
AVISO: En esta página no solemos recomendar recorridos guiados que puedan llegar a masificar y, por ende, diluir la experiencia insustituible de sentirse único.
PODEMOS VENIR DESDE EL METRO CIUDAD JARDÍN – El recorrido se encuentra dentro de estos 785.000 metros cuadrados señalados en rojo.
Un espacio al SUR-OESTE de la Casa de Campo.
La Casa de Campo de Madrid alberga elementos naturales y arquitectónicos únicos, formando un conjunto patrimonial y cultural lleno de rarezas sorprendentes, como construcciones y actividades que muchos desconocen o que pasan inadvertidas para la mayoría de sus visitantes.
Por eso comenzaremos nuestro recorrido entrando a la Casa de Campo por un acceso poco habitual: la pequeña abertura que se encuentra a la izquierda de la Reja de la Guadaña.
Por fortuna, nos encontramos con un grupo de jóvenes absortos en las explicaciones que escuchaban de un experto, un verdadero conocedor de este lugar que se las narraba con detalle.
UNÁMONOS AL GRUPO
La Reja es una estructura incrustada en la tapia, similar a un puente, cuya función es permitir el paso del agua de los arroyos y, al mismo tiempo, evitar que la caza salga de la finca.
Por lo tanto la Reja es todo el conjunto, aunque la forma ingeniosa está en su parte metálica o «reja» que es la que evitar que la caza entre o salga del lugar, permitiendo al mismo tiempo que el arroyo siga su curso.
Estamos frente a la reja más importante de las cinco que aún se mantienen en la Casa de Campo:
LA REJA DE LA GUADAÑA
El nombre sugiere que este terreno, por donde pasa el Arroyo de los Meaques, era un Prado de Guadaña, lo que significaba que aquí se podía alimentar al ganado, siempre que los pastores cortaran con una guadaña el pasto del prado asignado. Esta actividad resultaba muy lucrativa, por lo que volveremos a tratar el tema más adelante.
Nos dice el experto, y a él le dejo ya la palabra,.
No está claro quién inventó esta forma de construir una reja, pero tenemos el privilegio de contar con el relato del arquitecto Ventura Rodríguez, quien diseñó todas las rejas de la Casa de Campo.
Pero lo más importante es poder verla y entender cómo funcionaba. Es un privilegio, ya que no hay referencias de ninguna otra reja en ningún otro lugar de Madrid, y en la Casa de Campo tenemos cinco.
Considerando que una imagen puede transmitir la información de forma más clara y eficaz que los informes arquitectónicos, estimo conveniente que seáis vosotros mismos quienes observen directamente el comportamiento de la reja durante una crecida del arroyo.
Esto, sin embargo, es la teoría; en la práctica, la fuerza del agua y los troncos que arrastraba durante sus crecidas impedían, en muchas ocasiones, que la reja se levantara, provocando un atasco.
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Sin separarnos de la tapia, nos dirigimos hacia la izquierda, al norte, en busca de otra construcción que ya es imposible ver en Madrid y mucho menos atravesar.
LA PORTILLERA DEL BATÁN

Una vez llegado al lugar, a poco más de doscientos metros de distancia, contemplamos esta imponente obra arquitectónica. Tal como mencioné anteriormente, por más que se indague, no se encontrará otra edificación con esta denominación, ni será posible atravesar una portillera en Madrid que no sea esta en concreto.
Alguien me pregunta:
¿Qué es una portillera?
Oigamos al experto:
En la Casa de Campo existen toda la variedad de estos elementos: Puertas, Portillos, Portillera y un Postigo.
Los cuatro son elementos arquitectónicos de cerramiento que cumplen la función de permitir o restringir el paso, pero se distinguen de manera significativa entre sí por su tamaño, ubicación y función específica.
De mayor a menor según su nivel de importancia:
Puerta
Es la entrada principal y el elemento móvil que permite acceder a un recinto. Generalmente tiene dimensiones suficientes para que las personas pasen con comodidad; en la Casa de Campo, las puertas contaban con un portero y su caseta o vivienda para controlar el acceso.
Portillo
Es una puerta pequeña y secundaria que permite el paso de personas y, rara vez, de carruajes o coches. En la Casa de Campo, los portillos no tenían guarda y solían estar cerrados. En Madrid hubo 14 portillos para entrar a la ciudad, pero en 1868 ya habían desaparecido todos.
Portillera
Es un término de uso predominantemente rural, pues alude a una puerta de diseño rústico y dimensiones reducidas que servía como acceso a un terreno destinado a actividades agrícolas o ganaderas. La salida de la portillera se orientaba siempre hacia el campo. En la Casa de Campo sólo existió esta portillera del Batán.
Postigo
Se trataba de una puerta secundaria de dimensiones reducidas, integrada en uno de los paneles de la puerta principal, diseñada para permitir el paso de una persona sin necesidad de abrir la estructura principal en su totalidad. En la Casa de Campo sólo tenemos información de el Postigo de los Pinos, quizá en su origen lo fuera, la versión actual es la de un portillo.
Hay que hacer un apunte a la Portillera del Batán surgida de la rehabilitación de 2006 a la que se le añade una entrada para vehículos en uno de sus lados que nunca existió.
La anterior Portillera fue derribada al durante la Guerra Civil 1936 por las tropas rebeldes que venían a tomar Madrid.

