Viaje imposible por el Palacete de los Vargas

Durante décadas había soñado con visitar el interior del Palacete de los Vargas de siglos atrás, y la última excavación arqueológica en el lugar fue el impulso definitivo. Gracias al arranque de los muros, pude comprender claramente la distribución de las distintas salas originales del primer Palacete. Además, surgieron diversos materiales que nos brindaron información sobre ciertos usos y adornos.

Palacete de los Vargas en 1931

¿Cuál era la distribución interior del Palacete?

El Palacete de los Vargas no fue pensado como un palacio residencial, sino como un lugar de recreo y descanso diurno para los monarcas y sus acompañantes. Sin embargo, contaba con dormitorios y una zona de servicios con cocina, destinada a atender banquetes, meriendas y estancias temporales.

La Planta Noble:

  • Ubicada en la primera planta, albergaba los dormitorios principales de reyes y señores, brindando mayor intimidad, mejor ventilación y vistas privilegiadas hacia los jardines y el paisaje.

En la Planta Baja ala «este» estaba la Zonas de Servicio:

  • Con la cocina y un horno, bodegas, almacenes y las dependencias para el personal de servicio.
  • Había separación con el resto de las salas que permitía mantener los humos, olores y el trasiego diario alejados de las zonas nobles, además de minimizar el riesgo de incendios.

Áreas de Recepción y Protocolo:

  • Las grandes personalidades e invitados ilustres eran recibidos inicialmente en el pórtico exterior, para luego acceder a la zona noble.
  • La Sala Mattis del ala central era el lugar principal para fiestas y recepciones, y además conectaba con la Sala de las Columnas y el Jardín Reservado.

A diferencia de los palacios urbanos cerrados, el Palacete de los Vargas extendían su organización hacia el exterior mediante el Jardín Reservado, la Galería de las Burlas, la Gruta y las fuentes monumentales, todo concebido para impresionar a los visitantes.

Ala «este» del Palacete de los Vargas

Como comprenderéis, no es posible ser estrictos en lo que respecta a la decoración de las imágenes creadas, y supongo que a muchos, les parecerá excesivo el uso de azulejos en casi todas las salas. Sin embargo, os puedo asegurar que, dado el elevado número de azulejos distintos encontrados, bien podría haber dos diferentes para cada habitación del Palacete.

Observando estas imágenes

Todavía recuerdo cómo se llegó a cuestionar la existencia misma de azulejos en el Palacete de los Vargas, cuando en 1995 se halló un importante número de piezas. Esto dejó claro el desconocimiento sobre el lugar, ya que era imposible que alguien las hubiera trasladado allí desde otro sitio.

Azulejos mudéjares encontrados en el Palacete de los Vargas

Tras incontables horas dedicadas al estudio del Palacete de los Vargas, he logrado reconstruir las estancias principales de este caserón renacentista del siglo XVI. Para ello, me he apoyado, entre otros documentos, en la descripción que Antonio Ponz realizó algunos años antes de la intervención de Sabatini, así como en los inventarios elaborados en distintas épocas sobre el contenido del edificio. Y, fundamentalmente, en los cuadros, los planos del inmueble y los cimientos descubiertos que permanecían enterrados.

Con las imágenes generadas con los medios a mi alcance, algunas escenas han requerido más de un día para elaborarse, y con la ayuda de la IA actual, confío en que con el tiempo y los recursos económicos se obtendrán mejores resultados; entonces corregiré los errores que pueda haber cometido.

PLANTA BAJA

COMIENZA LA VISITA

Comenzaré entrando por la fachada norte del edificio, la entrada que, según Antonio Ponz, es la más destacada.

«La mejor fachada de la Casa es la que corresponde al Jardín, en la que se forma un pórtico de arcos con ocho columnas dóricas pareadas»

En la imagen he combinado el Palacete Renacentista con el resultado de las obras realizadas por Francisco Sabatini en 1776. El suelo que Sabatini dejó en estos corredores es de canto rodado, aunque en la escena que observamos el canto rodado está fuera, como formando una acera.

