de Chamberí, antigua capital de la Saboya, entonces italiana, a un lugar tan íntimo y privado como esa plazoleta en el Vadillo de la Casa de Campo, aquel lugar donde a su madre le gustaba pasear.. Y a su mujer Bárbara de Braganza de la que manda colocar un busto en la Puerta Principal del Río junto al suyo.
Cuando Felipe V estaba ya muy enfermo de sus desequilibradas melancolías, y poco antes de morir, el día 29 de enero del año 1746, su hijo Fernando desde el Pardo envía a Jerónimo Val un Real Decreto, que en su nombre a redactado el escribano Juan Manuel Miñón Reynoso, para declarar Bosque Real la Casa de Campo. A instancias de Felipe V se corrige algunos pormenores que dan al decreto un carácter personal y donde reafirma la cesión de la nueva Casa de Campo y muestra sus sentimientos hacia Fernando.
El Decreto dicho en voz alta dice: “Se declara que el Bosque de la Casa del Campo, propio del Príncipe Don Fernando mi muí caro y muí amado hijo con los aumentos, o extensiones que tiene, y en adelante tuviese, son y han de ser Bosque Real con todos sus Privilegios y libertades sin que falte cosa alguna” “Y mando, que en la forma y modo de sustanciar las causas civiles, criminales o mixtas, y en la imposición de las penas, tanto en los puntos de denunciación, cuanto en cualquiera criminalidad que resulte entre Guardas, Cazadores, Leñadores, Pastores, y Ganaderos dentro del Bosque, y de las extensiones y aumentos, que en lo venidero se hiciesen se guarden enteramente las Leyes, y práctica que se siguen, y en adelante se siguiesen en los demás Bosques Reales y señaladamente en este del Pardo, según las declaraciones y ordenes que tengo dadas, o, que diese en lo futuro, inhibiendo, como inhibo absoluta, y perpetuame del conocimiento de todas las dichas causas, a todas las Justicias ordinarias, Jueces de comisión de Bosques, y otros cuales quiera a quienes por razón del término, distrito, o por otra cualquiera causa pudiese, o, debiere tocar. Y asimismo mando que de todas conozca privativamente el Ministro Togado que el Príncipe nombrase en Madrid, otorgando las apelaciones a la Junta de mis obras, y Bosques; y que para que los Guardas gocen de todos los Privilegios, y exenciones, que como a Guardas de Sitio Real los corresponden, y en las denunciaciones, y aprehensiones que hiciesen sean creídos, y respetados los baste el título que el Príncipe mandase despacharlos habiendo Jurado en manos del Ministerio togado que nombrase para el conocimiento de las referidas causas, téngase entendido en la junta de Obras y Bosques para su cumplimiento y para expedir la Cédula correspondiente».
Día 20 de febrero de 1746. Archivo General de Palacio, caja 28, expediente 2, legajo 6, Administraciones Patrimoniales.
Antes de un mes, el Rey firma “La Real Cédula”. 
Todo esto no deja de ser un formalismo necesario, ya que la Casa de Campo desde 1731 y ya definitivamente a finales de 1737, se la nombra en todos los documentos y escrituras como Real Bosque de la Casa de Campo y esto se mantendría así hasta bien entrado el siglo XIX.
Este deseo del Príncipe Fernando para que Felipe V declare Bosque Real a la Casa de Campo tiene su justificación y más cuando leemos la “Recopilación de las Reales Ordenanzas y Cedulas de los Bosques Reales del Pardo, Aranjuez, Escorial, Balsain y otros.” de Pedro de Cervantes y su sobrino Manuel Antonio de Cervantes que se publica en 1687, en los que se recogen todo lo concerniente a los Bosques Reales desde los Reyes Católicos.
Se piensa que fue Carlos I el que creo la figura de Bosque Real, aunque fue durante el reinado de su hijo Felipe II cuando se establecen las primeras ordenanzas sobre el Bosque Real del Pardo: “ Provisión general y ordenanzas del Real Monte y Bosque del Pardo de 23 de julio de 1572”. Con estas ordenanzas se funden las anteriores dispersas y recogidas en cartas y provisiones como las de los Reyes Católicos de fechas; del 3 de enero de 1470, del 14 de febrero y del 20 de mayo de 1495, y las del Emperador Carlos V del 20 de julio de 1534, otra del 10 de julio de 1537, otra del 10 de noviembre de 1539 y otra del 8 de junio de 1552. Felipe II crea la figura de Alcaide y Guarda de los Reales Bosques, como a los Jueces que deberán impartir justicia en las causas que sucedan en este territorio, para lo que se dictan las Ordenanzas pertinentes. Lo primero que se hace es delimitar el territorio del Bosque Real, ya que no se circunscribe únicamente al bosque en sí mismo, sino que comprende un área más amplia.
