Sabatini un influencie del siglo XVIII

Por Rafael Pulido Fernández

Este año 2021 se cumple el III centenario de su nacimiento

Francisco Sabatini nació en Palermo el 10 de marzo de 1721. Como hijo de aristócratas le pusieron varios nombres; Carlos, Casimiro, Vicente y Francisco.


Su padre fue Erasmo Antonio Sabatini Gaeta, este segundo apellido se añadía a la hidalguía por el lugar de nacimiento, teniente coronel y su madre María Teresa Gialiano Palermo descendiente de la ilustre Casa Conticelli.

Estudió en Palermo humanidades, filosofía y matemáticas, aunque sus preferencias se decantaron por la Arquitectura.

A los 28 años se fue a Roma, donde comenzó a trabajar con los mejores arquitectos.

Palacio Real de Caserta


En 1757 es nombrado segundo director de las obras del Palacio Real de Caserta que se estaba construyendo para el Rey de Nápoles Carlos VII futuro Carlos III de España. Las obras las había comenzado 1752 el arquitecto Luigi Vanvitelli, que años más tarde sería suegro de Sabatini.

En esta época Sabatini es contratado por el futuro Carlos III para realizar las obras de saneamientos e higiene de Nápoles, como después haría en Madrid.

Luigi Vanvitelli

Nació en Nápoles el 12 de mayo de 1700 y murió en Caserta, 1 de marzo de 1773) fue pintor, ingeniero y arquitecto.

Como arquitecto hizo el Palacio Real de Caserta uno de los más bellos de Europa.

Carlos VII de Nápoles y III de España

Nació en Madrid, el 20 de enero de 1716, y murió también en Madrid el 14 de diciembre de 1788.

Cuando el 11 de septiembre de 1759 Carlos III fue proclamado rey de España se trajo de Nápoles a los que habían sido sus colaboradores durante su reinado Italiano. Por eso no se olvidó de los servicios que Sabatini le había prestado como arquitecto y militar y le ofreció que viniera con él a España.

Sabatini aprovechó la ocasión para prosperar en su carrera.

En mayo de 1760 llegó a Aranjuez con la comitiva de Carlos III, así lo recogen los historiadores. Esta afirmación se verá más adelante que no es cierta, ya que Sabatini tuvo que pagarse su viaje a España realizado por su cuenta.

Ya en Madrid y con treinta y nueve años se le abre un porvenir prometedor.

Había sido nombrado arquitecto por voluntad del Rey y sólo así, bajo la protección real se explica su rápida ascensión en el escalafón militar y social.

Carlos III no tuvo en consideración a arquitectos tan importantes como; Manuel de Molina, Ventura Rodriguez, Francisco Moradillo, Juan de Villanueva o Juan Bautista Saqueti aunque este último estaba al final de su vida.


Así describe los hechos el escritor y político Eugenio de Llaguno y Amírola contemporáneo de Sabatini:

«Vino con una reputación a España en 1760, y se ingirió en el Real Cuerpo de Ingenieros. Ya era en él teniente coronel en 1763 y volando, como se suele decir, fue después coronel ingeniero de los reales ejércitos y plazas de S.M. en 1766: brigadier ingeniero director en 1772: mariscal de campo en 1781: teniente general en 1790: comandante e inspector general de ingenieros y consejero nato del supremo de la Guerra en 1792: comendador de Fuente del Maestre en 1794: y gentil hombre de cámara de S.M. en 1796.

Además de todos estos honores y distinciones era académico de mérito de San Lucas de Roma, individuo de la de los Arcades en aquella capital, y arquitecto mayor del Rey y del real Palacio de Madrid.
De esta manera Sabatini fue el profesor más condecorado que se ha conocido en Europa, y en la historia moderna de la arquitectura: todo ello debido sin duda a su mérito artístico, a su esfuerzo militar, al país en que nació y el influjo que adquirió en la corte».


Se nota una cierta ironía en las palabras de Llaguno.