Canto rodado en los corredores que puso Sabatini
Aquí sí está acorde con la obra de Sabatini

Dice Antonio Ponz «En frente está sobre un gran pedestal de mármol, adornado de cartelas de bronce , la estatua ecuestre del mismo metal, que representa a Felipe III, obra que empezó el célebre Juan Bologna«.

Aquí he representado las columnas del siglo XVIII tal como las dejó Sabatini y están ahora. Las columnas sobrantes de la reforma se utilizaron para la Iglesia de la Torrecilla, cuya construcción empezó en 1786. El pedestal del caballo es el que actualmente sostiene la estatua en la Plaza Mayor de Madrid.

Para orientarme nuevamente, retorno a la imagen original.

Desde la Sala de Columnas se podía acceder a tres sitios: a la izquierda, a la zona de servicio; por el centro, a una sala intermedia de recepción que unía las tres alas del Palacete, denominada por el arquitecto Pau Soler como sala de Matteis; y a la derecha, a una antesala de la Sala de Reuniones.

Ahora vamos a ver que hay detrás de esa puerta al fondo del arco central de la Sala de Columnas.

Abro las puertas, entro y me giro 180º para admirar en todo su esplendor los cuadros de Matteis y Rubens, y al fondo el Jardín Reservado con la estatua de Felipe III. Esta sala era la Sala de Recepción y además unía la parte noble con la de los criados. Más tarde, se transformó en un acceso para carruajes desde la Plaza Grande. Aquí se detenían los coches de caballos y los reyes o invitados ingresaban directamente a la Sala de Reuniones.

Aquí la vemos desde otro ángulo durante las obras. Al fondo se aprecia la puerta principal del Palacete y, en el suelo, las losas de granito por donde pasaban los coches de caballos.
Antes de salir de la sala, doy un vistazo al Jardín Reservado para disfrutar de su belleza. Aquí vemos la Fuente del Águila de la que se va a poner una réplica en el Jardín.

Regreso a la Sala de Columnas y, al fondo, observo la entrada al ala de servicio, donde residían los criados, cocineros y el personal encargado del mantenimiento.

Ahora dejo atrás la Sala de Columnas, la misma que causó gran admiración entre los visitantes del siglo XVI.

Corredor Porticado del ala oeste

Me dirijo, atravesando el Jardín hacia el ala oeste en la planta baja, donde se encuentran las salas más destacadas. Al pasar por el pórtico, se accede a un salón especial, por una razón que descubriréis muy pronto.

Antes de ingresar a la sala, me ubico en el Corredor Porticado orientando mi vista hacia el Jardín. Al fondo, observo la Galería de las Burlas, a través de uno de los arcos.

Ya nos encontramos en la Sala de Reuniones. Era un espacio algo pequeño, pero acogedor, desde donde, mientras se conversaba, se podía contemplar el Jardín y la Galería de las Burlas.

Lo más destacado de esta sala es que su suelo original todavía se conserva en el Palacete, ya que Sabatini lo dejó cubierto de escombros. Será el único suelo original que podremos admirar durante nuestra visita al Palacete ya restaurado.

El suelo está, naturalmente mal conservado, pero aún mantiene su belleza

Suelo de barro con baldosas octogonales irregulares con azulejos mudéjares toledanos
de 14×14 y 9×9 cm

Si creéis que ya lo habéis visto todo, os equivocáis.

En esta visita, lógicamente me acompaña un criado que me invita a conocer el lugar donde reside con su familia en el ala de servicio.

Ala este, en la planta baja, se encuentra el área de servicio (vista desde la Puerta del Río)

En el pabellón de servicio, a la derecha de la puerta principal de la Plaza Grande, en 1965 el arquitecto Herrero de Palacios cuenta que aún se utiliza este ala y que allí reside el capataz, señor Basarrate.

Bajamos una escalera, pues esta ala está más baja por ser la zona de servicio y cocina.