Es a Enrique III de Castilla, llamado «el Doliente» (1379- 1406) al que Salazar de Mendoza atribuye la creación de la Casa Real del Pardo. Como es sabido El Pardo es una apropiación de los reyes de terrenos que no eran suyos y que se justificaba con estos argumentos: “El Rey puede reservar para sí y para su salud y recreación y divertir el ánimo cansado con la fatiga de los cuidados públicos, sin pedir consentimiento del pueblo, algún número de montes, bosques y sitios amenos para cazar él solo en ellos, vedando su uso y entrada a los demás.” Más adelante se señala que esto era sólo concerniente a la caza, ya que las otras actividades se seguían produciendo. Esto nos indica que aunque Felipe II compró un terreno pequeño y lo dedicó a Jardín de Palacio, el amojonamiento que comprendía un radio de terreno (de ciertas leguas variables normalmente cinco) alrededor, le confería autoridad para cazar fuera de la zanja de la Real Casa del Campo, para ello incorpora los terrenos recién adquiridos a los Vargas al Pardo, como lo hará más adelante Fernando VI quedando reflejado en las escrituras, hasta que Felipe V ya con la Casa de Campo ampliada la declara Bosque Real en 1746. Teniendo en cuenta que divide los territorios en cuatro especies: “primera el territorio que comprende el Heredamiento; El Pardo, Casa del Campo etc… en los cuales el Alcaide es Juez Ordinario privativo de lo civil y criminal. Segundo: Suelos asignados por límites de heredamiento en lo que no se puede cazar, ni pescar, ni cortar árboles. Tercero: Son territorios de más remotos límites donde ya interviene la justicia ordinaria en lo referente a caza y pesca. Cuarta: Es el territorio señalado por la Cédulas que prohíben la tenencia de ciertos instrumentos como son redes, cepos, hurones y arcabuces. En estos territorios la justicia le corresponde al Alcalde la Localidad. “ ”Estos límites son lo que comprenden y encierran todos los heredamientos que es suelo perteneciente al dominio y privativo patrimonio de los Reyes, dentro de los cuales ningún otro sino el Rey tiene derecho de usar su suelo, aire, aguas, yerbas, leña, bellotas, caza y pesca.” Estos territorios del Pardo restringidos aquí en estos límites, tiene varias ampliaciones: “La primera: la Casa Real del Campo con todo su heredamiento, montes y bosques que tiene sus conocidos límites, zanjas y mojones, que como sitio y Casa Real lo gobierna la Real Junta y pertenece a la jurisdicción de dicho Alcalde y todos sus oficiales como aditamiento que es del Pardo, guardada por sus mismos guardas y visitada por su Alcalde como está dentro de sus límites y distrito y como tal se regulan sus fueros y ordenanzas. Pero puntualiza: salvo sus árboles, jardines y estanques que tienen su instrucción particular.” En este documento se especifica la fecha de 12 de mayo de 1567 en la que se agregó dicha Casa Real del Campo y sus estanques y heredamientos a los Bosques del Pardo para que la determinasen sus fueros y leyes.
Una vez que la Casa de Campo es declarada Bosque Real se crea para el recinto un cuerpo de guardias uniformados. Se reorganiza su administración dividiéndola en cuatro cuarteles y comienza su cercado, más sólido y duradero que el improvisado.
Y si bien es cierto de Fernando VI compra los terrenos con los que amplía la Casa de Campo y junto a El Pardo la rodea de una tapia. Lo que no hace es pagar lo que desde siempre le exigía Madrid sobre El Pardo. Fue su hermano Carlos III el que soluciona este conflicto, que como dije antes era un apropiamiento de un terreno comunal de la Villa de Madrid. El valor que se le puso por lo tasadores fue de 9.400.000 reales. Pero Carlos III decidió rebajar el precio a 5.984.176 reales y con la condicción de que estos se utilicen de la manera que el monarca decida. El 13 de marzo de 1764 la Depositaría General de los Cinco Gremios recibía de la Real Hacienda el dinero.
Fernando VI cuyo reinado transcurrió entre (1746-1759), el Justo, Prudente y que bien pudiera llamarse “Príncipe de la Casa de Campo”, configuró la actual finca que conocemos, sin que nadie en la posteridad le reconociera este empeño.
Después de la muerte de Bárbara de Braganza, aumentados sus desequilibrios se retira a su castillo en Villaviciosa de Odón, en su otro Bosque Real, muy cerca de la Casa de Campo, era el año 1759. Finalmente “el viernes 10 de este mes, a las quatro y quarto de la mañana, falleció nuestro amado Monarca D. Fernando el VI, a los cuarenta y cinco años, diez meses y nueve días de su edad; a los trece años, un mes y un día de su reinado, y el mismo en que fue proclamado el año 1746”.
El domingo 12 de agosto a las diez de la mañana, después de seis horas de viajes desde Villaviciosa de Odón, llegaban sus restos a la Puerta de Rodajos; los empleados de la Casa de Campo vistieron de riguroso luto, mientras pasaba la caravana fúnebre por el camino inclinado hasta entrar en Madrid por la puerta de Recoletos hasta la Calle de San José, para ser enterrado en el convento de la Visitación.
Ya ha quedado clara la aportación del monarca a la Casa de Campo a la que transforma y confiere la forma que hoy conocemos. Sin Fernando VI y sus compras no habría Casa de Campo, pues esta hubiera seguido la suerte de otros espacios menores, que fueron desapareciendo paulatinamente.

