Glorieta de la Encina de Trillo

Sirve de vértice al limite de los Cuarteles de Rodajos y los Pinos.

Situada en la confluencia por el norte con el Camino de la Encina de Trillo, del Caminos de Rodajos, por el oeste la Vereda Vieja y por el sur el Camino de Rodajos Ver en Google Maps (UTM 436096.36 m E-.4474186.92 m N).

La Encina de Trillo

Glorieta reciente que en realidad es un encuentro de caminos, formada entorno a la Encina de Trillo donde confluyen varios caminos importantes de la Casa de Campo. Antes la Encina no estaba en el centro, sino desplazada al Oeste.

Trillo de arado con su timón

El origen de su nombre se debe a que es un ejemplar de encina, que popularmente y en botánica, se le llama de trillo, porque su forma permitía la fabricación de un timón o tiro para el trillo.

Por la desconexión que tenemos con este tipo de utensilios, el concepto ya ni lo conocen los botánicos, pero sí, en algunas zonas donde no se ha perdido el uso de herramientas rurales. Este comentario viene a dar respuesta a la errónea, insistente y pretendida denominación de encina del trillo que a veces leemos.

La Encina de Trillo cuando aún no se había convertido en el centro de una glorieta año 1910


Mientras que la glorieta es de nueva formación, la Encina de Trillo o de «Trujillo», como se la nombra en el mapa de 1862, ya quedaba reflejada a mediados del siglo XIX.

En diferencia con la Encina de San Pedro, que es contemporánea, esta sabemos su situación y que aun pervive, mientras que desconocemos si la de San Pedro perdura o no.

Su fama fuera de la Casa de Campo, se la dio el rey Alfonso XIII que tenía por costumbre durante las cacerías de instalar una tienda de campaña bajo sus ramas para almorzar y proseguir la caza.

Mapa que se entregaba a los invitado a la caza para el almuerzo 1903

Voy a contar un suceso que sucedió estando el Rey comiendo en la Encina de Trillo y que será de mucha importancia para la Encina de Trillo:

Era el 6 de diciembre de 1903.

Llegada la hora del almuerzo, el Rey y sus acompañantes, se dirigieron al sitio llamado la Encina de Trillo, donde se tiene por costumbre, bajo sus ramas, instalar una tienda de campaña.

A la llegada del Rey la mesa, como siempre, estaba servida.

Cuentan los comensales que estaban a punto de terminar el almuerzo y se oyó un disparo a no mucha distancia.

Se suspendió la comida y todos salieron a enterarse de lo que había ocurrido, cuando en dirección contraria a la que seguían vieron llegar corriendo a dos mujeres jóvenes y detrás un hombre anciano vestido con el uniforme de guarda de la Casa de Campo.

Las jóvenes, que venían jadeantes y sudorosas, al llegar ante D. Alfonso, arrodilláronse, exclamando:

¡Señor! ¡Ni nosotras ni nuestro padre hemos sido! ¡Perdón, señor!

Añaden que D. Alfonso les preguntó qué había ocurrido, y que tomando entonces la palabra el anciano guarda, dijo, sobre poco más o menos:

«Estaba yo en el sitio que se llama plazuela de los Siete Hermanos, y que dista de aquí (del lugar donde so celebró el almuerzo regio) poco más de un kilómetro.

«Estando allí -continuó diciendo el guarda-

se presentó Vicente, a quien conocemos por el sobrenombre del Pardillo, un pastor que tiene a su cargo los ganados que pastan por estos alrededores.

«Tenía yo mi carabina descargada, y el Pardillo la cogió para probar un cartucho que se había encontrado».

«Voy a ver -me dijo- si este cartucho sirve para tu carabina».

Yo le dejé el arma, y de pronto, cuando yo no veía a Vicente, sonó un disparo. Al volver la cabeza vi que el pastor había caído en tierra y el arma se encontraba junto a él. Me acerqué, y noté que Vicente tenía una herida en el costado derecho. Di voces y acudieron mis hijas, y al comprobar la gran desgracia que había ocurrido, echamos a correr para contar lo sucedido.

¡Señor, que nosotros no tenemos culpa ninguna!

Inmediatamente marcharon al lugar donde había ocurrido el suceso el doctor Albern, el duque de Arlón, el conde de Aybar y el administrador de la Casa de Campo, quienes, en efecto, hallaron tendido en el suelo el cadáver del Infortunado pastor, que tenía una herida de arma de fuego en el costado derecho, por la cual había arrojado gran cantidad de sangre.

D. Alfonso y sus acompaña dieron por terminada la caza y regresaron a palacio.

Este acontecimiento fue muy comentado por toda la prensa de la época y a partir de esa fecha la Encina de Trillo se empezó a nombrar con bastante frecuencia y a reflejarse en los mapas.

La vemos nombrada en relatos de Antonio Velasco Zazo de Pedro de Repídes Gallegos y otros. Siempre otorgándole un halo de misterio y situándola en lugar salvaje.

La Glorieta de la Encina de Trillo sigue, de momento, sin estar reflejada en los planos publicados de la Casa de Campo.

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