Observo una cocina alargada y bien equipada. Al fondo se encuentra la puerta por donde descendimos. La cocina incluye un elemento descubierto en 2022: un horno. En este espacio también se halló la mayoría de los utensilios de cocina, con abundante cerámica de Talavera y pucheros de barro de Alcorcón.

Desde la cocina se accede al comedor del servicio, donde comen los empleados de la casa. Entramos por la puerta trasera, mientras que la otra lleva a la escalera que sube a la primera planta, utilizada por personas de cierta categoría, y por el servicio para atender a quienes lo necesiten en ese piso.

También me muestra su habitación, pequeña pero limpia, con vistas a la Puerta del Río. Tiene una jofaina y un váter, y allí duerme junto a su esposa, que trabaja como cocinera.

Al finalizar la visita a la planta baja

He convenido con el criado visitar la primera planta, que sin duda alguna presenta la mayor dificultad para obtener el permiso. Le entregué unos maravedíes con el fin de agilizar la próxima visita.

Sin embargo, todo llega unos meses después.

Entramos por la Puerta Principal de la Plaza Grande, y como vamos a entrar por la cocina giramos a la derecha.

Después de bajar la escalera, entramos en la cocina. Allí conozco a la esposa del criado que me acompaña, quien está limpiando la plata.

Pasamos por el comedor, donde un criado estaba comiendo, y llegamos a la escalera de servicio que sube al nivel de la planta baja; desde allí, otra escalera nos lleva a la primera planta.

La primera planta del ala de servicio ya forma parte de la zona noble del Palacete.

Me abre una puerta para mostrar la habitación de huéspedes, generalmente de alta categoría, aunque en ocasiones nosotros también la utilizamos cuando la necesidad lo exige.

Abre otra puerta y me sorprende encontrar en este ala una estancia tan lujosa.

El criado sonríe. Es para dar almuerzo a los príncipes o infantes y sus invitados, después de cazar en El Pardo traen la caza para cocinar.

Al cruzar una pequeña puerta, me encuentro con un corredor largo y hermoso que corre paralelo al Jardín del Caballo.

No sé hacia dónde mirar, si a los bustos de exquisito mármol o a las ventanas que ofrecen una vista impresionante del Jardín Reservado. Al fondo, se encuentra la entrada a la antesala de la habitación del rey.

La antesala está situada en la esquina del Palacete, y sus ventanas dan, las de la izquierda, a la Galería de las Burlas, y las de la derecha, al Jardín del Caballo. Fijaos en el artesonado, que ahora se va a reponer en el Palacete.

Finalmente, tras mucho esfuerzo, se abre una puerta de la antesala y aparece el dormitorio de Felipe II, con su despacho y algunos cuadros de Matteis. Es una habitación sobria pero hermosa. El rey duerme junto al balcón que da a la Galería de las Burlas.

El criado me recuerda que la visita de hoy ha terminado.

Me acompaña por otro pasillo hasta la salida. He visto muchas cosas, pero mi mente guarda recuerdos de muchas otras que no he visto.

Al cruzar el pasillo paralelo a la Plaza Grande, me maravillo ante la sorprendente colección privada del monarca, con obras de Rubens, Matteis y alguna de El Bosco. El criado me observa y pregunta: “¿Le gusta la pintura?”. Sonriendo, abre una puerta y, como si supiera lo que yo deseaba ver, me coloca frente a la obra más hermosa del Palacete.

El Jardín de las Delicias, la obra que a Felipe II le impactó en su juventud y nunca pudo desprenderse de su influjo, allí estaba en toda su majestuosidad.

Si quieres conocer más sobre esta obra y lo que Felipe II fue capaz de hacer por ella PULSA AQUÍ.

Aún con el corazón y el pensamiento acelerados.

Bajamos por una escalera señorial hasta la planta baja y, a la derecha, encontramos la puerta que conduce a la Plaza Grande.

Así concluye la visita, espero que hayas disfrutado tanto como yo.

¡Hasta la próxima!


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