CARLOS III

Nacido el 20 de enero de 1716 en Madrid.

Murió el 14 de diciembre de 1788 en Madrid

Se casó con María Amalia de Sajonia (1738–1760) con la que tuvo a Carlos IV.

Hijo de Felipe V e Isabel Farnesio.

Una vez muerto Fernando VI se despachó un correo para su hermano el Rey de las dos Sicilias Carlos III, para que enterado de su muerte viniera a sucederle.
Su hermano Carlos III dejó Nápoles de mala gana, pues allí era muy bien considerado. No sabía entonces que en Madrid, según algunos historiadores haría sombra a todos los monarcas anteriores. Pero yo no voy a juzgar lo que hizo por Madrid, que es mucho, sino lo que hizo por la Casa de Campo. Hay una corriente propensa a atribuir obras y mejoras de la finca al periodo en que reinó Carlos III (1759-1788), solo con la intención de engrandecerlas, al atribuirlas al arquitecto que vino de su mano; Francesco Sabatini. Restándole dichos trabajos a importantes Maestro de Obras como Manuel de Molina, al gran Juan Bautista Sacchetti o a nuestro arquitecto Ventura Rodríguez.
No quiero dar a Carlos III lo que les corresponde a otros. Y la verdad es que durante su reinado no se hacen adquisiciones para aumentar la extensión de la Casa de Campo y las que se producen; ciento tres fanegas, son terrenos que estaban pendientes de escriturar en la zona de la Tapia Oeste, pero ya incluidas en el perímetro de la cerca que completó Sabatini. Y es igual de cierto que durante el reinado de Carlos III es cuando se terminan muchas de las obras que quedaron inconclusas en la Casa de Campo. Ahora sí, con la intervención del arquitecto Sabatini; se hace la reforma de la Casa de Campo o Palacete de los Vargas tal como ahora lo conocemos, la reconstrucción de algunos Puentes, la reparación de la cerca y sobre todo la construcción de la Iglesia de la Torrecilla, convirtiéndose en la obra de Sabatini más importante de la Casa de Campo.
Dicen unos que Carlos III no pasaba ningún día sin cazar, porque para él era un día perdido, caza que debió producirse en El Pardo, ya que otros afirman que el Rey apenas estuvo tres veces en la Casa de Campo. Está claro que se tiende a la exageración y es muy humano hacerlo. Mirando con serenidad los archivos se desmienten muchas opiniones. Lo que si se percibe son los nuevos aires que mueven la Casa de Campo, denotando a un monarca rodeado de personas capaces, que llevan su trabajo a altas cotas y hacen de él a una persona preocupada por la obra bien hecha y por la buena administración. Su reivindicación de acabar con los enterramientos en las iglesias, que no llevó a cabo, hizo que mandara construir el Cementerio de Empleados de la Casa de Campo para inhabilitar el de la Iglesia de Rodajos. Sus compras como dije no aumentaron la finca, sino que legalizaron terrenos con dificultad de escriturarse, por tratarse de Mayorazgos. Sin duda es el monarca que más huellas deja de su labor, los documentos y facturas sobre la Casa de Campo, durante su reinado, son prolíferos y detallados. Y como indicativo de que no hizo ninguna adquisición para la Casa de Campo citaré parte de su testamento:
“Declaro que durante mi reinado he hecho algunas adquisiciones de bienes, raíces o estables, y varias mejoras y adelantamientos en otros; como son los pinares de Balsaín, La Moraleja, Palacio de Riofrío y otras cosas semejantes que heredé de mis padres y Señores D. Felipe V y Doña Isabel de Farnesio. Es mi voluntad que todos los bienes referidos y otros cualesquiera, de igual o semejante naturaleza estable, adquiridos en cualquier manera, por conquista, compras, cesión o herencia, queden incorporados a la Corona, y pasen a mi hijo el Príncipe, y demás sucesores en ella, sin división ni separación alguna; para lo cual, en caso necesario, derogo cualesquiera leyes y disposiciones en contrario, como Soberano que no reconozco superior en lo temporal”.

CARLOS IV

Nació el 11 de noviembre de 1748 Portici Italia.

Murió el 20 de enero de 1819 en Roma.

Casado con María Luisa de Parma (1765–1819) el 19 de marzo de 1808 abdica en su hijo Fernando VII. Era hijo de Carlos III de España y María Amalia de Sajonia.

Todo lo dicho sobre Carlos III, no podemos decirlo de su hijo Carlos IV (1788-1808), “el Cazador” como le llamaba el pueblo y que aprovecho su primer año de reinado, cazando sin cesar en El Pardo y la Casa de Campo. Un año después de su coronación comenzó una época nueva y difícil para las monarquías ya que en Francia se desencadena la Revolución Francesa. El miedo se cierne sobre los monarcas de su tiempo. Carlos IV en un gesto poco inteligente, recurre a endurecer las medidas de represión, y a desconfiar del pueblo. Reprime cualquier gesto de reforma, utilizando a la temible Inquisición. En algunos informes se refleja la desconfianza del Rey hacia el personal de servicio. La Casa de Campo no es ajena a su actitud y lo primero que promueve en ella es un trazado nuevo por donde pasear, más amplio y despejado, donde el personal de la finca no puede acceder, dicen que por miedo a un atentado. Y para impedir la expansión revolucionaria venida de Francia controla las conversaciones del personal de la Casa de Campo, recurriendo incluso a sirvientes contratados para ello. En esos años se le oía en el Palacete tocando su Stradivarius esperando que las cosas mejorasen. Nada mejoró sino todo lo contrario. Pronto vino de Francia su sustituto, y con él un periodo más amable para la Casa de Campo y menor honroso para España.

JOSÉ I

Nació el 7 de enero de 1768 en Francia.

Murió el 28 de julio de 1844 en Florencia, Italia.

Casado con Julia Clary (1794–1844)

Era hermano de Napoleón.

No sabemos que vio José I en la Casa de Campo, el llamado Rey Intruso, cuyo reinado apenas duró cinco años (1808- 1813), para que hiciera de este lugar y su Palacete, su estancia frecuente. Y lo que para Carlos IV era inseguridad, para José I es seguridad e intimidad. No obstante, esa seguridad será a base de represión y celo. Lo sabemos porque el Presidente del Ayuntamiento de Madrid Pedro Sainz de Baranda, el 7 de noviembre de 1812 hace circular un decreto por el que se castiga a los que se reúnan en las calles, y en el mismo decreto leemos: “Se prohíbe absolutamente la entrada en la Casa de Campo bajo la pena de doscientos azotes al que quebrantarse este artículo”. Otra de las medidas es que ninguna casa cercana al Palacete debe estar habitada. Los afrancesados que también los había entre los obreros de la Casa de Campo, comprobaron que el mejor rey era el rey muerto o “sin cabeza” como gustaban decir los revolucionarios franceses. El sueño de un amo generoso y comprensible que por temor respetaba a sus inferiores, estaba muy lejos de ser el ánimo de José I. El rechazo del pueblo que él esperaba sumiso y complacido, le acerca a su predecesor; desconfiando de todo el servicio y solo atendido por su guardia personal. No respeta privilegios de aristócratas no afines y expropia todo lo que está dentro de la finca, incluyendo los emblemáticos Pozos de la Nieve. Manda a Ventura Rodríguez que construya un pasadizo que comunique la Casa de Campo con el Palacio Real y que se sustituya el Puente de madera sobre el Manzanares por uno de piedra. Los trabajos encomendados a Villanueva muestran que a pesar de su origen sus preferencias arquitectónicas son españolas, no así las referidas a jardinería, ya que para bien de la finca trae a jardineros franceses que tanto enseñaron a los de aquí.
A su favor hay que decir que limpia y ordena la Casa de Campo, adecenta los manantiales y en un alarde de pulcritud intenta acabar con las zonas pantanosas que tanto mosquito procuraban, instalando retretes en las casas que deja habitar.
En contra de la opinión que se generó cuando los franceses abandonaron Madrid, en lo relativo a los saqueos que se decían haberse producido en el Palacete de la Casa de Campo, las tropas napoleónicas apenas se llevaron nada de importancia. En los inventarios posteriores se vio que no faltaba nada digno de mención.

