

PUENTE DE LA CULEBRA
Situado cercano al comienzo de la Tapia Oeste por donde entra al parque el Arroyo de los Meaques a través de la Reja de la Guadaña.
Históricamente el puente se situaba en la llamada Senda de Oro, zona de batanes y molinos que dinamizaban la economía local. En 1702 se instaló, arroyo más abajo, la Real Fábrica de Antes y Gamuzas, destinada a abastecer al ejército de Felipe V.
El Puente de la Culebra es una de las obras más singulares y reconocibles de la Casa de Campo. Su nombre procede de la forma ondulante de sus antepechos, que recuerdan al movimiento de una culebra.
La primera cita que tenemos del puente es del 22 de marzo de 1766 se dice: “… allarde de este Real Sitio. Se está construyendo una tapia que da principio desde el segundo ángulo que forman las tapias antiguas Cerca de las Ventas de Alcorcón y justamente más arriba del Puente de los Meaques”. Archivo General de Palacio. Aquí se sitúa perfectamente el puente, aunque como vemos se le nombra como de los Meaques. Esto era lógico, los puentes, salvo excepciones, no tenía nombre y por eso se les nombraba por el arroyo que cruzaban.
Su reconstrucción se realizó a partir de la riada del día 15 de septiembre del año 1723 que destruyó el antiguo puente por el que pasaba el ganado. En esas fechas este puente no pertenecía aún a la Casa de Campo.
La utilidad al servicio de la belleza.
El arquitecto madrileño Pedro de Ribera lo realizó por encargo de Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre, Marqués de Vadillo, encargado de mantener y reparar los puentes de las cañadas.
El Puente tiene un «indudable» valor artístico, al ser el único puente barroco que se conserva en la Casa de Campo y uno de los más originales de Madrid.
Pero además, tiene un gran valor estratégico, ya que, según las crónicas y mapas, el puente era el punto donde coincidían las vías pecuarias que atravesaban Madrid; la cañada conquense, la segoviana y las vías menores que iban a Alcorcón y los Carabancheles.
El puente era paso obligado de miles de cabezas de ganado ovino, en él se contaban las reses y se pagaba el consiguiente impuesto.

El Puente de la Culebra era un «puente de conteo».
Desde él se accedía a los ejidos de Carabanchel, Aluche y Meaques que eran prados de “bocado” y a los prados protegidos de «guadaña», como se conocían los más próximos al Arroyo de los Meaques, de ahí que el arroyo recibiera también el nombre de Arroyo de la Guadaña.

Si quieres saber lo que era el conteo: PULSA AQUÍ
El Puente de la Culebra desempeñó durante siglos una función «fundamental»: mantener las relaciones socio-económicas entre los pueblos cercanos y la trashumancia que tanto beneficio procuraba a la zona.
Además su situación nos dice mucho del lugar, denominado Senda de Oro, por la actividad económica de sus batanes y molinos.

Desde 1702 se estableció en esta zona la Real Fábrica de Ante y Gamuzas destinada al ejército de Felipe V.
La historia del Puente de la Culebra se vincula a la Casa de Campo cuando el Príncipe de Asturias Fernando compra estos terrenos para la ampliación de la Casa de Campo que su hermano Luis I le había regalado en 1724.
Tras su integración en la Casa de Campo, el puente fue perdiendo la función que había tenido desde la Edad Media, pues el ganado dejó de cruzar por allí. Esto llevó a que se añadieran nuevos elementos y se modificaran otros para adaptarlos a sus nuevos usos.

El Puente también se usó como acueducto para cruzar por él una desviación de la Cacera de Meaques para llevar agua al Prantío de la Longuera y terminar en el cercano Puente del Batán.

Es un ejemplo excepcional de puente con tablero de piedra berroqueña, construido con una técnica exquisita al alcance de pocos arquitectos de la época. El pavimento, hecho con losetas de granito, es un material resistente ideal para su uso, ya que lo habitual era que los puentes tuvieran calzadas de tierra o guijarros, muy comunes en la zona.
Su nivel no debe de haberse alterado al seguir las 4 gárgolas que desaguan aguas abajo a su nivel primitivo.
El tablero del Puente mide 31 metro.

No es fácil poner sus medidas sin precisar donde se tomaron de ahí que las traslademos a la propia fotografía. Por su situación se evitaron las rampas y pendientes, solamente una leve inclinación aguas abajo para el desagüe del tablero.
Consta de cinco arcos de ladrillo de sillería lateral, del mismo material son los estribos, los tajamares y las manguardias.
Como se aprecia, se tuvo en cuenta que los desperfectos del paso del ganado se producían tanto en el suelo como en su parte superior, de ahí que se construyera en granito, frente a sus arcos y tajamares que son de ladrillo.

Llama la atención sus antepechos de casi un metro de altura, capaz de facilitar el paso del ganado ovino, cuya media de altura es de 0,80 m, para que el ganado no se distraiga.
Su pretil es lo más destacado del puente, ya que el trabajo de cantería hace que cada una de sus 94 piedras sean diferentes.
UN PUENTE ABANDONADO




En la última restauración (1983), se tuvieron que tallar al menos siete de estas piedras, a excepción de las 10 que sostienen los adornos, adornos añadidos sin un sentido histórico ya que no se conoce plano alguno de la obra. Con un pasamanos redondeado y un rodapié trabajado en la piedra, tanto en la parte interior como en exterior que es el que realza sus formas.

DESPUÉS DE VER EL PUENTE DE LA CULEBRA PODEMOS ACERCARNOS A LA REJA DE LA GUADAÑA Y A LA FUENTE DEL ZARZÓN

La Reja de la Guadaña, otra obra de un arquitecto español que refleja la forma original de dejar pasar las aguas de un arroyo a través de una tapia y que no se escape la caza.
La Fuente del Zarzón nos retrotrae a la época en que Madrid se nutría de manantiales.
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