LA SÍTULA

Diario de los días previos al encuentro:

Por Rafael Pulido Fernández.

Estamos a día 30 de septiembre de 2019 y las cosas van rápidas.

Se ha vallado unos siete mil metros cuadrados de terreno, coincidiendo con la interpretación que nosotros hemos hecho de las referencias que aportaba José Pérez de Barradas Álvarez de Eulate sobre una excavación en la Casa de Campo en 1933.

Si no lo sabes Pérez de Barradas era el arqueólogo Municipal encargado de todos los yacimientos abiertos en la capital allá por el comienzo del siglo XX.

1 de octubre de 2019

Cuando llegamos a las nueve de la mañana la excavadora ya había empezado a abrir una zanja de 3 m de ancho y una profundidad de 0,50 m. A esa tarea se la denomina “rascado del terreno”.

Como en los días anteriores se habían suprimido los árboles que molestaban, la máquina trabaja con rapidez en un terreno húmedo de anteriores tormentas que se deja excavar con facilidad.

Desde el primer momento surgen los hallazgos:

Una mancha negra determina una zona donde aparecen los primeros indicios de restos romanos; trozos de cerámica tosca y de terra sigillata, tejas, ladrillos y posteriormente un broche o fíbula y una moneda.

No es poco para los primeros movimientos de tierra.

La excavadora se mueve de Oeste a Este, al contrario que lo hiciera Pérez de Barradas en 1933 y pronto alcanza los doscientos metros de longitud marcados por el ilustre arqueólogo desde el Puente de la Agachadiza o de Cachadizas Arroyo de los Meaques abajo.

La máquina, excava con la suavidad que un dinosaurio nos acariciaría la espalda.

Va retirando los escombros añadidos por el hombre al terreno, sobre todo de las obras del suburbano en los años 1950-61.

En su escasa inteligencia levanta fragmentos de cerámica y los huesos se trocean y un chirrido de piedras te hace rechinar los dientes y el cerebro, pero la pala, insensible, sigue su trabajo de quitar tierra hasta llegar donde esta se torna oscura y empieza el cenicero romano.  

Estamos en el nivel de hace dieciocho siglos. La mano de acero araña el cenizal o vertedero. Los restos se amontonan a los lados de la zanja mezclados en grandes cúmulos de tierra. La excavadora prosigue paralela al Arroyo de los Meaques y la primera zanja trazada, ahora se nos antoja poco interesante y se abandona.

La máquina comienza otra zanja de 3 metros de anchura paralela a la anterior y prosigue hasta llegar a completar casi noventa metros de longitud. Resulta esta ser más fructífera que la anterior ya que corta lateralmente un cenicero que a todas luces se haya, en parte, intacto, es decir que no fue excavado por Pérez de Barradas.

Este cenicero o basurero proporciona una ingente cantidad de restos. Solo se ha tocado diez centímetros, acaso veinte del cenizal o vertedero y la abundancia de escombro romano es impresionante.

Las piezas aparecen con cenizas pegadas como el cemento, llenando de incógnitas las piezas, estas se igualan en una envoltura gris, solo la fina terra sigillata de la cerámica romana sobresale como amapolas entre las amarillas y pardas tierras de la Casa de Campo.

Allí con paciencia, los llamados buscadores de restos abandonados, con el beneplácito de los arqueólogos, encontramos pequeños fragmentos que alimentan nuestra imaginación arqueológica.

Son restos que los profesionales desprecian, los consideran contaminados o poco interesantes, pero a nosotros nos emocionan de una manera difícil de comprender por los especialistas.

Al final de la mañana sobre el terreno formamos nuestro pequeño museo de curiosos restos, cerámica amarilla, negra, roja, anaranjada, tosca y fina, toda una mezcla de fascinantes pedazos.

Hay también cristal; bordes de pequeños frascos y huesos de animales, sobre todo dientes de equino.

¡Pero… de pronto!

Recordamos perfectamente ese momento; de entre la tierra recién excavada de la profundidad del nivel romano, aparece un elemento especial, un fragmento cerámico distinto, lo recojemos con las manos, lo acercamos a nuestros ojos y parece el asa de una vasija en forma de cabeza humana.

