Luis I

Era el diez de enero de 1724, cuando Felipe V en un arrebato de locura o de ambición, abdica en su hijo Luis el trono de España. Poco duró su renuncia, porque el 31 de agosto del mismo año, Luis I muere de viruela.

Otras versiones de la época dicen respecto a su muerte:

“De resultas de un enfriamiento en la Casa de Campo, el novel monarca contrajo unas intermitentes que no pudieron ser atajadas, y murió á los pocos meses de haber subido á aquel trono tan codiciado”.


Durante este corto reinado, sucede algo transcendental para la suerte de la Casa de Campo. Luis y Fernando, únicos hijos sobrevivientes del matrimonio de Felipe V con su primera mujer María Luisa Gabriela de Saboya, y por ello marginados por Isabel de Farnesio, la nueva esposa del monarca, obsesionada en la prosperidad para sus descendientes.

El Príncipe Luis y el Infante Fernando sufren una especie de destierro por parte de la Reina, que les impedía ver al Rey y asistir a celebraciones en palacio. Luis junto a su hermano se perdían en las arboledas de la Casa de Campo mientras paseaban, hablado de sus preocupaciones y melancolías que los dos compartían.

Luis siempre fue consciente del significado que para su hermano tenía la Casa de Campo, lugar que Felipe V apenas visitaba. Por eso y una vez en el trono, lo primero que hizo fue regalar la Casa de Campo a su hermano Fernando, como prueba de su aprecio.

Este acontecimiento se recoge en un informe de Cayetano Juan de Obregón a Ricardo Wall y Devereux del 20 de diciembre de 1759 donde se dice:

“El Real Bosque de la Casa del Campo al principio del Reynado de la Magestad del Sr. Rey Don Luis primero que está en gloria lo cedió para su diversión a su Hermano D. Fernando Príncipe de Asturias, y después nuestro Rey y Señor que falleció y está en gloria… Aquel sitio era entonces de Corta extensión, y luego se fue ampliando poco a poco, y cercándolo, a costa de dicho señor Príncipe del ahorro que hizo de sus Reales alimentos, que de uno, y otro, he sido Contador… Con el cuidado de conservación, y aumento del expresado Real Bosque, y reales Alimentos, corrió en su governación don Carlos de Areizaga, quien le dio la amplitud, y ser que hoy tiene, comprando infinitas tierras, y posesiones que contiene su Cotería, y costaron muchos reales, cuyas escrituras originales existen en la Contaduría de mi cargo con otros documentos dimanados de su referencia”.

El anterior documento viene a fechar correctamente el que sigue que erróneamente se tiene por ser del año 1746, año de la coronación de Fernando VI, siendo de 1724:


“Cesión que hizo su Majestad al Infante Don Fernando del sitio y bosque de la Torrecilla en la Casa del Campo”.
«Habiendo dado S.M. (q.d.g) al serenísimo Sr. Infante D. Fernando (Fernando VI solo fue infante hasta 1724 que pasó a ser Príncipe de Asturias y después Rey) para su diversión el Real Sitio y Bosque de la Torrecilla con todo lo que incluye de tapias afuera de la Casa del Campo que viene a ser, Torrecilla, Bosques y estanques, con orden de que para este efecto se quiten, las vacas, cabras, y demás ganado que en dicho bosque pastase. Esta orden se ha de dirigir al Duque del Arco (el Duque de Arcos, Caballerizo Mayor de Rey desde 1721, era Alonso Manrique de Lara y Silva, y había fallecido el 27 de marzo de 1737) previniéndole haga acomodar luego la Torrecilla y los estanques, y que se corten los caminos y sendas nuevamente abiertas para que de las perdices, liebres y conejos que allí se echen de orden del Sr. Infante puedan los dos guardas que pondrá S.A. tener el cuidado necesario para su mejor conservación.
Y para que estos Guardas puedan así mismo cumplir con su encargo es preciso informarles que los términos señalados a su cuidado son desde el Ángel camino arriba de Alcorcón, aguas vertientes, al Arroyo del bosque hasta igualar con el peso de Casablanca subiendo y atravesando camino de Rodajos; Ytos de Umena bajando y atravesando su senda tomando los altos sobre la derecha a la Casa que llaman de Cobatilla, y bajando el camino de Arabaca a la casa del Zerero y desde ella en derechura al Ángel para que puestos los mojones convenientes en los parajes y confines expresados a qta del sr Ynfante se hagan capaces de los términos y límites del Bosque y desempeñen con acierto su obligación. Que se ordene a los Guardas que no consientan que persona alguna Cace en su jurisdicción ni pesque en los estanques sin licencia de S.A.
Que todo ganado de pasto se ahuyente del expresado sitio desde luego, menos las vacas de la Reyna que deben pacer en el hasta fin de septiembre de este año y no más.
Se mandará a los Guardas que de todas las denuncias que hicieren en su distrito den cuenta inmediatamente al Ballestero principal de los dos que están destinados para el Real Servicio de S.A. y que esta pase a ponerlo en noticia del Duque del Arco para que dé las providencias más convenientes a su remedio. Que los Guardas hayan de obedecer indispensablemente cuanto se les mandase por los Ballesteros y que estos reciban los órdenes para todo lo que se deba efectuar en dicho sitio solamente del Montero mayor o de Su Teniente y no de otro alguno”.
Fecha: 1746 (errónea). Archivo General de Palacio.


Luis I cuando era Príncipe de Asturias demuestra un deseo por cazar en los terrenos que aún no eran de la Casa de Campo, concretamente los que ahora pertenecen a la Venta de la Rubia, y que en más de una vez y posiblemente con su hermano Fernando, les costó las quejas de los dueños de los campos donde cazaban. Quizá este deseo por los terrenos que estaban al oeste de la Casa de Campo llevó a su hermano menor a las posteriores compras y expropiaciones


Copio una descripción de Luis I cuando era Príncipe de Asturias:


“Él heredero de la corona no era un joven ni un príncipe como los demás. Estaba en la edad de las expansiones y era reservado. Su buena salud, alta posición y juveniles alientos disculpaban en él ciertas incorrecciones, y sin embargo parecía indiferente á todo: á mujeres, á distracciones, á anhelos de triunfos de amor propio; á todo absolutamente. Representaba un papel de príncipe con corrección, pero sin gusto y sin estímulo, tratando de ocultar el despego que le producían las fiestas y ceremonias palatinas. Su única diversión era la caza, que más que diversión parecía en él deseo de retraimiento. Pasábase la mayor parte de los días cazando en la Casa de Campo ó en la Moncloa, en compañía del marqués de Cogolludo (Duque de Medinaceli), primogénito de la casa de Medinaceli, hacia el cual demostraba alguna predilección. Mostrábase con sus padres respetuoso y cortés, pero nunca expansivo, y en resolución presentaba un aspecto desusado en un ¡oven de su edad y de su rango… El Príncipe de Asturias era además un buen naturalista, especialmente en lo que se refiere á la parte ornitológica. Tenía una soberbia colección de aves de todos los países, vivas ó disecadas, consignando acerca de ellas datos científicos y curiosos.
Proclamado rey de España D. Luis I, pareció salir de su apatía. Dedicóse á organizar el ejército, del que antes no se había ocupado. Amplió la guardia real y creó diez y nueve regimientos de línea; lo cual hacía suponer que tenía ideas belicosas. Pero fué en balde su actividad”.


Una vez muerto Luis, a partir de ese instante, año 1724, el que sería un año después Príncipe de Asturias Fernando se hará cargo de todo lo que concierne a la finca y unos meses después del regalo, hace su primera compra de tierras para ampliar la finca. Este acontecimiento configurará el contorno, y seguramente el futuro de la Casa de Campo y las previsiones que sobre ella se pronosticaban.

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