Solo hace falta .girar la mirada hacia la derecha donde unas retamas hacen de antesala de una elevación del terreno, una loma que nos lleva a un cerro muy especial
EL CERRO DE LOS ALCONEROS


Os pondré al tanto de la importancia de este Cerro.
Es bien sabido que los terrenos de la Casa de Campo siempre pertenecieron a Carabanchel y que en ellos se daban las condiciones ideales para el arte de la cetrería, con cerros suaves para la suelta y una excelente visibilidad.

Por eso
El 11 de abril de 1478 se concede por parte de Fernando el Católico a los Carabancheles de Madrid albergar:
«El Centro de Halconeros Reales y depositarios del antiguo arte de la cetrería»
Los vecinos de estas villas estaban obligados a dar aposento y viandas a los halconeros, sus mancebos y otros oficiales que sirvieran al rey.
Esta obligación se gratificaba con dispensas en impuestos. Ello trajo prosperidad a los carabancheles y aledaños.
Los halconeros provenían de familias nobles y, para entrar al servicio del Rey, debían demostrar en la práctica su habilidad en el arte de la cetrería.
Pertenecer al Gremio de Halconeros era una distinción que los reyes concedían para ennoblecer a determinadas familias a las que se debían favores.
Esta distinción aún se mantiene viva en Carabanchel, pero la Casa de Campo ya no es un lugar idóneo para esta práctica..
Este cerro se superpone con el Cerro del Espinillo, un lugar por donde transitaron todas las civilizaciones, desde los primeros asentamientos de la Edad de Piedra hasta los celtas, romanos, visigodos y árabes.
Bajando unos pocos metros desde el cerro, entre zarzas y fresnos, nos encontramos con una fuente.
LA FUENTE DEL ZARZÓN

En la Casa de Campo no hay ninguna fuente antigua que sea igual a otra.
¿Qué tiene esta fuente que no tengan las demás?
La respuesta es contundente:
Es la única de la que tenemos certeza arqueológica de que sus aguas fueron bebidas por todas las civilizaciones que alguna vez habitaron esta zona de Madrid.
Lo más relevante es que la fuente es de manantial y cuenta con un caudal constante de agua. Este privilegio únicamente lo comparte otra fuente de la Casa de Campo, aunque esta última carece del privilegio antes mencionado.
Además ahora lo veremos tiene el privilegio de desaguar su caudal en las primeras caceras que tuvo la zona, y aún mantiene ese contacto con
LA CACERA SUR

La cacera es un canalillo para llevar agua allí donde se necesite y aunque normalmente va entre una obra de ladrillo al exterior, en otros lugares está tapada como una especie de mina, sobre todo en lugares susceptibles de que se llenen de tierra. En origen de los 14.123 metros de la Cacera Sur, solo 1.848 metros estaban cubiertos.
También llamamos a la Cacera Sur; Cacera Mayor, Principal o de los Meaques.

Aquí vemos como se ha tapado para pasar con vehículos por encima.
Este complejo hidráulico de 40 kilómetros de caceras, es ÚNICO en España.
Una obra de ingeniería, que aunque parece abandonada, es un legado de cómo se gestionaba el agua.
Antecedentes
En el siglo XIX, el agua se convirtió en un problema para la Casa de Campo debido al incremento de huertas, viveros y explotaciones agrícolas y ganaderas.
Parte de su trazado ya estaba presente cuando Fernando VI amplió la Casa de Campo, probablemente como un canal de tierra.
Sobre esa estructura se construyó la Cacera Sur.
El trazado actual fue ejecutado durante el reinado de Isabel II, bajo la dirección del intendente Martín de los Heros, iniciando las obras el 11 de marzo de 1843.
El proyecto tenía 14.123 metros y costó 285.839 reales y 25 maravedíes. Incluía varios canales para distribuir agua a distintas zonas.
Las obras finalizaron el 23 de junio de 1845.
La cacera en su inicio, junto a la Reja de la Guadaña, se nutría de una mina de agua situada 100 metros fuera de la tapia, con un caudal de 18 litros/segundo en 1905.
Recibía aportes de otras minas y atravesaba varios acueductos: Vallipuente, la Madejera y el de la Zorra.
En los años 1960–68 aún se utilizaba para regar zonas repobladas y paseos como el de los Plátanos o los Castaños.
Hoy la Cacera Sur no puede utilizarse debido a su deficiente conservación y zonas destruidas.
Recuperarla sería una buena obra, pues es un sistema hidráulico que aún podría tener utilidad.
Y si estamos buscando lo incomparable, quizá sea este ejemplo el mejor representante
EL PUENTE DE LA CULEBRA

