

GALERÍA DE LAS BURLAS
Diversiones renacentistas en la Casa de Campo de Madrid
CINCO SIGLOS del esplendor a la ruina
Queremos que pongas tu imaginación en marcha
Vas a descubrir uno de los rincones más antiguos y sorprendentes de la Casa de Campo. Se trata de un espacio renacentista del siglo XVI que ha perdurado a lo largo del tiempo sin una explicación evidente, conservando sus bóvedas, arcos y muros en los que todavía se aprecia, de forma sutil, la decoración original.
Si estás en el sitio: Usa tu móvil, tableta, ordenador o cualquier otro dispositivo y superpone la imagen que ves con la original.


Si buscas un sitio que te emocione sin necesidad de un largo viaje, ven aquí:
La Galería de las Burlas te aguarda con esa belleza sutil que solo poseen los lugares que han sabido sobrevivir, de forma discreta, a los avatares del tiempo.
¿Quieres ver un espacio lúdico, que aún derrocha belleza?
Construido con arcos, bóvedas y columnas que se abren al Jardín Reservado.


Su decoración original incluía estuco, mosaicos, hornacinas con figuras mitológicas y complejos juegos de agua.
Servía como un lugar de paso y relajación, inspirado en la moda italiana de los jardines cortesanos del Renacimiento.


¿Por qué “de las Burlas”?
En el siglo XVI, los jardines cortesanos solían incorporar ingeniosas “burlas” hidráulicas, consistentes en chorros de agua ocultos que se activaban de forma repentina con el propósito de sorprender y empapar a los visitantes.

Las Galerías de las Burlas de la Casa de Campo de Madrid constaban de dos salas:
Sala de las Burlas, la única que se conserva hoy.
Sala del Mosaico, demolida en 1876.
En esencia, las dos salas tenía la misma finalidad:
Despertar el regocijo en aquellos que acudían a visitarlas.

Aunque hoy su aspecto es austero, conserva los elementos esenciales para comprender este tipo de diversión real.


¿Cómo funcionaban las burlas de agua?
Las burlas se basaban en chorros, estratégicamente incorporados en los elementos ornamentales de la galería.
Boquillas escondidas entre mosaicos, estucos y hornacinas.

Pequeños surtidores camuflados en el suelo o en las juntas de las losas.
Conductos invisibles que llevaban el agua desde unos depósitos ocultos.



Cuando un visitante pasaba por ciertos puntos, los chorros se activaban de forma inesperada y lo empapaban, provocando risa, sorpresa y diversión cortesana. Los cronistas del XVI y XVII describen estos efectos como maravillas capaces de “arrebatar los sentidos”.
El espíritu de la broma
En los jardines renacentistas de Felipe II, estas burlas no eran simples travesuras:
Representaban ingenio técnico, demostraban el dominio del agua como elemento artístico,
y reforzaban la idea de un jardín “vivo”, capaz de interactuar con quien lo recorría.
Cómo se vivía la experiencia
Imagina entrar en la galería exquisitamente decorada, con sus arcos y bóvedas abiertas al jardín y de pronto cuando pasa lo más refinado de la corte:
Un chorro fino sale del suelo.
Otro surge desde una hornacina con figuras mitológicas.
Un surtidor lateral te mojaba discretamente la ropa.
O un mecanismo más potente empapaba a todo el grupo.

Era un juego social, una mezcla de sorpresa, humor y sofisticación técnica.

Pronto se podrá visitar esta privilegiada construcción, pero ahora puedes hacerte una idea exacta de lo que fue en su momento.
Es una experiencia única gracias al trabajo que nos hemos impuesto desde lo que llamaría la Inteligencia Adquirida a través del conocimiento de documentos, planos, pinturas y proyectos.


Aquí no solo se contempla arquitectura, sino que se accede a un espacio donde la corte de Felipe II disfrutaba de ingeniosos juegos de agua, con discretos chorros ocultos que surgían de improviso para sorprender a los visitantes. Se trata de una combinación singular de historia, ingenio lúdico y técnica hidráulica, irrepetible en cualquier otro lugar de España.

Asimismo, se trata de un espacio sereno, fresco y cargado de atmósfera. No es una sala cualquiera: constituye un fragmento vivo del histórico Real Sitio, un enclave que conecta de manera directa con la forma en que se experimentaba y apreciaba un jardín hace medio siglo.
Y ahora….
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Ojalá reconstruyan la parte desaparecida…