FERNANDO VII

Nació el 14 de octubre de 1784 en El Escorial.

Murió el 29 de septiembre de 1833 en Madrid.

Se casó con María Amalia y María Cristina de Borbón-Dos Sicilias (1829–1833).

Fue el padre de Isabel II.

Era hijo de Carlos IV de España y María Luisa de Parma

Y el pueblo que según dicen aclamó el regreso de su monarca, llamándole “el Deseado”, pronto cambió el adjetivo por el de “Felón”. Con su retorno, Fernando VII que reinó entre (1813-1833) mandó que se terminaran algunas de las obras de la Casa de Campo que proyectara José I el intruso, como construir el Puente del Rey. Pero en su desesperado deseo de volver a ser respetado, no sólo restauró la Inquisición, derogada por José I, sino que endureció las sanciones que imponían las autoridades ante cualquier protesta y así hizo con las sanciones por entrar sin permiso en la Casa de Campo.
No es un Rey agradable para los que buscan desentrañar sus preferencias, poco o nada se interesa en la Casa de Campo que no provenga de la Princesa napolitana María Cristina, su cuarta esposa, ella más sensible, liberal y abierta a su tiempo, fue una enamorada de la Casa de Campo, y lo sabemos porque el propio Rey quiso regalarle una parte de ella. Se recogen en algunos escritos su trato con el personal de la Casa de Campo que era cordial y campechano. Influye decisivamente sobre el Rey para que se realicen en la finca proyector agrícolas y principalmente ganaderos, y es a partir de 1829 cuando se nota su parecer.

María Cristina de Borbón

Nació el 27 de abril de 1806 en Palermo, Italia.

Murió el 22 de agosto de 1878, El Havre, Francia.

Fue madre de Isabel II de España.

Casada con Fernando VII y Agustín Fernando Muñoz y Sánchez (1833–1873).

 Era hija de María Isabel de Borbón y Francisco I.

A la prevista muerte de Fernando VII en 1833, le vino la regencia de la Gobernadora del Reino María Cristina de Borbón (1806-1878), tenía 27 años y la Casa de Campo le sirvió de refugio a sus amores con el guardia de corps, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez con el que se casó en secreto. Para María Cristina la Casa de Campo era su finca y por ello se esforzó en que fuera rentable. Durante su regencia en 1834 se le presentó un proyecto para construir un pueblo en la Casa de Campo, un pueblo que se iba a llamar “La Real Cristina”. Afortunadamente el proyecto no tuvo viabilidad. Su influencia sobre su hija Isabel no fue todo lo que hubiera querido pero al menos en algo influyó en sus educadores.

ISABEL II

Nació el 10 de octubre de 1830 en Madrid, Murió el 9 de abril de 1904 en París, Francia.

Se casó con Francisco de Asís de Borbón (1846–1902).

Fue madre de Alfonso XII.

Era hija de Fernando VII y Cristina de Borbón-Dos Sicilias.

Cuando Isabel II (1833-1868) tuvo edad para hacerse con la corona, su intervención en la Casa de Campo estuvo muy por debajo de lo esperado. Sin embargo, durante su tutela Agustín de Argüelles tiene claro que los tiempos para la Casa de Campo son otros, sin Rey, la caza ya no es el principal aliciente y sí la agricultura y la ganadería. Hay que agradecer a la crisis permanente en la que siempre estuvo el país, para que a la Casa de Campo no le pasara lo que al Parque del Buen Retiro, que fue seccionado y vendido para beneficio de las arcas reales. Tuvo algunos pretendientes, pero sin el dinero necesario para que la Reina vendiera la finca. Solo pudo con ella el dinero que le proporcionó la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España, por cederle terreno en el año 1861 para el paso de la línea ferroviaria del norte, que seccionó la Casa de Campo y fue el origen de múltiples incendios producidos por las locomotoras de carbón. Aunque se preocupó de renovar el arbolado -ahora disfrutamos de algunos ejemplares de aquella época– La falta de agua, o mejor dicho el mal reparto de esta, fue uno de los asuntos que trató con relativo éxito, trazando nuevas caceras para distribuir las aguas del Arroyo de los Meaques. Sin un sentido concreto todo lo que hizo fue capear la situación, lo que llevó a la Casa de Campo a estar prácticamente abandonada cuando a finales de 1871 Amadeo de Saboya nombra un nuevo administrador que hace un demoledor informe sobre el estado de la finca.
Se dice, equivocadamente que Isabel II engrandeció la Casa de Campo, no es cierto, ya que la compra de la finca de los Meaques no fue para unirla a la Casa de Campo. Esta compra fue una mala inversión que nunca se justificó ya que se pagó por ella más del doble de lo que costaba en realidad.

ALFONSO XII

Nació el 28 de noviembre de 1857 en Madrid.

Murió el 25 de noviembre de 1885, en El Pardo.

Se casó con María de las Mercedes de Orleans (1860–1878) y María Cristina de Habsburgo-Lorena (1879–1885).

Fue el padre de Alfonso XIII.

Era hijo de Isabel II y Francisco de Asís de Borbón.

Alfonso XII que reinó entre (1874-1885), continua con la obra de su madre y hace de la finca un lugar de recreo más al estilo intimista de su carácter. En algunas ocasiones utiliza la finca como cazadero. Construye un nuevo lago de patinaje y un embarcadero de estilo romántico en el lugar que hoy lo conocemos. Completa el riego de la Casa de Campo que comenzara su madre, y manda construir un depósito de aguas traídas del Lozoya y su distribución con la Cacera Norte. Alrededor de este Depósito José Pérez Sanjuán construye un cenador en hierro, para sus veladas nocturnas, donde gustaba observa el atardecer junto a la Reina.