Existe un elemento arquitectónico que, además de irradiar belleza, invita a rememorar una actividad significativa que ha caído en el olvido y que podría ser reconocida como patrimonio inmaterial de la humanidad.
Os hablo del Puente de la Culebra, cuya misión no era solo facilitar el cruce del Arroyo de los Meaques, sino también contar las reses que lo atravesaban.
El Puente de la Culebra era un puente de conteo
¿Qué era un puente de conteo?
Era un puente situado en las vías pecuarias (cañadas, cordeles y veredas) para cruzar arroyos y ríos, con una forma arquitectónica específica: ser estrecho, para que el ganado trashumante pasara en fila y así poder contarlo con facilidad.
EL CONTEO
Este comenzaba en un extremo del puente, en este caso el camino que venía de Madrid, en su entrada, donde unas paredes de ladrillo llamadas aletas formaban un primer embudo para que las reses no se dispersaran o cayeran al agua.

Una vez reunidas por el rabadán, este las hacía pasar en pequeños grupos por el puente de conteo, de forma que los dos zagales, generalmente niños, situados en las primeras curvas del puente, uno frente al otro, pudieran estrechar más el paso y hacer que las ovejas avanzaran de una en una, a un ritmo que permitiera contarlas.

Después venía la tarea más importante: contar las ovejas, pues todas debían pagar el portazgo. Para ello estaban los dos últimos zagales, empleados de los dueños del pasto, que con piedrecillas hacían sus cuentas para saber cuántas ovejas cruzaban. Es lógico que el mayoral o el rabadán que guiaba el rebaño ya supiera cuántas ovejas pasarían, pero los dueños del prado no se fiaban y preferían confirmarlo con sus propios contadores.

De un talego, los zagales sacaban piedrecitas que iban echando en una lata, y sin dejar de vigilar al ganado, escuchaban el sonido que las piedras producían al golpear la chapa metálica.
Al terminar el conteo, las piedras de ambos zagales debían coincidir, y si no era así, se tomaba el número menor, a no ser que el rabadán encargado del rebaño interviniera con la cantidad que solo él conocía. Si no había acuerdo, el asunto se resolvía en otro nivel.
Resulta imposible referirse al Puente de la Culebra únicamente por su condición de puente de conteo, ya que se puede afirmar, sin lugar a dudas, que es el más hermoso de su tipo entre los que aún se conservan en España.
Las sinuosas formas que inspiran su nombre fueron concebidas por el arquitecto madrileño Pedro de Ribera en 1723, por encargo del Marqués de Vadillo, responsable en aquel entonces de la conservación de los puentes de la Mesta.
Después de ver el Puente de la Culebra, los caminantes creen que nada ya podrá sorprenderles.
Pero están equivocados, a unos metros de puente y en dirección a la Ermita de San Pedro vamos a visitar una arruinada construción que nos va a devolver el interés por lo sencillo
EL HORNO


Hoy en día, los alumnos pueden caminar sobre sus ruinas sin temor a quemarse, aunque hubo una época en la que este horno alcanzaba temperaturas superiores a los 1000 º C, gracias a la retama de la zona, plantada originalmente con este propósito. Se sabe que los retamares que aún se conservan en Alcorcón fueron cultivados como combustible para alimentar y calentar los hornos alfareros.
De esta manera, la retama llegó a esta zona, mucho antes de que se convirtiera en el Bosque Real. Antes de 1950 estaba el Retamar Grande, hoy repoblado de pinos, que abastecía la horniza de Vallipuente donde se hacía
Por ello, este lugar resultaba ideal para la construcción de un horno. Próximo a este se encontraba un paraje denominado la Hornera, situado en las márgenes del Arroyo de Vallipuente, al cual se accedía por el camino de la Horniza desde el Retamar Grande. En dicho emplazamiento se elaboraba carbón de retama que posteriormente era destinado a la venta.

Aún conserva el Horno su acceso, en la parte alta, para cargar carros u otros vehículos con ladrillos.
En la Casa de Campo hubo muchos hornos, pero tenemos la suerte de que este haya perdurado, a pesar de encontrarse en ruinas desde el siglo XIX.
Es el único que se conserva en la Casa de Campo.
Cuando quisimos saber quién era el experto, desapareció. Ojalá lo encontremos de nuevo en otra caminata.
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Un comentario en “En busca de lo único”