El azar y la constancia de varios días, el último pedazo loencontramos un mes después y una vez tapada la excavación, reúne cinco piezas del mismo vaso en apenas un metro cuadrado de terreno, el dibujo a peine de su conjunto y el tono de su barro hace los pedazos más reconocibles entre la multitud de restos cerámicos lisos.

Análisis de los fragmentos una vez unidos:

Fragmentos de sítula de cerámica encontrada en el Cerro de Chacadizas (Madrid) Yacimiento José Viloria Rosado.
Sítula reutilizada como contenedor funerario en El Olivillo (Cádiz)

Como dijimos son cinco los fragmentos reunidos de una pieza pequeña de barro marrón, con acabado rudimentario, cuya asa de sujeción tiene forma de cara humana (antropomorfa) la de un hombre con barba cuya frente ha sido atravesada por un agujero circular a punzón y que hace de argolla para el posible soporte de un asa como las de los cubos de un pozo, esto se desprende de la forma de esta pequeña asa horizontal, se nota que no está hecha ni en tamaño ni en forma para usarse como tal, ya que apenas permite coger bien la pieza. Mas parece que nos encontramos ante un vaso modelado para una función ornamental de poco uso. Está más claro que esta asa de medio circulo con orificio, está hecha para sujetar otro elemento como un asa metálica, cosa bastante complicada ya que el metal rompe con facilidad el barro, lo vemos en la sítula del Olivillo en Cádiz, sería mejor utilizar una cuerda para sujetar el vaso y poderlo sumergir en otro recipiente mayor, por ejemplo; en un pozo o fuente. Esto justifica que al agujero no se le haya quitado la rebaba de barro, así tiene mayor aguante. No sabemos si la pieza completa contaba con dos asas, ya que, de momento, no hemos encontrado más restos, posiblemente sí, a semejanza de otras vasijas similares.  

Sítula de barro con asa metálica. Italia  

El relieve de la pieza desde el cuerpo hasta el cuello muestra cuatro bandas, dos lisas que alternan con dos marcadas con un peine de doce hendiduras finas. Los detalles de la cara que adornan el asa son apreciables y los rasgos generales del rostro masculino muestran los ojos un tanto hundidos y de la boca solo el labio inferior ya que el superior se funde con la nariz que a su vez. ha sido formada con un pellizco con los dedos.

El conjunto del asa está hecho con barro añadido sobre la pieza ya acabada, así se ve sobrepuesta al dibujo de los dos trazos en el borde y en la banda superior del cuerpo de la vasija. Las incisiones que dibujan la cara se han realizado, seguramente con la mano, concretamente con los dedos y las uñas.  La representación del cabello de la barba que se puede adivinar sobre la ceniza, se limita a ocho hendiduras separadas y haciendo forma de barba y esta continua con tres surcos profundos debajo los ojos, como si fueran lágrimas.  

El barro de la pieza a pesar de los avatares a los que ha sido sometido, no presenta huellas de erosión por el uso. La pasta con la que está hecha tiene un tono marrón oscuro rojizo por ambos lados con granos de arena, más evidente en el interior.

No es una pieza hecha a molde, sino a torno. Tiene 82 mm de boca y el grosor de su material va disminuyendo desde los 5 mm de los labios a los 3 mm hacia la base.

Asa de sítula metálica
Asa de sítula de cerámica

Este tipo de piezas con representación de personajes masculinos barbados situados en las asas, según las investigaciones descritas en el trabajo: “Un aplique antropomorfo masculino barbado de la producción del Alfar de Gallineras-Cerro de los Mártires (2012). Por Antonio M. Sáez Romero, José Juan Díaz Rodríguez y Antonio Sáez Espligares, se fabricaban ya hacia el 225-175 a.n.e. para jarras de la vajilla helenística de barniz rojo a imitación del barniz negro griego e itálico.

Asimismo, cabe citar que otro molde de este mismo tipo, aunque carente de contexto, se documentaron en el Cerro de los Mártires (Cádiz), también se encuentran apliques cerámicos de estos barbados (en el caso de Cartagena, claramente dionisiaco) lo que indica que no fue exclusiva de una zona en el contexto hispano.

