Casa de los Aragoneses

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VER SITUACIÓN EN Google Maps UTM 437920.84 m E – 4475016.31 m N. Estaba dentro del Vivero próxima a la Puerta de Enmedio.

La Casa de los Aragoneses

  • Un edificio desaparecido que estaba situado dentro del antiguo Vivero, cerca de la Puerta de Enmedio.
  • Su nombre procede de que allí se alojaban los jornaleros aragoneses que venían cada año a realizar la poda en la Casa de Campo.

Los podadores aragoneses

  • Desde al menos mediados del siglo XIX, la poda anual se encargaba tradicionalmente a trabajadores procedentes de Aragón.
  • En el año 1875 se contrataron 50 jornaleros durante dos meses, aunque algunos años la campaña se prolongaba hasta tres o cuatro meses.
  • Cuando el alojamiento no era suficiente en la casa, los empleados de la Casa de Campo hospedaban a algunos podadores en sus propias casas a cambio de una retribución.

Cómo era su vida y trabajo

  • Los documentos del siglo XIX los describen como “hombres curtidos en la poda y hábiles en su oficio”.
  • Venían acompañados de sus esposas, que se encargaban de:
    • cocinar, lavar la ropa, limpiar la casa.
  • También traían niños, que por su poco peso podían subir a ramas inaccesibles para los adultos. Muchos eran hijos de empleados de la Casa de Campo y estaban acostumbrados a trepar a los árboles.

Memoria y testimonios

  • El texto recoge recuerdos de antiguos trabajadores, como Gamarra, uno de los llamados Renegados, que evocaba la presencia de estos niños trepadores.
  • Ya no existe la casa, ni hay huellas de sus ruinas, fue derribada en los años 60 del siglo XX

Se llamaba esta Casa de los Aragoneses porque en ella se hospedaban los jornaleros aragoneses que venían cada año a la poda.

Los aragoneses se encargaban cada año de la poda en la Casa de Campo, según los documentos del año 1875 eran 50 los jornaleros contratados durante dos meses.

En el contrato se hacía mención a su condición de aragoneses por ser una tradición que ellos se encargaran de la poda.


Algunos años la poda se prolongaba a tres o cuatro meses, y el personal también variaba. En esas ocasiones el personal se alojaba en las casas de los empleados que tenían sitio y recibían por ello una retribución.

Los Aragoneses con sus bártulos de poda en la Casa de Campo en 1918

«Eran hombres curtidos en la poda y hábiles en su oficio» así los describe un documento del siglo XIX.

Los podadores traían a sus esposas, ellas se encargaban de la comida y lavado de la ropa, así como de la limpieza de la Casa de los Aragoneses.

Los podadores se hacían acompañar de niños, que por su poco peso accedían a ramas inaccesibles para los adultos, eran normalmente hijos de los empleados de la Casa de Campo diestros en subirse a los árboles. Así lo recordaba Gamarra uno de los Renegados.


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