Las CASAS de los EMPLEADOS

Las CASAS de los EMPLEADOS

Por Rafael Pulido Fernández

El advenimiento de los reyes franceses proporcionó a los intereses de la Casa de Campo nuevos servicios. Los dependientes se multiplicaron y se promovieron nuevos oficios.

Todo auspiciado por la ampliación de la finca que llegó a multiplicar su tamaño en más de doce veces durante el periodo de 1725 y 1754, convirtiendo la finca en un pequeño pueblo cuyos habitantes podían nacer, vivir y morir sin salir de su cerca.

Casas en la Barriada a pocos metros del Palacete 1932

Se construyeron casas en los lugares más estratégicos con vista amplias, para que los guardas vigilaran sus cuarteles. Se conservaron los antiguos edificios construidos en los inicios de la Casa de Campo felipista que al ser de más rango ocuparon conserjes, jardineros o personal de servicio.

La Casa Quemada ejemplo de buena situación en una cima 1932

Había alojados de temporada; como los podadores, segadores, especieros, rabadanes y quinteros. Algunos tenían su «propia» casa como los “podadores aragoneses”.

Casa para los criadores de caballos 1932

Son pocos los relatos o información que tenemos sobre estas casas y sus habitantes, en su mayoría guardas y porteros con sus familias. Sin embargo, yo tuve la ocasión de conocer a María Luisa Llorente, que antes de morir me narró sus recuerdos infantiles y lo que sus padres le contaron. De la misma época los de Andrea López González cuando su padre, cantero en la Casa de Campo desde 1902, la dejaba a veces al cuidado en la casa del portero de la Puerta del Ángel.

Casa de la Puerta del Ángel 1932

Las casas y la vida de sus residentes no habían cambiado en absoluto desde los primeros alojados, allá por 1735. Las construcciones algo mejoradas no dejaban de ser miserables, aunque en su restauración hubieran intervenido los mejores arquitectos.

Húmedas. Sin luz, ni agua corriente, cosa habitual en esa época, pero tampoco tenían retretes ni lavabos, excepto los que había en algunas casas para utilidad de los cazadores y el Rey mismo, como la Casa de Rodajos, Casa de Vacas y otras.

Casa de Empleados situada entre la Torrecilla y la Iglesia 1932

Cuando yo conocí las ruinas de la Casa del Renegado, se percibía bien las habitaciones, incluso una pequeña cocina, pero no tenía servicio dentro de la vivienda.

La Casa del Renegado 1932

En las casas el ajuar era siempre el mismo, aunque en algunas se notaba más categoría que en otras. Todos bienes heredados; colchones de lana y borra, catres o somieres de madera, mantas de imitación palentina, sábanas de hilo remendadas y algún trapo que hacía de toalla. Una palancana, un orinal, un botijo, un lebrillo desconchado y lleno de costuras. Cubos, pucheros, odres, así como vajillas de platos diferentes y cucharas de madera, vasos de barro y jarra de cristal. Sartenes, cazos, una lechera, una aceitera, un almirez de madera y una artesa donde se lavaba.

Todo estaba allí desde que se recordaba.

La cocina tenía un fogón de leña que servía de calefacción en invierno. Como alumbrado un quinqué de carburo y dos candiles de aceite, varias sillas o taburetes, una mesa. Un brasero de picón y su badila, el soplillo, la escoba de retamas.

Ningún adorno, nada de más y mucho de menos.  

Para saber el nivel de los que vivían en estas casas utilizaré el sueldo que cada empleado recibía:

Un médico cirujano cobraba 5.000 reales: el cura 6.000 reales; el sacristán y el maestro de escuela 3.300 reales; un sobreguarda 6.000 reales; un guarda a caballo 4.015 reales; los porteros 3.285 reales; un jardinero herborista 4.380 reales; un cabrero 3.285 reales y un ayudante de cabrero 2.920 reales.

En 1788 cuando ya la Casa de Campo era lo que «es».

Se hizo un censo de sus ocupantes.

Te presento a cada familia que habitaba las casas más importantes, después puedes ir a visitar cada una de ellas:

CASA DE RODAJOS

Rodajos en 1862

En esa época era un pabellón con 5 casas habitadas parecido al que un siglo después sería el Cuartel de Rodajos.

La primera vivienda la ocupaba Don Joaquín Miriambres, sacristán de la Iglesia de Rodajos de 32 años, casado con Fermina López de 33 años.

Otra vivienda la ocupaba Don Pedro Sanz sobreguarda de 47 años casado con Doña Josefa Jiménez de 28 años.

También ocupaba vivienda Félix Sanz de 23 años guarda casado con María Hidalgo de 19 años.

Otra vivienda la ocupaba Julián Sanz, mayoral de cabras de 21 años casado con Dionisia Hernández de 24 años y los hijos de Dionisia; Manuel Ruiz de 5 años y Julián Ruiz de 3 años.

Estaba también la casa de Alfonso Jiménez, ayuda de cabras de 26 años casado con Josefa Domínguez de 28 años y sus dos hijas María del Carmen de 2 años y María Josefa Casta de 3 meses.

Al igual que el mayoral de cabras se albergaban allí porque dentro del complejo estaban las cabrerizas.

Se ve que el personal era joven, pero hay que decir que ya era la segunda generación desde que el Príncipe Fernando la comprara en 1738.

Pegada a este complejo estuvo la Casa del Rey que era ocupada por el monarca en sus días de caza, en ella había alojamiento y servicios con retrete.

En el complejo y posiblemente durmiendo en pajares o el lugar del ganado u otras estancias habilitadas estaban:

Gabriel Tomejón, mozo de cabras de 31 años, Juan Delgado mozo de cabras de 20 años, Gregorio Alfonso cabrero de 20 años, Antonio Prado, herrero de 30 años, Manuela Delgada, criada de 13 años, Juliana Martín, también criada de 15 años y Tomasa Rodríguez de 22 años.

Así como los niños: María Eusebia de 8 años, María de la Encarnación de 4 años, Pedro de 3 años. y Juan de 6 meses.


CASA DEL BATÁN

Restos de la Casa del Batán 1950

Era esta una casa alargada con cavidad para dos familias que vivían independientemente como puedes ver si quieres visitarla.

En 1788 la habitan dos familias:

Pedro Ortiz, peón quintero de 34 años casado con Isabel Guelamo de 26 años y sus hijos; Félix de 9 años y Pedro de 6 años.

En el otro extremo vivía Juan Durán, peón de 32 años, casado con María Serrano de 22 años.


CASA DEL PORTILLO o CASA QUEMADA.

Cimientos de la Casa Quemada 1950

Esta casa era exclusiva para el guarda del Cuartel del Portillo y en ella sólo vivía una familia en 1788 y siempre fue así:

Pedro Ibáñez, guarda de 32 años casado con María Ignacia Granado de 21 años.

Ellos habitaban la casa cuando se quemó y fueron trasladados a la casa de la Faisanera Vieja que luego fue Casa de Vacas.

La casa se reedificó por completo.

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