María Cristina de Habsburgo

Nació el 21 de julio de 1858, Moravía.

Murió el 6 de febrero de 1929 en Madrid, Casada con Alfonso XII de España (1879–1885).

Fue madre de Alfonso XIII.

Hija de Isabel Francisca de Austria y Carlos Fernando de Austria-Teschen

Cuando Alfonso XII murió, otra María Cristina, ahora la austriaca haría de regente, con poca influencia y mucha literatura, en la Casa de Campo.

ALFONSO XIII

Nació el 17 de mayo de 1886 en Madrid.

Murió el 28 de febrero de 1941 en Roma. Casado con Victoria Eugenia de Battenberg (1906–1941).

Era hijo de Alfonso XII de España y María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Con Alfonso XIII (1886-1931) la Casa de Campo vuelve a recuperarse las cacerías. Su proximidad a palacio y la abundancia de caza menor, hacía que todo visitante extranjero se le invitara a una jornada cinegética o al Tiro Pichón en las nuevas instalaciones cercanas al Medianil. Quizá por ser un Rey del que abunda las fotografías de caza en la Casa de Campo, se piensa que era su cazadero habitual, no es así; Alfonso XIII era más partidario de ir a cazar a la Venta de la Rubia donde se estaba instalada la Sociedad de Caza, ya que reúne mejores condiciones para la caza con galgos, la nueva moda traída de Inglaterra por Victoria Eugenia. La Reina, en una entrevista que le hicieron en el exilio de Lausana, dice que uno de los momentos más felices fue, cuando saltándose el protocolo, iba con sus amigas venidas de Londres, a jugar al escondite entre los árboles de la Casa de Campo. O sus incursiones en el patinaje en el lago helado.
Con Alfonso XIII se acaba la influencia Real en la Casa de Campo y empieza otra; la gestión Municipal del Ayuntamiento de Madrid, que hasta hoy se mantiene.

LA II REPÚBLICA

Entrega de la Casa de Campo al Ayuntamiento de Madrid por parte de gobierno provisional de II República el 6 de mayo de 1931.

En abril del año 1931 y cuando no había pasado una semana desde la proclamación de la II República, un decreto del Gobierno provisional sanciona la cesión de la Casa de Campo al Ayuntamiento para disfrute de los madrileños. Y no es un acto más, se convierte en el símbolo de los nuevos aires y de la nueva cultura, más próxima al contacto con las personas. La revolución de 1868 había entregado El Retiro al pueblo de Madrid, convirtiéndolos en un magnífico parque público. La II República hacer lo propio con todo un Bosque Real. A las 12 de la mañana del 6 de mayo de 1931, se escenifica la firma y entrega de la Casa de Campo al Ayuntamiento de Madrid. Ayuntamiento presidido por el alcalde republicano Pedro Rico López, quien crea una comisión, cuyos trabajos recaen en los Servicios Técnicos Municipales, su gerente, el arquitecto José de Lorite Kramer, y el arquitecto municipal encargado de las obras, Manuel Álvarez Naya, ellos se encargarán de dar forma y concreción a un detallado “Plan de utilización y aprovechamiento de la Casa de Campo”, que recoge las orientaciones científicas, culturales y educativas de los naturalistas, para un «parque natural y de aclimatación», y que, por otro lado, incorporaba proyectos más populares, con una zona de recreos dotada de piscinas, campo de deportes, bares, restaurantes y «un gran parque de atracciones al estilo de los Luna-Park de París y Bruselas». La influencia que estos nuevos usos tuvo en la Casa de Campo no fue del todo positiva, ya que se crearon nuevos caminos asfaltados que contribuyeron a la masificación y el consiguiente paso de coches a motor. En este periodo se construyen numerosas fuentes públicas y se abren accesos nuevos al recinto. Hasta entonces era difícil visitar la Casa de Campo, sólo se abría al público una vez al año el día de todos los santos y se dejaba coger bellotas (una pequeña bolsa por persona), los demás días se necesitaba un pase especial o autorización.
El Ayuntamiento se encuentra una Casa de Campo abandonada tanto en la jardinería como en los edificios que contiene. Después del error cometido el 1 de mayo de 1931, donde una ingente masa de ciudadanos entraron sin control en una finca, que no estaba preparada para tales aglomeraciones. Los responsables se dan cuenta de la fragilidad de un lugar que ha estado durante siglos aislado. En lo concerniente a la toponimia, la República cambia los nombres de muchos de sus paseos calle o caminos, sobre todo los que hacían referencia a personajes de la realeza. Crea nuevas plazas y en estos cambios nunca utiliza el personalismo, sino nombre relacionados con la naturaleza y en especial con las aves.
La jornada, relataba ABC, vivía un paro general para celebrar la fiesta del 1 de mayo. «La población, sin tranvías, ni Metro, ni taxis, con todos los comercios, oficinas y talleres cerrados, ofrecía raro aspecto», mientras «en dirección a la Casa de Campo» y a otros grandes parques «comenzaron a marchar muy temprano miles de familias provistas de la comida para pasar el día».
De ahí las palabras que unos días después el 6 de mayo, pronunciaría el Alcalde Pedro Rico en la entrega simbólica de la Casa de Campo de manos del Ministro de Hacienda Indalecio Prieto:
“Para que se siembre en la conciencia colectiva de la multitud la verdadera finalidad de la entrega de la Casa de Campo, que no es para sitio de orgías, francachelas y merendonas, que destruirían y desvirtuarían el verdadero sentido de la entrega”.
Los proyectos para la Casa de Campo comenzaron inmediatamente, se habilitaron los accesos y se construyeron fuentes y servicios, se pavimentaron caminos y se limpió y restauró el muro de El Lago. Pero muchos de los grandes proyectos, afortunadamente, se quedaron en el camino por falta de financiación.