Esta es la Real orden de 21 de junio de 1760 por la que se le nombra Ingeniero ordinario.
Real orden:


«El Rey ha admitido en su servicio en calidad de Ingeniero ordinario a D. Francisco Sabatini, que se hallaba de Comisario extraordinario en el de S.M. el Rey de las dos Sicilias y mandado que hasta nueva orden se mantenga en Madrid, para ser empleado según la voluntad de S. M. de cuya Real orden lo participo a V. S. para su inteligencia.
Dios guarde a V. S. muchos años.
Buen Retiro 21 de junio de 1760.-Don Ricardo Wall.

El día 4 de agosto de 1760, le confería la Real Academia de San Fernando el grado de Académico de Honor y Mérito.


Inmediatamente de su llegada a España se pone a trabajar para la corona en algunos asuntos que estaban pendientes desde hacía años, como la higiene y adecentado de las calles de Madrid, como ya hiciera en Nápoles.


En 1761 se da la “Instrucción para el nuevo empedrado y limpieza de las calles de Madrid en que se contiene sustancialmente el proyecto de D. Francisco Sabatini; aprobado uno y otro por S.M. (que Dios guarde) por su Real orden de catorce de mayo de mil setecientos sesenta y uno”.

El edicto consta de trece apartados a cuál más interesante donde se reflejaba las deficiencias higiénicas de Madrid.

En marzo de 1764, el rey le concede permiso para casarse con Cecilia Vanviteli que tenía en esos momentos 15 año. La ceremonia por poderes se celebró el 16 de noviembre del mismo año, en la iglesia de San Marcos.


Cecilia era natural de Roma e hija del arquitecto Luigi Vanviteli -a cuyas órdenes había trabajado Sabatini en Caserta- y de Olimpia Sterik.

Con ella vino su hermano, Francisco Vanviteli, brigadier del Real Cuerpo de Ingenieros, que vivió con ellos en un cuarto del casón en que residían en Madrid.
Con Cecilia tuvo cuatro hijos; Luis María, Ana María Mariana, María Teresa y Luis Jaime, sólo sobrevivieron a la mayoría de edad las dos hijas. Ellas a su tiempo se casaron con aristócratas; Mariana, la mayor se casó con Jerónimo de Lagrua hijo de D. Antonio Lagrua Talamanca, príncipe de Carini, y de Caterina Gioeni, de la casa ducal de Angio. Jerónimo llegaría a ser ministro plenipotenciario de España en las cortes de Génova, Estocolmo y Parma. La menor, María Teresa, se casó con Antonio de Zayas, Marqués de Zayas y comendador de la Orden de Santiago.

Nombrado por el monarca su Arquitecto Mayor, tuvo que dirigir las principales obras públicas de su tiempo:
La Fábrica de Porcelana establecida en Madrid, en el Retiro, el sepulcro de Fernando VI y Bárbara de Braganza, el templo de San Francisco el Grande comenzado en 1761 y terminado en 1784, el Ministerio de Hacienda construido en 1768, la Puerta de San Vicente levantada en 1775, el Ministerio de Marina 1776, la Puerto de Alcalá erigida en 1779 y las Caballerizas Reales.


Tuvo Sabatini de teniente de arquitecto a su cuñado Pedro Vanvitelli, de su mano leemos un escrito donde refleja que en 1787 comenzó a decaer la salud de Sabatini. En este oficio dirigido en febrero de dicho año al Arzobispo-obispo de Osma diciéndole, con motivo de ciertos detalles de las obras que le tenía encomendadas, dice: que su cuñado hallábase enfermo de gota desde el 19 del referido mes.

Sabatini era una persona austera y solo se gastaba lo necesario, según sus palabras: “vivir con la prudente economía que se exige de todo hombre sensato”.

Quien haya leído sus presupuestos, verá que hace hincapié en la reutilización de materiales y la disminución del coste presupuestado.