Pero este tipo de representación es más propio y común en las asas de una sítula de ahí que hagamos una pequeña introducción de esta vasija.

Qué es una sítula

La palabra sítula proviene de latín y se traduce como: caldero, balde, cubo etc.

Este recipiente generalmente metálico, pero que puede ser de cerámica, como en este caso, o de cristal, se caracterizan por tener el cuerpo globular y borde saliente redondeado, con la boca cerrada con un asa en cesta sobre el borde. Tiene su origen en oriente y la encontramos ya representada en pinturas de algunas tumbas egipcias del siglo XVI a.n.e. Llegando a Europa a través de la civilización cretense, donde era utilizada para recoger la sangre de los toros sacrificados. Aunque para ello se utilizaban vasos realizados en plata, oro y cobre más valiosos y trabajados que los que aparecerían después.

La iconografía de la cabeza mirando al frente y barbada es una constante en las sítulas, sobre todo romanas, y tenemos piezas ya desde el siglo V a.n.e.

Si quieres saber más sobre las sítulas metálicas encontradas y expuestas cronológicamente puedes leer la tesis: Apliques de asa de situlae con decoración antropomorfa procedentes de la villa romana de El Saucedo (Talaviera la Nueva, Toledo) De Raquel Castelo Ruano y Pablo Gómez Ramos. Universidad Autónoma de Madrid. En ella sabiamente aprenderás más de lo yo pueda decirte.

La sítua formó parte de la vajilla propia de la vida romana junto a otros recipientes como elementos indispensables para cubrir las necesidades cotidianas. Estos objetos tienen sus raíces en la Prehistoria, pero el uso del bronce fue desplazando, poco a poco a la cerámica y al vidrio por su fragilidad, aunque se siguió fabricando en barro. Y lo decimos porque estamos hablando de que la pieza encontrada es de cerámica.

En cuanto al uso:

Estas eran empleadas para beber y fueron llamadas sitientibus, las encontramos como útiles de aseo en damas y niños a la hora del baño. También como hemos dicho formaba parte de la vajilla doméstica. El uso de las sítulas para sacar agua de los pozos era usual, ya que se han encontramos muchas de estas piezas en el fondo de estos.

Las sítulas formaban parte del equipamiento de los soldados y de las ceremonias religiosas ya que contenían el agua lustral empleada para purificarse, de la misma manera se utilizaba en privado con ese mismo sentido y como principio divino para la maternidad.

En los barcos se utilizaban para achicar agua.

También era de uso común en cacerías y ceremonias de enterramientos. Estas piezas simbolizaban la abundancia o la escasez, la destrucción o la resurrección por eso se llevaban como ofrendas o exvotos a los templos.

Las cabezas barbadas de sus asas, sobre todo metálicas, representaban a los dioses, no siempre al mismo.

Los romanos, como en general las civilizaciones pasadas, eran muy religiosos, a su manera, pero en sus objetos le gustaba representar alguna divinidad protectora.

El rostro de estas piezas se ha identificado con el dios Océano Poseidón, también con un Sátiro o cabezas de silenos o la representación del Hércules o el dios Baco cuando estos vasos se utilizaban para vino.

Es indudable que esta figura que sostenía el recipiente debía no solo garantizar la abundancia de agua, leche, vino u otro líquido, sino que debía también proteger a estos elementos, ya que las intoxicaciones eran habituales.

Conclusión

El estudio de sítulas cerámicas es muy ocasional ya que no suele aparecer estos vasos en los yacimientos. Los ejemplares publicados son pocos, y no se han estudiado de una manera especial. Además, no se encuentran referencias en los trabajos para conocer las fuentes.

Respecto a los museos madrileños, no he localizado expuesta ninguna pieza de estas características ni el Museo de los Orígenes de Madrid ni en el arqueológico de Alcalá de Henares, eso no quiere decir que no las haya en sus repletos almacenes. 


Con posterioridad nos llega un trabajo de Esperanza Martín Hernández titulado: Los vasos “de caras” en cerámica de paredes finas, bagaje cultural del ejercito romano…   

Un trabajo que aporta otra visión de este tipo de vasos romanos y que abre un debate sobre a qué tipo pertenece el hallazgo.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s