LA GUERRA CIVIL

Durante la Guerra Civil 1936-39 la Casa de Campo estuvo en el frente de batalla de los que querían tomar Madrid y los que la defendían.

En el año 1936 llega el momento más lamentable no sólo para la Casa de Campo sino para toda España, el de la Guerra Civil (1936-1939). La Casa de Campo por su situación y la mala gestión en la toma de Madrid, se convierte en frente de batalla, dejándola arrasada y con huellas que aún hoy perduran. Se destruyeron casi todas las edificaciones importantes y el arbolado y la vegetación quedaron seriamente dañados.
En el trabajo de mi amigo e historiador Luis de Vicente Montoya sobre la Guerra Civil en la Casa de Campo, expone con precisión lo que fueron aquellos días de noviembre de 1936.
“A primeros de noviembre, las tropas del General Franco habían llegado a las afueras de la capital en un rápido e imparable avance desde el sur de la Península. Prácticamente todo el mundo daba como segura la inmediata caída de Madrid. El Gobierno Republicano teme la pérdida de la ciudad y se traslada a Valencia para seguir gobernando a salvo de riesgos. Madrid queda bajo el mando de una Junta de Defensa presidida por el General Miaja”.
“La Casa de Campo fue el lugar elegido para el paso de las tropas nacionales hacia la zona de Moncloa, lugar por donde se iniciaría la ocupación de la ciudad. Según el plan, el día 8 de noviembre, dos columnas realizarían ataques de distracción por los barrios de Carabanchel y Usera, mientras que la acción principal la llevarían a cabo tres columnas que atravesarían la Casa de Campo y cruzarían el río Manzanares por el Puente de los Franceses. Contra todo pronóstico Madrid resistió, y las tropas nacionales sólo llegaron a ocupar algunos edificios en la Ciudad Universitaria, entre los que destacaba el estratégico Hospital Clínico, frente a la plaza de la Moncloa. Tras este intento fallido del ataque frontal, hubo luego tres maniobras que pretendían el cerco de la capital que igualmente fracasaron”.
“Se llegó a una situación terrible para ambas partes: las tropas nacionales no habían podido asestar el golpe definitivo, y por primera vez, el enemigo se enfrenta a ellos de forma organizada, y reforzado con nuevo material bélico. La guerra, entonces, se adivina larga e incierta.
“La situación no era mejor para los republicanos, que si bien habían frenado la ocupación de la capital, tenían al enemigo a las puertas de casa, con la artillería del Cerro de las Garabitas y del Cerro del Águila golpeando impunemente. Madrid aprendió a convivir con el miedo, el horror y el hambre durante los dos años y medio en que se prolongó el conflicto”.
La elección de la Casa de Campo no fue casual, ya que era un terreno en el que las tropas sublevadas tenían ventaja, frente a las aún desorganizadas milicias populares, que apostadas en los edificios de la ciudad, resultaban impredecibles.
Las consecuencias de esta mala elección se vio rápidamente y lo peor para la Casa de Campo estaba por venir. Afortunadamente los edificios más importantes fueron desalojados y sus tesoros puestos a buen recaudo, antes de la pretendida toma de Madrid.
Pero la guerra iba a ser larga y en ese periodo de tiempo iban a sucederse diferentes batallas o conflictos que destruirían definitivamente todos los edificios que ocuparon las tropas golpistas. Solo se salvarían de la destrucción la Casa de Campo de los Vargas, la Faisanera y algunas construcciones menores que estaba en una franja que podríamos llamar de nadie.
Lo primero que se destruyen son las puertas de la Tapia Oeste, empezando por la de la Venta, Batán y Rodajos. Eran puertas estrechas que los carros de combate ensancharon de un empujón que las dejó tendidas en el suelo.
Las casas de los guardas no tuvieron mejor suerte ya que sirvieron de parapeto a las tropas nacionales y en los diferentes combates fueron convertidas en ruinas: La Casa de los Pinos, Batán, Rodajos, del Portillo, Renegado, Cobatillas etc…
Lugar aparte fue el caso de uno de los conjuntos más significativos y valiosos de la Casa de Campo; el de la Torrecilla.
Voy a transcribir lo que la prensa del día siguiente a su destrucción dijeron:
“Madrid, 14 de junio de 1937. — A las nueve y media de la noche del domingo recibió a los periodistas el general Miaja y les dijo que no tenía ninguna noticia digna de especial mención que comunicarles.
Se encontraba en el despacho del general el jefe de su Estado Mayor, teniente coronel Matallana, a quien preguntaron los informadores a qué eran debidas las explosiones que se oyeron en Madrid durante la pasada madrugada, y el teniente coronel Matallana contestó:
La cosa no tuvo importancia. Parece que un polvorín que los facciosos tenían en lugar próximo a la capital, ha volado por alguna imprudencia de los encargados de su custodia.
Esto ha sido lo ocurrido.
En la Casa de Campo, los facciosos, ante el temor de quedar copados en un sector de aquel lugar, y de que fueran destruidas las posiciones que ocupaban, vuelan éstas, abandonándolas inmediatamente y dejándolas en poder de nuestras fuerzas”.
“Madrid, 14. Hace dos días los soldados que operan en el sector de la Casa de Campo pudieron observar que los facciosos parecían haber abandonado tres posiciones, desde las que se defendían de los ataques de nuestras tropas.
Estas tres posiciones eran la Casa de Labor, La Torrecilla y la iglesia de la Casa de Campo.
Más arriba está el cementerio, dominando estas tres posiciones bajas, a cuyas tapias nuestros soldados llegaron en más de una ocasión y se trajeron algunos fusiles que arrebataron a los rebeldes desde la parte de fuera de las aspilleras, quitándolos a tirones.
El Mando habla dispuesto qué se construyera una mina para volar estos edificios. Los facciosos, percatados sin duda de la maniobra, construyeron una contramina. Anteanoche, cuando la tranquilidad era absoluta, se oyeron tres formidables explosiones.
Las explosiones fueron como una señal. Desde el cementerio los facciosos comenzaron a hacer un fuego intensísimo. Todas sus máquinas disparaban sin cesar, sus morteros y su artillería.
Ante aquel tiroteo incesante, nuestros soldados no perdieron la serenidad y apenas se molestaron en contestar, disparando escasísimos tiros. A las tres y media de la mañana se hizo la primera descubierta. Un poco más tarde comenzó a clarear, y nuestros hombres observaron, con gran asombro, que ninguna de las tres edificaciones mencionadas existía. Únicamente se observaban algunos incendios en los sitios donde las edificaciones sé alzaban.
Fácilmente fueron ocupados por nuestras tropas estos tres lugares.