Sin embargo, vivía como un noble. Residía en una gran casa alquilada sita en la calle Alta de Leganitos, esquina a la plazuela de los Afligidos, por donde tenía la entrada. Contaba con numerosas habitaciones y oratorio privado. Además de las estancias de los señores, incluido comedor, y de la servidumbre y otras dependencias, había un «cuarto de dibujo», con tres mesas de pino «un bufete color de porcelana», dos «papeleras» (escritorios), «seis tableros para dibujar de diferentes tamaños» y un «bastidor encerado para dibujo». De servicio tenía tres criados, dos criadas, una camarera, un cocinero, un ayudante de cocina y un cochero y un mozo de mulas. Tenía cinco coches para sus desplazamientos: dos ingleses, una berlina inglesa, un coche italiano y otro de camino.

Durante su vida Sabatini había conseguido una gran fortuna, no es cierto lo que dicen algunos historiadores, y este fue el motivo de los pleitos que su mujer Cecilia tuvo con sus hijas.


Cecilia era todo lo contrario que Sabatini y no le gustó el reparto de bienes que este había redactado, en caso de su muerte, dejándola en circunstancias peores que a sus hijas, ya que eran estas las que pasarían una mensualidad a su madre. Sabatini justificó este testamento diciendo que si le dejaba su fortuna a Cecilia en pocos años estaría en la miseria.

Cecilia reclamaba la mitad de la fortuna y así el 20 de agosto de 1800, ya muerto Sabatini se dictó sentencia favorable a Cecilia.

En el juicio se definió bien el carácter y las relaciones personales entre la pareja, teniendo en cuenta que se llevaban casi treinta años de diferencia.

Firma de Sabatini

Profesionalmente Sabatini acaparó todos los puestos posibles dentro de su categoría de arquitecto por lo que su presencia se ve en todas las obras de la época y sobre todo madrileñas.

Sabatini fue un hombre de éxito en la Corte; rodeado de lujos y consideraciones, con un influjo extraño que a nadie escapaba. Consiguiendo más popularidad personal que sus propias obras entre las que no se encuentra ninguna de la categoría que posiblemente merecía.

Sabatini un hombre influyente o “INFLUENCIE” en el siglo XVIII

Hombre con espada

Este cuadro fue pintado en 1778 por Goya, con él quiso Carlo III promocionar las famosas hojas de espada toledanas, sabedor de la popularidad de Sabatini entre los militares y aristócratas.

Sabatini se limitó a poner su imagen y por eso Goya la titula “Hombre con espada” para indicar el verdadero sentido del cuadro donde la espada ocupa el primer plano.

Podemos leer sobre esta obra de Goya que pertenecía a una colección privada de Madrid, que luego pasó a la colección Wildenstein de Nueva York y posteriormente fue adquirida por el Meadows Museum de Dallas en 1967.
Titulada “Hombre con espada” la siguiente descripción:

“Hoy en día no se conoce con seguridad la identidad del este personaje que fue identificado por Solveig Nordström como el arquitecto Francisco Sabatini… Respecto a la identidad del personaje, Luna especula que pueda tratarse de un secretario del ministro Floridablanca o de un individuo que cumpliese varias funciones dentro de la Corte, como por ejemplo la de maestro de esgrima”.


Mis investigaciones sobre Sabatini y el cuadro de Goya me llevaron a descubrir el verdadero sentido de este famoso retrato.


En primer lugar; el personaje que aparece en el cuadro de Goya es, sin lugar a duda, Sabatini. La comparación con los retratos de la época de Sabatini no deja lugar a duda.
Si además unimos lo que voy a contaros, el retrato queda situado en su contexto y significado.

¿Por qué Carlos III pidió a Sabatini que se retratara con un florete en la mano?

Sencillamente para promocionar con su imagen las espadas toledanas. Tal era su influencia entre los militares y la nobleza.