Un jefe de la 75 brigada ha explicado así el caso: La situación de ellos era cada vez más difícil.
Día a día veían cómo nuestras trincheras les iban cercando sin disparar un solo tiro. Sospecharon también la mina que estábamos construyendo, e hicieron una contramina.
Por datos que han facilitado algunos evadidos se sabe que estaban con el alma en un hilo esperando de un momento a otro se produjera nuestra voladura. Anteanoche, algún indicio les indujo a suponer que la cosa se iba a realizar de un momento a otro, y sin esperar a más se fueron de las tres posiciones, haciendo saltar la carga de dinamita, que fue de más de diez mil kilos.
Un evadido ha dicho que los jefes que mandaban estas posiciones son el comandante Vitoria y el teniente Cabrera, de los que dice que son unos verdaderos tiranos. Pasa de dos kilómetros la extensión de terreno ocupado últimamente por nuestras fuerzas en el sector de la Casa de Campo”.
La realidad es que los nacionales volaron los edificios más emblemáticos de la Casa de Campo al igual que el bando Republicano había hecho, bombardeando, con otros edificios como la Casa de Vacas y algunas construcciones próximas al hipódromo.

Después de la Guerra Civil

Al final de la Guerra Civil el escenario que presenta la Casa de Campo es desolador, escombros por todas partes, restos de munición y un arbolado que había sufrido mutilaciones y arranques para ser utilizado como combustible.
Hay que señalar una cuestión de mucho significado, si bien es verdad que los principales edificios, salvo la Casa de Campo de los Vargas y la Faisanera, han sido algunos volados y solo quedan sus cimientos y algunas paredes, otros sin embargo serán víctimas de las necesidades propias de la posguerra. Los vecinos próximos a la Casa de Campo encuentran en estas casas abandonadas restos de maderas, tejas, ventanas o puertas que reutilizan para reparar sus viviendas. Las vigas de madera de las techumbres se utilizan para calentar las denostadas casa que sobrevivieron. Toda la chatarra es arrancada para venderse y en estas labores se arruina aún más los edificios que aún sobrevivieron.

Ya no están sus mejores construcciones como la Casa de Vacas, el conjunto de Rodajos y la Torrecilla. Y lo peor es que nadie cree necesario recuperar este patrimonio histórico. Algunas edificaciones se dejan a su suerte y años después desaparecen; Casa del Renegado, Cuartel de Rodajos etc. Hasta 1946 no se reabriría de nuevo el parque al público una vez retirados los restos más peligrosos de bombas y munición. Se tiene que reconstruir o reparar la tapia en muchos lugares que había sido derribada y comienza un periodo de incertidumbre sobre su futuro. Las reglas de juego han cambiado y las políticas se dirigen a otros fines. En 1941 el usufructo popular es de un tercio, y en 1952 se logra la totalidad de disfrute. Y no es hasta julio de 1963 cuando el Ayuntamiento consigue el pleno dominio del bosque, hasta entonces en manos del Patrimonio Nacional. En los años posteriores a la Guerra Civil el General Moscardó, nombrado Jefe Nacional de Deportes, proyecta hacer en la Casa de Campo un circuito para celebrar carreras de coches y motos. Afortunadamente sólo se celebró en el año 1941 el primer campeonato de España de motos militares. En ese mismo año se ceden los terrenos al Club de Campo y Sociedad Hípica. En el año 1945 se expropian terrenos para canalizar el Manzanares. En el año 1950 se inicia la construcción de la Feria del Campo sobre terreno de la Casa de Campo. En el año 1952 se cede un terreno para construir un alberge juvenil. En el año 1953 se expropian los terrenos para hacer la Autopista de la Casa de Campo, hoy Avenida de Portugal. En el año 1957 Patrimonio Nacional vende el triángulo formado por Puerta del Ángel, Puente de Segovia, Puente del Rey. El 6 de febrero del año 1961 se inaugura el ferrocarril suburbano creando una muralla más a la zona sur. En el año 1969 se inaugura el Parque de Atracciones. En el año 1971 se amplía teóricamente la Casa de Campo en 400 hectáreas, con unos terrenos de Pozuelo que lógicamente nunca se integrarán de verdad. En el año 1972 se inaugura el Zoológico. Y de una forma u otra, para lo que interesa, ya estamos en la Casa de Campo de hoy.

La Casa de Campo hoy

Los terrenos de la Casa de Campo en la actualidad pertenecen a Patrimonio Nacional como Sitio Real que fue, pero por el decreto de cesión de 20-04-1931 y por Ley del 23-12-1948 están cedidos en usufructo perpétuo al Ayuntamiento de Madrid pero conservando la propiedad Patrimonio Nacional.
En el Decreto de 1674/1963 del 11 de julio se recuerda lo que ya quedó escrito en la cesión que hizo la II República, es decir:
Se cede por el Estado, en pleno dominio, la llamada Casa de Campo con la obligación de la Corporación de conservarla “para solaz y esparcimiento del vecindario”, sin que pueda enajenarla, gravarla o destinarla a otros fines que los indicados.
El Ayuntamiento de Madrid los debe destinar a parques de recreo e instrucción, sin perjuicio de las concesiones existentes a favor de entidades oficiales o particulares (Ley de 23 de diciembre de 1948, complementaria a la de 7 de marzo de 1940. Declaración sobre la Casa de Campo). Ya se verá en el capítulo dedicado a los Recintos Feriales, que hay otras concesiones a favor de entidades municipales, sin que estas cumplan los fines para lo que fue cedida la Casa de Campo.
La Casa de Campo en la actualidad está catalogada como Bien de Interés Cultural en el apartado de Sitio Histórico desde 17 de noviembre de 2010 en que es publicado el decreto en el B.O.C.M. nº 275 página 20. Su protección comienza en tiempos de la República con el Decreto-Ley de 3 de junio de 1931.
La gestión del Parque depende directamente de la Dirección General de Patrimonio Verde del Área de Gobierno de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Madrid.
Hablamos del mayor parque de Europa y por sus especiales características posee un valor ecológico de gran relevancia. Debido a su situación dentro de la ciudad de Madrid soporta una presión humana que ocasiona problemas de conservación. De carácter forestal, el Parque presenta un terreno ondulado en suave pendiente que desciende hacia el este, con unos cerros que destacan como los de las Garabitas (678 m. I.G.N.) y pequeños Arroyos (Meaques, Antequina, Prado del Rey etc.) Se caracteriza por el dominio del encinar en forma de bosque y adehesado. También existen masas de pinares, repoblaciones con distintas especies y zonas ajardinadas en las inmediaciones de las instalaciones de recreo y vías de comunicación. El Parque se encuentra limitado en su mayor parte por una cerca en su mayor parte un muro de mampostería y en otras una simple valla metálica. Se encuentra situado en el distrito de Moncloa-Aravaca. Limita al oeste con el término municipal de Pozuelo de Alarcón, al norte con el barrio de Aravaca, al este con el río Manzanares y al sur con los barrios de Campamento, El Batán y Puerta del Ángel.
La existencia de un espacio natural tan extenso como éste, a las puertas de una gran capital como Madrid, supone un hecho poco habitual, lo que otorga por sí mismo a esta zona verde una gran singularidad. A su vez, desde el punto de vista ecológico este espacio resulta de gran interés debido a la importante masa forestal que comprende. Aunque su vegetación potencial está representada por el encinar mediterráneo, éste aparece en muchas ocasiones con una estructura de dehesa aclarada debido a la acción del hombre. Lo mismo ocurre con otros bosques menos extensos de fresnedas y sotos fluviales. Por el contrario son los bosques procedentes de repoblación, principalmente pinares y cupresales, los que constituyen las masas forestales más extensas del Parque. Estas importantes masas forestales albergan una variada fauna ornítica y algunos mamíferos entre los que destacan roedores, insectívoros y lagomorfos. La proximidad de este espacio a una gran ciudad como Madrid así como sus instalaciones de tipo recreativo como el Club de Campo, el Parque de Atracciones, el Zoológico o El Lago, hacen que a diario, miles de personas acudan a disfrutar de este entorno.
En el año 1983 con la elección de Enrique Tierno Galván como Alcalde de Madrid llega la primera actuación importante para la Casa de Campo, con las restricciones al paso de vehículos de motor por gran parte de sus vías y la construcción de barreras naturales que impidieran que los vehículos deterioraran el piso vegetal, su intención era cerrar al tráfico la Casa de Campo. Acometió el estudio para definir el plan de rehabilitación y usos del Parque, creando dos zonas bien delimitadas en cuanto a sus usos. En el año 1993 el Ayuntamiento de Madrid vuelve a retomar la idea anterior con su “Estudio y Diagnóstico del Estado Actual de la Casa de Campo” en el que además de un inventario del Parque, se propuso una primera zonificación en dos áreas denominadas “zona de uso extensivo” y “zona de uso intensivo” y una valoración ecológica del Parque.
Posteriormente se realizó el “Plan Especial de Protección y Ordenación de la Casa de Campo” (1994), que basándose en el Estudio anterior planteó un conjunto de propuestas de actuación.
Pero el problema clave para la Casa de Campo es qué durante muchos años, y ahora en menor cantidad, Las siguientes medidas de limitación del tráfico rodado después de 1983 se producen en el mes de julio de 2007, entonces el Ayuntamiento de Madrid con Alberto Ruiz Gallardón al frente, cierra parcialmente al tráfico privado la Casa de Campo, sobre todo el tráfico de los pueblos del oeste madrileño, permitiéndose desde ese momento únicamente el acceso a la zona de El Lago y Paseo del Piñonero, el Zoológico y el Parque de Atracciones. Dejando la posibilidad de ser atravesada diariamente por miles de vehículos que utilizan los viales interiores abiertos, como ruta de acceso a la Carretera de Castilla. En 2017 se limita la salida por la Glorieta de las Moreras del Paseo del Piñonero a la Carretera de Castilla dirección sur. El ideal sería suprimir una de las principales fuentes de degradación, devolviendo al peatón y al medio natural el territorio anteriormente dominado por los vehículos y favoreciendo una utilización del territorio más acorde con sus valores naturales, culturales e históricos. En los últimos años se cierne otra preocupación y es la afluencia masiva de las bicicletas, cuyos conductores no respetan los trazados habilitados para ellas.
A pesar de ser un enclave donde parece predominar la naturaleza, la Casa de Campo, como ya hemos visto antes, es un Sitio Histórico gracias a su pasado y los hechos históricos que en ella sucedieron. En este apartado cabe señalar el interés que posee en una de las partes más desconocida de la Casa de Campo que es su valor monumental. Muchos conocen este patrimonio, casi ruinoso, que se esparce por la finca. Después de leer este trabajo se comprenderá mejor ese valor. Con la declaración de B.I.C. todo este patrimonio debe ser tratado como una de las características más valiosas de la finca. Este es su futuro, ya que las repoblaciones excesivas en algunos casos de árboles, son ya parte del pasado, ahora se trata de recomponer y repoblar aquellos paseos consolidados que componen el Reservado, y el Bosque del Ruiseñor entre los Paseos de los Castaños y los Plátanos, sin olvidar el Paseo del Piñonero, el de los Nogales y claro está las alineaciones que dentro del Club de Campo formaron parte de la jardinería histórica de la Casa de Campo.

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