En 1761 la fabricación de hojas de espada en Toledo, de fama universal desde antiguo, hubiera desaparecido si no interviene Carlos III para remediarlo.
Carlos III manda recuperar la fabricación de hojas de espada en Toledo, primero en una pequeña fábrica, que pronto se queda pequeña.

En 1777 se le pide a Francisco Sabatini la ejecución de una nueva en las márgenes de río Tajo en el lugar llamado Playa de las Barcas, para aprovechar la fuerza hidráulica.

Sabatini proyecta una fábrica más moderna y amplia que empieza a funcionar como fábrica de espadas en 1780.

Es durante las obras de la fábrica, cuando Goya pinta a Sabatini como si de un cartel publicitario se tratará.


Carlos III la cedió al cuerpo de Artillería la fábrica. Hoy forma parte del Campus Universitario de Toledo.

MUERTE DE SABATINI

Sabatini que como vimos anteriormente ya padecía de gota desde al menos diez años antes, murió de esta enfermedad el 19 diciembre de 1797.
Fue enterrado en la iglesia de San Martín, en la noche del día 20.

La Gaceta de 2 de enero de 1798 daba la triste noticia de esta manera:


«El 19 de diciembre último falleció en esta corte a los 76 años de edad el E. S. Don Francisco Sabatini, Gentilhombre de Cámaro de S. M. Comendador de Fuente del Maestre en la orden de Santiago, Teniente General de los Reales ejércitos, Consejero nato en el Supremo de la Guerra é inspector General del Real Cuerpo de Ingenieros. Siendo Teniente de Artillería, al servicio de S. M. Siciliana, vino a España el año 1760 y tuvo su ingreso en el referido cuerpo de ingenieros: desde entonces, por sus particulares conocimientos en la arquitectura civil se le encargó de la intendencia y dirección de las obras del Real Palacio, en los cuales y en las diferentes comisiones que se le han confiado manifestó siempre su celo, instrucción y esmero por el mejor servicio del Rey y bien del público como lo acreditan los muchos edificios que en esta corte y en otras ciudades del Reino y de América se han construido bajo su dirección. Por estas circunstancias y por su desempeño en los asuntos militares que se le han ofrecido en los 18 años que estuvo al mando de uno de los ramos del expresado cuerpo hasta que en el de 1792 se le confió la Comandancia general de él, ha merecido particular aprecio y dejado una recomendable memoria.»
De la partida de defunción de Sabatini copio a continuación:
EI Excmo. Señor Don Francisco Sabatini, del Consejo de S. M. en el Supremo de Guerra, Teniente General de sus Reales ejércitos, lnspector General del Real Cuerpo de Ingenieros, Comendador en la orden de Santiago de Fuente el Maestre y Gentil hombre de cámara de S. M. con entrada, marido que fue de la Excma. Sra. D.ª María Cecilia Bambitely, natural de la ciudad de Palermo en Sicilia, hijo legítimo do D. Herasmo Antonio Sabatini y de Doña María Teresa Gialiano, difuntos, Parroquiano de esta Iglesia, plazuela de los afligidos, casa de Administración. Otorgó su testamento en veinte y cuatro de septiembre de mil setecientos noventa y cinco, ante D. Pedro Valladares, escribano Real y de provincia dejando la disposición de sus testamentarios el funeral y número de misas que señalen, nombrando por tales a dicha Excma. Señora su esposa, Señor D. Gerónimo Lagrua y Señor Marqués de Zayas. Instituyendo por herederas a las Señoras Doña Mariana y Doña María Teresa Sabatini, sus hijas legitimas. Recibió los Santos Sacramentos, murió en diez y nueve de Diciembre de mil setecientos noventa y siete. Enterróse en San Martin con licencia del Sr. Vicario en uno de los nichos de lo bóveda del Santísimo Cristo de los Milagros;
y para que conste lo firmo: Fray Fulgencio Lamela.

Sus restos se perdieron en el traslado de la Iglesia de San Martín al actual edificio en 1836.


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